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Raúl Fernández, por Bea.

Es extraño que ahora salgan estas letras de mis manos, pero muchas veces algunas opiniones no tienen fecha de caducidad. Podría atribuirlo incluso como consecuencia de ciertas charlas con las fundadoras del blog o de mi manía de mirar las cosas a través del espejo de la nostalgia.

Siempre quise hacer un artículo que tratase acerca de la labor y la persona de Raúl pero el tiempo fue pasando y las palabras nunca salieron. Era fácil opinar de un personaje, de un capítulo, o de si me había gustado tal o cual escena pero curiosamente siempre que intentaba coger un “bolígrafo” para hablar sobre él o sobre su actuación en aquel entonces me frenaba más allá de algunas líneas en crónicas teatrales o de series.

Será porque siempre me ha causado respeto alabar o escribir acerca de un actor porque no es lo mismo contar algo de un personaje que no existe, que tú puedes imaginar y que se rebela a tu antojo o que aparece en televisión que de una persona que siente y reacciona ante lo que tiene delante.

Me resulta curioso que me parezca más complicado hablar de Raúl que cuando lo hice por primera vez con él no por mi osadía, si no por su predisposición. Partiendo del inicio, nunca fue mi intención verlo desde un plano idealista, ya que ni mi edad, ni las circunstancias, ni él se prestaban a algo así. Nunca me ha gustado la palabra fan y lo que ello conlleva aunque pudiese haber hecho alguna cosa que pudiese entrar dentro de esa calificación. Y esa objetividad ha hecho que sin querer hayan pasado ya muchos años admirando su trabajo.

Es a lo mejor esa distancia y probablemente mucho de mi aburrimiento el que me hizo aterrizar en La Guindalera. Madrid ha sido una ciudad con sentimientos encontrados para mí. Es lo que podía haber llegado a ser y no fui. Desde el año pasado estoy todavía más relacionada a ella si cabe por otros motivos. Pero fue en el dos mil nueve cuando volví después de mucho tiempo. No es la primera vez que lo cuento pero lo que no dije fue que me lo pensé bastante, si ir, con quien ir, cuándo y cómo. Probablemente si hubiese dejado que esa chispa de duda hubiese prendido en mí no habría ido a La Guindalera o al menos no hasta que vosotras la visitasteis.

Y es allí donde tomé conciencia de Raúl, de quien era y de su labor. Creo sin temor a equivocarme que en gran parte somos lo que enseñamos. Y que las primeras impresiones cuentan y mucho. En ese sentido la visita sin duda superó con creces mis expectativas porque me reveló a alguien atento, con un gran amor por su profesión, conversador, que te hace disfrutar con su actuación y estar a gusto en su presencia. Supongo que aquel hombre con el que me encontré en el dos mil nueve no será del todo el mismo de ahora, tampoco yo lo soy, de eso no tengo duda. Pero he de decir que en cada una de mis visitas siempre han aparecido esas cualidades, cosa que es de agradecer, además de su gran talento. Así que debo decir que entre el muchacho con el que me encontré hace cuatro años y el Raúl de ahora aún perduran muchas semejanzas.

Es en aquel lugar, La Guindalera, donde lo he llegado a admirar como profesional, entre las butacas, en las que he disfrutado de piezas maravillosas orquestadas a la perfección por profesionales y de su conversación sencilla y es en el teatro donde te das cuenta de su actuación en toda su esencia. De cómo Frank, Agustín y Alejandro son él porque los ha creado pero son únicos para cada función.

Desde aquí desearle al actor con el que nunca pensé encontrarme que siga disfrutando muchos años de su profesión. Seguro que muchos espectadores lo agradecerán también.

Desireé en "Amadeu".

Los mejores críticos teatrales siempre sois vosotros, los que asistís a ver las obras y luego nos contáis la experiencia. Si ya teníais ganas de ver "Amadeu", esperad a leer lo que nos cuenta Desireé, que voló hace unos días hasta Madrid para disfrutar de la función, del trabajo de Raúl y de un momento carpetero como sólo nosotras podemos vivir a estas edades. No os la perdáis. ;)

La semana pasada estuve unos días en Madrid, así que el sábado me planté en los Teatros del Canal para ver a Raúl en Amadeu.

Fue curioso ver en vivo y en directo lo que había visto en los videos del blog, como el momento caracola. xD La verdad es que el teatro es algo mágico y es normal que los actores disfruten tanto con él. Como ya sabéis, Raúl interpreta a Jordi, un periodista que tiene que escribir un artículo sobre Amadeu y la polémica que surge cuando un periódico catalán publica una noticia informando que los restos del compositor pueden acabar en una fosa común. Como Berta ya hizo un muy buen resumen de la obra, a mi sólo me queda dar mi humilde opinión.

Nunca había ido a la zarzuela aunque por lo que sé creo que Amadeu no es 100% una zarzuela. A mi me pareció muy dinámica, entretenida y divertida con una historia de fondo interesante y dura porque al fin y al cabo el pobre Amadeu era un incomprendido. Hay varios momentos de crítica muy bien disfrazados con ironía y humor, lo que hace la obra aún más interesante. Hay una frase dicha por el personaje de Jordi (no la digo por si alguien va a ver la obra) que arrancó el aplauso de casi toda la sala. Sin embargo, a mi lado había un matrimonio al que no le gustó nada la reacción del público porque comentaron, bien alto para que se oyera, que el aplauso no estaba bien. 0_0

La forma de contar la historia me parece muy original porque al fin y al cabo todo lo que ocurre es producto de la imaginación de Jordi lo que da lugar a escenas muy cómicas y bonitas entre los dos personajes principales. Me llamó mucho la atención que tanto la orquesta como el coro estuviera formado por gente tan joven y con tanto talento. La respuesta del público fue muy buena y los aplausos duraron varios minutos. Albert Boadella estaba en la sala viendo la obra así que cuando Raúl le invitó a subir al escenario la ovación fue impresionante.

Con respecto a Raúl… puff que puedo decir de este peazo de crack. Es increíble poder verle actuar y oír esa voz tan bonita que tiene y que tan loca nos vuelve jajaja. Es un actor increíble que con un simple gesto ya llena todo el escenario. Me encantó su personaje al que la cojera no le impedía ir de un lado a otro e incluso menear el cuerpo y bailar un poquito. ¡Un diez para Raúl! No me defraudó y sólo tengo buenas palabras para él y su interpretación. Estoy deseando verle en la serie nueva porque creo que la comedia se le da muy bien y nos va a dar muy buenos momentos.

No voy a negar que si fui a ver la obra es por él, pero si Amadeu va de gira por tu ciudad no dudes en ir a verla. Puede asustar que sea zarzuela, pero es mucho más que eso. ¡¡A ver Amadeu he dicho!!

Se me olvidó decir que fui a la obra con mi madre y mi hermana y a las dos les gustó muchísimo. Mi hermana ya conocía a Raúl de verle en El internado pero mi madre, que no lo conocía, se quedó encantada y ya quiere verle en BuenAgente. Además, me dijo de Raúl que es muy guapo y tiene muy buenos brazos ¡¡que buen ojo tiene esta mujer!! jeje

Y ahora viene mi momento “carpetero”:

Al salir del teatro estuve esperando a ver si veía a Raúl. Como tengo menos luces que Berta, no se me ocurrió entrar por la puerta por la que salen los actores y músicos, así que me quede fuera congelándome un poco ¡¡si hasta me colgaban estalactitas de las pestañas!! pero no importa, la espera valió la pena porque pude a Raúl (ay omá que rico con esa barbita).
Me dio vergüenza molestarle porque iba hablando por el móvil y además estaba acompañado (yo diría que eran mis suegros, quiero decir, sus padres). Tenía que saludarle sí o sí, así que no le quité el ojo de encima (el ojo de gran hermano a mi lado es un aficionado) y esperé hasta que terminó de hablar por el móvil y entonces, con voz de niña buena, le dije: Raúl y cuando se giró y me miró se me cayeron las bragas jajajaj siento ser tan literal jajajaja.
Cuando se giró lo saludé y lo primero que hice fue pedirle perdón por molestarle. Fue muuuuuy educado y amable. Le dije que era de Tenerife y me estuvo contando que hay un paisano mío en la obra. Luego, con toda la confianza del mundo voy y lo llamo “Raulito” 0_0 ¡¡Tierra trágame!! Le estaba contando que iba a estar tres días en Madrid y añadí con toda la naturalidad del mundo: “Y si vengo a Madrid yo tengo que ver a Raulito en zarzuela o donde sea”. Menos mal que le hizo gracia y se rió XD

Después de la foto, donde el sale para comérselo pero yo salgo para que me arreglen con photoshop, me firmó el programa para vosotras y el blog, así que espero que os guste el detallito. Le felicitamos por su trabajo y por la obra y nos dijo que se alegraba de que nos hubiera gustado. Nos dio las gracias y se despidió de nosotras con dos besos y mientras se alejaba yo me quedé levitando y flipando en colores. Se me olvidó desearle mucha suerte para su nueva serie, pero como ya os dije, me quedé levitando cuando se fue :D ¡¡Si es que este niño es un cachito de pan!! Qué buena gente es y qué guapo (babas babas jeje)

Ver a Raúl en el teatro ha sido una experiencia increíble que espero poder repetir.

Y aquí, el mencionado regalo. ¡Muchísimas gracias, Desi! :)

Crónica de un regalo y de una larga cena de Navidad, por Bea

Lo primero que te advierten cuando una mira el folleto de la larga cena de navidad es que se trata de una obra corta. Así es, la vida de una familia mostrada a la velocidad de la luz, esa rapidez que va adquiriendo cada vez más fuerza conforme uno crece. Y es que el paso del tiempo puede ser un tema que de mucho juego, así que nos acercamos al teatro con ganas de afrontar la experiencia. Tantas que llegamos con tal antelación que nos metimos en el bar de al lado hasta entrar, entre risas pensando si no nos chocaríamos sin querer con alguien de la función cada vez que se abría la puerta.


El hall estaba abarrotado de gente de edad variada, que parecían tener relación entre ellos como la gran familia en escena. Hacía un calor muy grande o serían los efectos de mi catarro, así que nadie se demoró demasiado en pasar. Una luz tenue empezó a hacer clarear la sala mientras se iba vislumbrado una mesa y sillas rodeadas de telarañas y atrás unas coronas navideñas, una en cada esquina. El tic tac de un reloj empezó a sonar como presentación. La nodriza, interpretada por Teresa Valentín, apareció de pronto encendiendo la vela que yacía en el medio de la mesa quitando las telarañas antes mencionadas para “adecentar” el escenario, de vez en cuando paraba y miraba al público y sonreía acentuadamente hacia nosotros y nuestra expectación y así dejó paso a los Boyardo.

Los primeros en aparecer en escena fueron el patriarca Roberto y su mujer y la abuela que son a los que les toca estrenar casa. Están felices y que mejor manera que celebrarlo en navidad. Ya notas que destacan el vestuario, la blanca palidez y sobre todo la entonación y gestualidad de los actores, entre los que también se encuentra Juan Pastor, el dueño de la sala. Después de ellos iremos viendo como la primera en desaparecer es la abuela, por el lado derecho del escenario testigo de las despedidas y la irrupción del tío Lucas con sus “oy”oy,oy” (algo así) que nos ofrece el primer brindis familiar con Roberto al son de “para tener el estómago fino hace falta beber un vaso de vino” y los niños Agustín primero y Genoveva después cada uno con su correspondiente carricoche llevado por la nodriza ante el orgullo familiar y las carantoñas por el lado izquierdo.

Después estos irrumpirán corriendo en las figuras de María y Raúl por separado, todos ellos descalzos, con su tono cantarín infantil en la voz, para dar un beso o un abrazo fuerte llenos de inocencia y luminosidad impregnadas en todos sus gestos, como cuando cogen los platos, los reparten y se queman con los bordes y la ilusión por la época y las acciones que se hacen en esta se comentan y reflejan. Se van haciendo adolescentes sin querer y hablan de la novia de Agustín, testigo de la burla de su hermana, hasta que se une a la familia teniendo a partir de ahí su hueco a la mesa y el padre se retira diciendo que parece no encontrarse bien pero que no será nada. Descubres que ya no lo volverás a ver. El brindis al cante de “para tener el estómago fino hace falta beber un vaso de vino” se repite con Agustín y Lucas. El tío Lucas también fallece después mientras Genoveva sigue irremediablemente soltera. La prole de los Boyardo sufre un revés por un niño que no llega a nacer; los embarazos se traducen en escena en acariciarse el vientre y la sorpresa que muestran ante ellos. Todos están tristes por el revés y Agustín consuela a su mujer pero luego la alegría llegará a casa en forma de otros dos cochecitos conducidos por la nodriza, un niño llamado Roberto como su abuelo y unos mellizos que se unirán a la fiesta en forma de niños y posteriormente de adultos. Las pedorretas ante el carricoche de la nodriza suceden de nuevo esa vez por parte de Agustín y toda la familia se levanta para recibirlos, entre mezclas de orgullo y caérseles la baba no tardando en salir de escena. Uno de ellos, Roberto, al crecer, partirá a la guerra produciéndose la despedida varonil de su padre en un abrazo rápido que me hizo gracia por su ejecución y la cariñosa de la madre pero no regresa adivinándose su destino fatal. Los otros dos hijos Boyardo salen emprendedores y deciden plegar alas al extranjero, y tendremos noticias de ellos a través de cartas que llegan a los nuevos banquetes.

Aprovecho para decir ahora que me pareció simplemente espectacular durante toda la función la expresión corporal de cada uno. La confianza y la derrota tienen como diccionario los cuerpos de los Boyardo. Las canas entonces hacen aparición mientras se las esparcen por las sienes con las manos tintadas en blanco como en el caso de Raúl.

Antes de que te des cuenta parecen ir mutando ante tus ojos. La edad se va enseñando en los gestos, en el tembleque de la voz, en unas gafas puestas de repente, en un sombrero de abuela, o una ropa más enlutada y también en la curvatura del físico que ya no aguanta en la forma erguida de antaño de la que fuimos testigos . También se usan diademas para pasar a adultos, igual que por ejemplo la niñez anteriormente se traducía en quemazones soplándose los dedos o en cubiertos difíciles de usar.

Genoveva mientras tiene un ataque de histerismo porque piensa que la casa se le cae encima de la cabeza, que no ha realizado ninguno de sus sueños y que hace mucho tiempo debieron mudarse y se marcha entre gritos a vivir. Por su parte Tino también fallecerá marchándose de escena por el lado derecho y todos lo despiden en una especie de conmoción callada y parálisis de incertidumbre que se da en cada uno de los que van quedando a la mesa con los adioses hasta que parecen recuperarse a gran velocidad. Finalmente presiden a dúo la mesa la tía Elisa y la mujer de Agustín que decide viajar al extranjero para estar al lado de sus hijos, dejando a esta última sola, en la que se supone esta vez sí que sí, la última, última cena de navidad de los Boyardo.

Como guinda para acabar tras una especie de tela al trasluz aparecen los actores. Algunos detrás, las chicas más adelante. Con sus alas de ángeles y alguno que se portó un poco peor de diablillo. Al principio cantaron lento para emocionar y luego ya en plan más marchoso. A título personal me pareció una obra maravillosa en la que la brevedad no impide que pasen muchísimas cosas, en la que se muestra la convivencia con los que están y el recuerdo a los que ya no están, esos que damos por hecho tendremos siempre a nuestro lado hasta que se van y ya no hay vuelta atrás para disfrutar de su compañía. Y prueba de ello fueron los atronadores aplausos.

Una vez salimos estuvimos hablando con una de las actrices, para alegría de mi madre que la sigue en una serie, pero la mayoría del elenco y el público empezó a marcharse a buena velocidad por la puerta. Fue diferente a otras veces, con la sala casi a solas, sus carteles y artículos, pero como siempre con encanto. Nos dijeron que Raúl necesitaba arreglarse por el maquillaje que llevaba tan tremendo en cara y pelo y pedimos que nos viese, cosa que hizo muy amablemente cuando terminó. Nos preguntó de donde habíamos venido y comentó que no había visitado nuestra ciudad y a ver si lo hacía algún día. El dossier que le llevé de parte de todas lo agradeció mucho además de sorprenderse al ver que eran recetas. Nos dijo que la obra llevaba representándose varios años seguidos para navidad desde uno en concreto. Mi padre en plan bromista le comentó que nunca había visto envejecer a nadie tan rápido delante de él y así después de un rato charlando y haciendo fotos salimos a la calle donde le vimos alejarse con el regalo bajo el brazo. Los tres acabamos encantados con la experiencia de una obra que yo personalmente recomiendo a todo el mundo, hecha con mucho encanto por unos profesionales que se toman muy en serio lo que hacen y que te atienden siempre fantásticamente.

Regalos de cumpleaños

Como bien recordaréis, hace unos días os invitábamos a participar en el regalo que este año estábamos preparando para Raúl, que ha celebrado su cumpleaños hoy, 10 de Enero.

Así pues, cuando recopilamos todas las felicitaciones, decidimos añadirle un poco de sal al asunto incluyendo esos mensajes dentro de un singular recetario donde cada una dejaba un poco de sí misma y de su lugar de procedencia.

El resultado fue éste pequeño libro de cocina fermaría con las especialidades de cada una de nosotras. Seguramente, ninguna estamos a la altura de nuestro querido Fermín, que nadie lo dijo nunca en la serie pero seguro que contaba en su currículum con más de una estrella de ésas al mérito culinario. Pero al menos, estaba hecho con muchísimo cariño y un poquito de humor.

Nuestra reportera especial, Bea, enviada expresamente para hacer entrega de este presente, cumplió eficazmente con su misión. Pero mientras ella elabora su detallada crónica de la obra y del encuentro con Raúl, os traemos un pequeño adelanto en forma de fotografía.

Ésta es la cocina fermaría que Raúl ya tiene entre manos.
Y hablando de regalos, tampoco estaría mal que a Raúl le cayese un premio que reconociese el brutal 2010 que se ha pegado a nivel interpretativo. Así que os vamos a pedir que, si os parece oportuno, entréis en la web de Fotogramas y votéis por él en las categorías que os parezca. Podéis hacerlo tanto como mejor actor de televisión por "El internado", como en la categoría de mejor actor de teatro por "Bailando en Lughnasa" o "La larga cena de Navidad".

Carta de Raúl al blog

Hola! Soy Raúl Fernández, creo que desde mi agencia de representación os han hecho llegar mi deseo de escribiros unas palabras. No se si tenéis alguna duda sobre si soy yo el que os escribe pero, por si fuera así, puedo deciros que recuerdo que hace ya algún tiempo unas cuantas de vosotras os acercasteis al teatro de la Guindalera para ver la función de "MollySweney", entonces alguien me dijo:"sabes quienes somos...?" yo pensé:" Glubs! espero no haber metido la pata con unos familiares de los que no me acuerdo..." alguna de vosotras me lo aclaró y pensé: "Ah! por fin os pongo cara!". Vosotras me la habíais puesto hace tiempo...

En fin, esta noche se emite el último capítulo del Internado y quería aprovechar este día para agradeceros todo el apoyo y cariño que me habéis mostrado. En nuestra profesión, como seguro ya sabéis, no todo son éxitos y caminos de rosas; nos enfrentamos a críticas, opiniones y no siempre tu trabajo es bien recibido. También es cierto que muchas veces estamos sometidos a tremendas subjetividades (que difícil es ser objetivo en lo nuestro!) y también es cierto que otras muchas el trabajo es rematadamente malo y uno ha de ser consciente de ello y saber encajarlo. La mayoría de las veces el resultado final depende de un amplio cúmulo de factores y no siempre se puede hacer lo que uno cree o quiere. Depende de la buena, mala o regular comunicación con la dirección, depende de tus propias circunstancias personales, del diseño de producción del proyecto y de tantos y tantos otros factores que ahora se me olvidan. Por eso, para mi, el éxito no solo reside en los índices de audiencia y en los halagos constantes sino, sobre todo, en el perfecto equilibrio entre todos esos factores. En El Internado ha habido un poco de todo y en general mi valoración es bastante positiva. He tenido la oportunidad de estrechar mis lazos con la televisión afrontando un personaje de circunstancias complejas y en opinión de algunas como vosotras "salir a flote". Creo que ya sabéis que mi llegada al Internado fue casi de casualidad. Recibí una llamada de teléfono y tengo entendido que era para cubrir la baja de otro actor que en última instancia no pudo incorporarse al proyecto. A los dos días estaba haciendo una lectura, junto con los demás miembros del equipo, del primer capitulo de la serie. Una semana después estaba grabando mi primera secuencia. Recuerdo que ese día coincidía con Luis Merlo, Martín Rivas, Carlota García entre otros y se trataba de uno de los momentos en los que Paula se escapaba el bosque. Me impresionó mucho el espectacular despliegue de medios, tenía la sensación de que habían atrezado un bosque entero para nosotros con miles de focos, humo para simular la niebla, las caravanas de maquillaje y peluquería y todas las unidades móviles repartidas por allí...

La serie estaba empezando y todavía quedaban algunas cosas por definir. Se repitieron secuencias y se reestructuraron algunas cosas antes de que empezara a emitirse, y una de ellas fue Fermín. Empecé creyendo que mi personaje era un simple, ingenuo y bonachón cocinero que se enamoraba de la limpiadora. Un día un auxiliar de dirección toco la puerta de mi camerino y al asomarse me dijo:" la producción ejecutiva quiere hablar contigo"-"Glubs!"-pensé. Yo creí que me iban a comunicar la decisión de matar a mi personaje o que estaban descontentos con mi línea de trabajo o algo así, me puse en lo peor. Todo lo contrario. Y así nació el Fermín que ahora conocéis.

Mas tarde Aurora (Directora de producción) me dijo: "oye, sabes que tenéis un club de fans que han escrito un padre nuestro o algo así, se hacen llamar las Fermarías, súbete luego y te lo enseño..." y así supe de vosotras.

Han sido alrededor de tres años de emisión y de grabación y aunque hace ya dos meses que dejamos de trabajar hoy se pone el punto y final definitivo. Son muchas las sensaciones por las que he transitado a lo largo de ese tiempo y entre las cuales estáis vosotras con vuestro blog. He leído algunas de las cosas que habéis escrito y me he reido, llorado y reflexionado sobre muchas de vuestras opiniones y comentarios. Me ha alegrado comprobar el gran sentido del humor y el criterio con el que escribis, no como en algunos de los foros propensos a la tontería. En definitiva es todo un honor dar nombre a un blog tan cuidado como el vuestro. Mucha gente cercana a mí me dicen que lo visitan y me felicitan por ello y yo les digo:"no, no, si el blog no lo hago yo!!"

Solo me queda deciros que seguramente a muchas de vosotras no os guste el final del Internado, yo tengo mi opinión pero permitidme que me la guarde, prefiero esperar a leeros y así reír, llorar y reflexionar que al fin y al cabo es lo que nos ha hecho el Internado a todos, no?

Chiqui, Parchis, Escarlata, Fornarina, Samureta, Vampi, Nicole, Aurora, Abril22, Lucia, Ripley, Antow, Ro, Estrellita fugaz, y tantas otras fermarias a las que pido disculpas por no mencionar...UN BESO Y UN ABRAZO de Raul

Gracias por todo y hasta pronto!

Raúl.

Crónica de una visita (por Alexilla)

Hoy os traemos una crónica que a muchos de los que nos leéis, y también de las que hacemos este blog, nos trae unos recuerdos maravillosos. Pero más allá de la propia historia de "Molly Sweeney", este artículo es la narración un sueño cumplido, y las emociones vividas en él.
Alexilla nos cuenta su particular visión de la obra y de su encuentro con Raúl, y nosotras le damos las gracias por tener la ilusión de verla publicada aquí. Disfrutadla.

Bueno, pues yo tampoco he podido contenerme así que os contaré brevemente cómo fue mi encuentro (si se le puede llamar así) en la sala Guindalera con la obra Molly Sweeney y por supuesto con Raúl, faltaría más.
Decidí ir con mi chico un domingo 18 de Octubre, porque en el último momento mi amiga me dio plantón…. Así que os podéis imaginar el cabreo que tuve al principio, pues no podría tirarme directamente a su cuello por razones obvias… (tampoco es que lo fuese a hacer pero en fin, son cosas que se meditan).
También os podéis imaginar como estaba mi novio hasta que llegamos, dándome la murga todo el trayecto con que a ver cómo le iba a dejar y como me iba a comportar, de coña, eso sí , pero se le veía algo intranquilo , aunque yo ya no le escuchaba, estaba en mi nube.

Llegamos pronto a la sala , que como bien habéis podido comprobar la mayoría , el portal pasaba bastante desapercibido, no se diferenciaba del resto de los portales de la calle . Entramos y rápidamente el comentario típico que te hacen los que te conocen de “oye, y si pasa ahora que vas a hacer” con la típica mirada burlona...Y entonces se da cuenta de que te pones a buscar con la mirada por todas partes , y él se da cuenta de que mejor esta callado.

Una vez en el cuco hall , pedimos las entradas al chico y salimos a tomar algo mientras mi chico, con voz socarrona, me decía que si me pedía una tila con un calmante. Le di una colleja y le dije que de nervios nada (aunque no estaba muy claro aún).

Le hice salir del bar sin terminarse el Nestea y entramos de los primeros. Mi plan era el de “delante del todo se capta mejor”.
Cuando comenzó la obra aunque atendía al relato de los otros dos personajes , inconscientemente miraba de reojo al lugar que ocupaba Raúl, expectante e impaciente porque comenzase.

En el transcurso de ésta nos interesamos mucho por la historia , aún más porque los personajes se esforzaban mucho por captar la atención del público , refiriéndose a cada espectador uno por uno , lo cual en alguna ocasión por parte de Raúl , pues como es obvio, me hizo ruborizarme sin sentido alguno. En mi opinión estuvo fantástico, un papel totalmente distinto al que estaba acostumbrada a verle interpretar y le quedaba como un guante. Lo mejor es que según avanzaba la obra podía notar que a mi chico , que en principio había asistido por mí, le estaba emocionando la interpretación tanto que se le estaban humedeciendo los ojos y cada vez me apretaba mas el brazo.

La verdad es que nos llegó mucho a los dos , aunque sí es verdad que no habíamos asistido a muchas obras de teatro antes, pero esta nos marcó , porque aunque la historia en sí era interesante, la intensidad de las emociones que expresaban era brutal, y sin exagerar, aunque la verdad no sé porque me sorprende, porque todos tienen una gran trayectoria.

A la salida , un poco aturullados por el cambio de luz y demás, le pregunté a mi chico que le había parecido y tras buscar las palabras me dijo que brutal, no había visto nada parecido y que la interpretación de María Pastor había sido increíble. La verdad es que estuvo estupenda. Justo en la puerta estábamos hablando cuando apareció en escena Raúl, lo cual, no sé por qué, pero me dejo un poco descolocada (las que habéis ido lo entenderéis, el toparte de pronto con esos ojos color miel y el “Dios mío” posterior es de shock).

Nos preguntó qué nos había parecido.
Yo, después de un ehhh…esto…ehm…y con cara de “vamos a ver , ha estado fantástico pero no te emociones que le vas a agobiar”, le contesté que nos había gustado mucho, que un poco intensa para lo que estábamos acostumbrados pero que muy bien.

Nos dijo que claro, que a la gente que no estaba acostumbrada a Brian Friel les podían resultar sus obras un poco chocantes, y nos preguntó que si era la primera vez que íbamos allí.

Mi chico le contestó que no, que era la primera vez y que lo habíamos pasado muy bien, mientras yo conteniendo mis impulsos Raulistas y respirando hondo me pregunté si podía darse el caso de raptarle y hablar más tranquilamente tomando algo, pero volví en mí y a la conversación. Al ver que no seguíamos preguntándole cosas y viendo que asentía en plan “vale, encantada, estoy flipando, será mejor que nos vayamos ya”, se daría por aludido y nos dijo que la próxima obra era Bailando en Lugnasa y que era distinta pero que prometía y esperaba que fuésemos.

Y se fue, se fue a charlar con el resto de los espectadores que seguían allí (gente mayor, la mayoría). Le dije a mi chico que si nos íbamos y me dijo ”¿sin pedirle un autógrafo? ¿y la foto? Tu estas tonta” y se acercó a él para pedírselo. Al decírselo creo que se quedo un poco aturdido, pero volvió y me pidió el típico boli que nunca está cuando lo necesitas.

Yo ya lo daba por perdido en el bolso y me dijo que no importaba ,que pedía un momento el que tenían en la entrada. Pensé “qué majo” y de pronto se quedó parado y le preguntó a mi chico extrañado “pero ¿es para ti o para ella?” a lo que este contestó que no, que era para mí y se rieron, con lo que puse mi cara de “vale, sí, soy idiota” .Me firmó y me dijo que esperaba vernos pronto de nuevo por allí.

Y no sé por qué no le comenté nada más sobre la serie, ni sobre sus proyectos, ni nada (bueno, sí sé por qué, me daba un corte tremendo).

Le despedimos y mi novio me pidió un momento, porque quería charlar con María Pastor. Estuvimos hablando con ella sobre su actuación, de la cual dijimos que la expresión de ceguera había estado tan lograda, que a mi chico le dio la impresión de que era ciega de verdad. Ella soltó una carcajada y nos preguntó si era la primera vez que íbamos y qué tal les habíamos visto. Le dijimos que genial, que muy emocionante y nos preguntó que edad teníamos, le dijimos que 20 y nos soltó un “ay, pero qué jovencitos que sois, y ¿cómo es que os habéis decidido por Molly? Qué bien que el público joven se interese por este género” y demás. Se la veía contenta, y por último concluyó con que habría esperado más participación por parte del público, porque otras veces se les ve más receptivos, a lo que contesté que nosotros casi lloramos y que simplemente no lo hicimos de lo impactante que nos estaba resultando. Se asombró y nos dijo que le había gustado mucho conocernos y que volviésemos pronto.

Según nos alejábamos soltamos los dos un “qué maja” y justo cuando salíamos por el umbral me armé de valor y le pedí una foto que nos sacó mi novio con mi móvil (así salió) con mi cara de “que vergüenza, pero me quedaba aquí siempre”. Le solté un gracias y un hasta pronto que nos devolvió y nos fuimos.

Cuando caminábamos ya por la calle mi chico me preguntó “¿Por qué no te has atrevido a pedirle nada? Serás tonta…te ibas a ir así..” y un… “así no te has puesto nunca conmigo ¿eh?” a lo que contesté “anda, cállate” con una sonrisa estúpida.

Después estuvimos toda la tarde hablando sobre ella.

Nicole en "Bailando en Lughnasa" (II)

Lo prometido es deuda, así que raudas y veloces subimos la segunda parte de la crónica de la visita de Nicole a La Guindalera, centrada sobre todo en los minutos de conversación con Raúl. Si os gustó la anterior entrada, no os podéis perder su continuación por nada del mundo ;)

El Postre

Es al parecer una costumbre de La Guindalera invitar a sus espectadores a un chupito de… pues no estoy segura de qué licor se trataba pero estaba delicioso y mezclado con analgésicos consigue incluso eliminar por completo cualquier inhibición que una persona madura y cuerda pueda tener.

Lo que paso a continuación lo recuerdo como una serie de escenas borrosas en mi mente. Daniela y yo vimos a Raúl hablando con un grupo de gente en el otro extremo de la sala de espera (que estaba abarrotada de gente hablando y bebiendo ese licor mágico). Nos fuimos acercando poco a poco, mientras mi cerebro debatía como entablar una conversación.

¿Debería llamarle Raúl a secas? A lo mejor Sr. Fernández era más apropiado. Después de todo, no me conocía de nada. ¿Sr. Fernández de Pablo? No, demasiado largo…

Cuando de pronto se da la vuelta y me topo con esos ojos enormes color miel mirándome con lo que puedo recordar (o mas bien interpretar) como ligera curiosidad. Mi boca, ignorando el cacao mental dentro de mi cabeza, suelta un alegre “!Hola Raúl!” A lo que él responde con otro “hola” amable y cortés.

Y la cosa se estancó ahí durante un par de vacíos (y largos) segundos en los que mi mente se quedó totalmente en blanco.

¡Joder, Nicole, di algo! ¡Lo que sea!

Fue entonces cuando percibí un sutil cambio en su mirada, como si hubiese caído en la cuenta de qué era lo que estaba sucediendo: “!Ahá! El Internado”. (Of course!)

Aun no sé cómo conseguí desbloquear mi mente y formar una frase coherente, pero creo que le dije que frecuentaba su blog, que volvía a EEUU el sábado, y que no podía pasarme por Madrid sin ver una obra de La Guindalera (bueno, que las chicas del blog me desterraban directamente). Los labios de Raúl formaron una sonrisa torcida, y estoy segura de que dijo algo al respecto, pero entre el chupito mágico y las aspirinas, mi cabeza no terminó de registrarlo para la posteridad.

El caso es que después de ese breve momento de incertidumbre, la conversación fluyó de lo más normal, como si nos conociésemos de toda la vida. Hablamos de Molly Sweeney y se acordaba perfectamente de las chicas del blog y su visita a la sala. Comentamos Bailando en Lughnasa, y dijo que era la última obra en la que participaría con La Guindalera este año. Me dio la sensación de que estaba ilusionado con sus nuevos proyectos.

Honestamente a mí no me pareció tan tímido como hemos comentado, incluso diría que se le veía bastante a gusto hablando con nosotras (y otra gente) después de la obra. De hecho, no sé cómo hizo para darle la vuelta a la tortilla, pero terminó sabiendo él más de mí que yo de él (¡y con todas las preguntas que pululaban por mi mente!).

Todo empezó cuando le dije que me había encantado la sala, y que no tengo acceso a este tipo de experiencias donde vivo.

Raúl: “Pero allí sí hay buen teatro, ¿no?”

Nicole: “Sí, bueno, esta Broadway, pero en Nueva York.”

Raúl: “¿Y tú dónde vives?

Nicole: “¿Yo? En Florida.”

Raúl: “¿Y que has venido, a visitar a amistades?”

Nicole: “Familiares. La mitad de mi familia vive en Málaga.”

Raúl: (algo confuso) “¿Entonces tú de dónde eres?

Nicole: “Yo es que nací en Madrid…”

Un hombre del grupo de al lado se da la vuelta, nos interrumpe, le comenta algo y se pasan hablando unos segundos. Yo me vuelvo hacia Daniela encogiéndome de hombros pensando que nuestro encuentro con Raúl ha llegado a su fin y que sólo nos queda despedirnos (por educación, mas que nada). Pero ella insiste en que nos quedemos porque le dio la impresión de que Raúl estaba disfrutando con nuestra charla. A mi me gustaría creer que de verdad ese fue el caso.

Y tras ese breve inciso, Raúl se volvió a dar la vuelta y continuamos hablando como si nada. Hubo un momento en el que dije una parida de las mías (de la cual ni me acuerdo), y Raúl soltó una leve carcajada. Entonces aproveché el momento para intentar conseguir mi primera exclusiva Fermaria.

Nicole: “Por cierto, esta temporada de El Internado ¿nos gustará a las Fermarias?”

Raúl: “¿A las Fermarias? Fermarias, Fermarías, cómo es?

Nicole: “¡Buah, yo que sé! Yo digo Fermarias. ¿Cómo lo ves?”

Raúl: (desvía la mirada hacia arriba con un suspiro y casi puedo detectar la aceleración de sus neuronas para ver qué es lo que puede decir o lo que se debe callar) “Esta temporada. . . “ (otro suspiro, se cruza de brazos todavía pensativo.)

En realidad la expresión en su rostro lo decía todo. Su mueca de “a ver cómo le digo yo esto a estas pobres chicas” casi me hace soltar una carcajada.

Nicole: “Si no puedes desvelar nada, lo entiendo.”

Raúl: “Sí, claro, es que nos lo tienen super-prohibido.” (Pausa. Larga pausa) “Yo creo que va a haber un cierto… uhm, descontento.”

Yo no dije nada en el momento, pero Raúl, al ver la cara de absoluta decepción que llevaría puesta, se apresuró a explicar que al principio el tema de Fermín y María estaba en un primer plano mucho más, y que ahora iba a ser la trama policial (o de investigación) la que iba a cobrar mas protagonismo.

O sea, que lo llevamos igual de crudo las Fermarias que las Fermarías.

Para finalizar nuestro encuentro (y no darle mas la vara), le pedimos si le importaba hacerse unas fotos con nosotras. Mientras Daniela tomaba la foto, Raúl hizo el peculiar comentario de lo chula que era mi cámara. Yo le comenté que era baratilla, y creo que mi cámara me hizo un corte de manga por el comentario y sacó la foto mal y roja.

A esas alturas entre el chupito mágico, el efecto aspirina, el torbellino de feromonas y el cansancio del viaje me entró un ataque de Parkinson’s a la hora de sacarle la foto a Dani con él, que casi tuve que sujetarme la muñeca con la otra mano. Y yo me hubiese auto convencido de que nadie se había dado cuenta, de no ser por el comentario de Daniela algo mas tarde extrañándola que la foto no hubiese salido movida con tanto meneo.

En fin, que cuando por fin nos despedimos de Raúl ya apenas quedaba nadie en la sala de espera. Y, justo antes de cruzar la puerta hacia el frío del corredor exterior, me vuelvo y le deseo un feliz cumpleaños (aunque todavía faltasen tres días). Él me da las gracias (algo extrañado) con una sonrisa y un hombre que había a su lado le pregunta: “¿Es tu cumpleaños?” “Hoy no,” oigo como contesta Raúl.

El aire de Madrid se presenta gélido en enero, pero por primera vez desde hacía bastante tiempo siento como mis pulmones se llenan de oxigeno (o algo parecido). Daniela y yo comenzamos a caminar calle abajo sin prisa alguna. La oigo refunfuñar a mi lado, fastidiada por algo.

Daniela: “¡Joder, Nicky! Tu foto con Raúl ha salido fatal. Tenemos que volver y pedirle otra.”

Nicole: (incrédula) “Pero tía, ¿Cómo vamos a volver para pedirle otra foto? ¡Ni de coña!”

Daniela: “¡Que sí! ¡Que es para el blog! ¡Hay que volver!”

Nicole: “Tu estas loc—“

Pero Dani ya había emprendido una apresurada carrera de vuelta hacia La Guindalera y no tuve más remedio que salir corriendo detrás de ella. Atravesamos el umbral jadeando, y nos topamos con una señora que estoy convencida era la esposa de Juan Pastor rodeada por tres de las actrices de la obra que acabábamos de ver. Os podéis imaginar el panorama cuando les explicamos a lo que habíamos venido.

El caso es que consiguen sacar a Raúl de su madriguera (creo que en el teatro lo llaman “la sala verde”, o por lo menos en USA lo llaman “green room”) y no pareció importarle un segundo intento para que mi cámara se portase un poco mejor que Marconi.

¡Pues no hubo forma! Mas tarde, y una vez que mi cerebro se dignó a cooperar un poco más, caí en la cuenta de que estaba haciendo fotos en panorámica exterior, en vez de retrato de noche. Y el resultado fue el desastre de foto con el que terminé.

Dani: “!Buah, ha vuelto a salir roja!”

Raúl: (echándole un vistazo a la que le hice con Dani) “Y esta ha salido como quemada.”

Nicole: “Pues debe ser el flash.”

Claro que ese recuerdo de tener a Raúl a un lado y a Dani al otro mientras los tres revisábamos la calidad pésima de las fotos vale más que la foto perfecta.

No recuerdo como nos despedimos la segunda vez, pero recuerdo que la sonrisa de oreja a oreja que llevábamos puesta nos duro el resto de la velada. Por fin había conseguido desconectar, y sólo necesité de una obra de teatro magnifica y un actor encantador para conseguirlo.

Bueno, el chupito mágico también ayudó en algo… ;-)

Nicole en "Bailando en Lughnasa" (I)

No es la primera crónica sobre "Bailando en Lughnasa" que subimos al blog. Todas y cada una de las que nos llegan tienen algo especial que las hace distintas. Esta no lo es menos. Porque además, viene de la mano de alguien que ya conocemos y que se ha cruzado el charco para ver a Raúl (entre otros menesteres). Así fue el encuentro de nuestra Nicole con "Bailando en Lughnasa".

El Ave llegó a la estación de Atocha y un Madrid gris nos recibió envolviéndonos en revoltosos copos de nieve. La ciudad seguía tal y como la recordaba: ruidosa, ajetreada… viva. El bofetón de nostalgia fue tan inesperado que no estaba muy segura si las lágrimas fueron causadas por el intenso frío, o la emoción, igual de intensa, de volver a ver “mi ciudad”.

Pero esta vez mi visita, aunque breve, consistía en hacer realidad un pequeño sueño que no podía pasar por alto: visitar la sala de La Guindalera y ver a Raúl Fernández en “su salsa”. Y, si fue su personaje en El Internado el que introdujo ese gusanillo de curiosidad y admiración hacia el actor, ver su interpretación sobre las tablas fue lo que terminó por cautivarme.

El Aperitivo

El portal podría haber pasado desapercibido entre tantos otros de la calle Martínez Izquierdo. Daniela (amiga del alma de una vida ya demasiado lejana) y yo, cruzamos el portal y recorrimos un largo pasillo hasta llegar a la entrada/recepción/sala de espera donde un muchacho latino muy agradable canjeó nuestras entradas provisionales, por las de verdad (una transacción bastante curiosa, y en la que no entraré en detalle o esto se va a alargar la tira). El caso es que me doy la vuelta y veo a Daniela con una sonrisa de oreja a oreja, se acerca a mi lado y susurra: “Acaba de pasar Raúl detrás tuya y no te has dado ni cuenta. Parece bastante tímido.”

Cierto es que mi mente aquella noche estaba plagada de mil y una cosas que nada tenían que ver con la obra de teatro, La Guindalera, o Raúl, pero aun así, fue un chasco perderme el momento “entrada de nuestro chico por la puerta principal”. Y, como todavía faltaba una hora para que empezase la función, decidimos ir a un bar cercano a tomar algo, charlar y lograr desconectar un poco de todas aquellas pequeñas gilipolleces que consiguen invadir tu mente y terminan por agobiarte.

Intento fallido, por cierto.

El Plato Fuerte

La sala era tan acogedora como ya la habíais descrito por el blog. Las aspirinas que me había tomado hacía apenas media hora comenzaban a hacer efecto. La gente entraba pausadamente entre respetuosos murmullos. Ya sentada en mi butaca (super-cómoda, por cierto), observaba el desfile de espectadores, el escenario inerte, los focos del techo, el fondo negro, hasta que mi mente enviciada volvió a las andadas y se negó a dar tregua a todo aquello que prometí olvidar durante esas dos horas en el teatro. Tan lejos estaba de la sala, que me sorprendió ver al personaje de Michael cruzar el escenario con una pícara sonrisa.

Comenzó a hablar dirigiéndose hacia el público en su papel de narrador. Su voz era firme y suave al mismo tiempo, alegre y nostálgica, serena e intensa, con esa inflexión y entonación que dan vida a emociones que tan sólo los grandes actores logran transmitir. En su relato, Michael no dudaba en buscar los ojos del espectador, establecer contacto con cada uno de nosotros. Y, aunque estuviese mirando al señor calvo a mi lado, o a la señora del perfume de frutas sentada detrás de mí, yo me daba por aludida igualmente. Porque había conseguido sellar ese vínculo entre el actor y el espectador en el momento en que pisó el escenario.

La luz del teatro iluminó la cocina donde transcurre la obra. Se basa en la vida de cinco hermanas atropelladas por la revolución industrial en la Irlanda de los años 30. Marconi, la protagonista principal en mi humilde opinión, es una radio con voluntad propia que llega a aliviar muchas de sus inquietudes cuando les deleita con su alegre música y a causar otro puñado de frustraciones con su volátil temperamento cuando decide dejar de funcionar.

Lo gracioso es que uno consigue identificarse con todos los personajes de la obra, con sus fallos y excentricidades. Yo me vi reflejada en algún que otro momento con todas y cada una de las hermanas, con Michael, y con el Padre Jack que vuelve de Uganda y su idioma natal le resulta extraño y ajeno, soltando palabrejas que no existen y dudando de las que le suenan raras, como “regañar”. Puede que sea por eso que yo me identificase más con él que con el resto.

Been there, done that.

Desde luego la interpretación de Juan Pastor fue insuperable, ¡menudo pedazo de actor! De las hermanas me encantó también la interpretación de Victoria de la Vera en el papel de Kate. Pero es que todos encarnaron a los personajes de forma tan alucinante, que me dejaron francamente fascinada.

Las dos horas se pasaron volando, dejaron un sabor de tristeza y angustia al final de la historia. Supongo que Brian Friel no creía mucho en finales felices.

La sala eructó en un rugido de aplausos y los actores salieron a saludar. Raúl aun llevaba las gafas de Michael puestas, y parecían molestarle, ya que se las quitó, frunció el ceño y parpadeó un par de veces antes de guardárselas en el bolsillo. Salieron tres veces al escenario hasta que los aplausos se fueron difuminando gradualmente.

Habían sido dos horas inolvidables.

¡Feliz cumpleaños, Raúl!

Hoy, 10 de Enero, es el cumpleaños de Raúl, y como ya hicimos el año pasado, ayer recibió a través de Ana nuestro pequeño regalo. Con él, iba esta carta, de la queremos haceros partícipes a todos los que seguís su trabajo a través de este blog. Durante esta semana, os contaremos más...

Para terminar, felicitarte por tu cumpleaños, que era nuestra intención primera cuando empezamos a montar todo esto; y desearte que el nuevo año te traiga el reconocimiento que mereces.
El nuestro ya lo tienes.

Así terminaba la carta que te entregábamos hace casi un año, junto a un par de regalos más bien caseros, hechos con más cariño que medios.
Este año, las intenciones son las mismas, pero hemos decidido optar por un regalo que no te haga pensar que somos un grupo de taradas cibernéticas con poco que hacer.

La coctelera ha sido un atrevimiento, porque siendo sinceras, entendemos más bien poco del tema. Pero sabemos que te gustan, y que una vez te costó mucho dar con una, así que ahí la tienes. La prueba tangible de las muchas veces que hemos visto tus entrevistas.

Nuestro otro regalo es ese pequeño dossier para el que hemos seleccionado trece entradas de todas las que se han escrito durante este año en el blog. No ha sido fácil. Primero pretendíamos que fuera una recopilación de tus mejores momentos durante este año. Pero al final, ha resultado ser más bien una compilación de aquellos artículos que más significan para nosotras.
En todos ellos hay un poco de cada una. Cómo se llega a El Internado desde el otro lado del charco; cómo vemos nosotras a Raúl Fernández; esas obras que hemos descubierto a posteriori pero que, por alguna razón, nos resultan especiales; o cómo ha sido descubrir, en nuestra propia piel, lo que se siente al pisar la Guindalera.

Esta es nuestra forma de felicitarte, ya no sólo por tu cumpleaños, sino por un año en el que has conseguido llegar a mucha gente y a muchos lugares que es probable que ni imagines. Y también es una forma de darte las gracias. Por darle vida a ése Frank tristemente idealista y soñador; a nuestro Fermín, tan complejo; a ése Ismael torpe y enamorado; al Michael que inventa recuerdos. Hay personajes que engrandecen al que los ve, y tocan partes de nosotros que ni siquiera sabíamos que estaban ahí. Sin ti tras ellos, quizá ésas partes seguirían intactas.

Gracias también por tu sonrisa, tu humildad, tu atención, tu naturalidad. Las que tuvimos la suerte de compartir unos minutos contigo en ése recibidor de la Guindalera, sabemos que eres aún más especial de lo que imaginábamos.

Mucha suerte en este año que comienza, ojalá que no te falten los proyectos. Sea como sea, ahí estaremos.

Crónica de una visita (by Lucía)

"Lo había imaginado millones de veces, había trazado minuciosa y esquemáticamente en mi mente como iba a ser esta quedada, como sería la sala, como sería Raúl en las distancias cortas, como sería conocer por fin a las fantásticas chicas del blog (y a Chiquiman, bien sûr!)... pero esto, amigos, es como la ciudad de París, por mucho que te cuenten lo bonita y magnífica que es , hay que ir allí y vivir esas sensaciones pisando sus calles.

Podría contar millones de anécdotas sobre como fueron las horas previas a la llegada a La Guindalera, como fue ese primer viaje en metro, como durante las dos primeras horas la única frase que podía salir de mi boca era un emocionado "qué fuerrrrte" (una verborrea apabullante la mía), como fue llegar al hostal, y poco a poco ir descubriendo a estas chicas tan encantadoras, pero esto ya es otra historia, y lo que a mí se me ha pedido es una "crónicaresumendelamuerte" de la obra que nos unió, "Molly Sweeney".

Llegamos al teatro con una hora y cuarto de adelanto (eso sí que es previsión). Respecto a la sala en sí he de decir que me encantó, era tan acogedora, con ese banquito verde a la entrada, esas coníferas con guirnaldas custodiando la puerta de entrada, esas escaleras que iban a dar a una vecindad que tiende su colada frente a la entrada de la sala (eso sí que es ser chic, vivir en un teatro), esa puertecita blanca que probablemente esconda cosas maravillosas, un taquillero encantador (haciendo juego con la sala, claro), los posters de todas las obras allí representadas (esas que tantas veces hemos leído aquí), brindado todo con una luz cálida que iluminaba el recibidor. A mí me entraron unas ganas locas de quedarme a vivir allí .

Los minutos previos a la obra los guardo con especial cariño, por todo lo vivido, por esas risas flojas y nerviosas, por esas "buenas tardes" de todavía un desconocido para nosotros José Maya, por ese primer encuentro-no-encuentro con Raúl.

Obviamente nos colocamos en primera fila (os recuerdo que estuvimos haciendo cola una hora, ahí se nos vio el plumero, lo reconozco), tras la apertura de puertas de la sala, quedé impactada, me impactó porque la sala nº5 de los Multicines Cáceres (esa donde siempre ponen las películas suecas en versión original) tiene más butacas que ésta, me impactó porque era tan acogedora como el recibidor, me impactó porque el escenario estaba al mismo nivel de las butacas, me impactó porque el escenario eran tres sillas blancas (luego descubrí que tampoco se necesitaba más, los actores lo llenaban todo). Y comenzó la obra y poco a poco fuimos conociendo a los personajes.

El desarrollo de la obra es original, casi toda basada en monólogos y sin apenas intercambio de frases entre el resto de actores, pero este esquema te hace conocer en profundidad a cada uno de los personajes:
-Molly, ciega desde los diez meses de edad, pero cuya minusvalía no le ha impedido llegar a ser una mujer vital y autosuficiente, y feliz en su mundo de percepción a traves del gusto, el tacto, y el olfato.
- Frank el marido "supermotivado", emprendedor de causas perdidas que jamás llegan a buen puerto y (hablando en lenguaje coloquial) con más moral que el Alcoyano.
-El Dr. Rice, un prestigioso médico venido a menos y abandonado por su mujer que ve en Molly el caso que le hará resurgir de sus cenizas y brillar delante de todos esos compañeros que un tiempo atrás renegaron de él.

Respecto al trabajo actoral, he de comentar que José Maya para mí fue el gran descubrimiento, creo que bordó el papel de médico un tanto altivo, riguroso, y a la vez lleno de defectos (y no sólo su afición al whisky). Me enterneció sobre todo cuando contaba la historia del cómo y el porqué del abandono de su mujer, y aún una frase retumba en mi memoria, relacionada, casualmente, con la ceguera, pero que no desvelaré, tendréis que ir a ver la obra para saber de qué os hablo.

Raúl no me decepcionó, era capaz de recitar monólogos inverosímiles sobre los niveles de producción lechera de las ovejas iraníes y demás historietillas de abejas, salmones y etíopes sin dudar ni un solo momento. Además nos transmite perfectamente ese entusiasmo pasajero (y subrayo lo de pasajero) por todas y cada una de sus empresas (incluida la recuperación de la vista de su amada esposa).

Y por último, y es aquí donde discrepo de mis compañeras de aventuras (pero está bien ser la nota discordante, ¿no?), una María Pastor, que tiene un papel que es un caramelo goloso, pues interpretar a una invidente es un trabajo duro que exige un gran nivel de concentración pero que te puede llegar a proporcionar un gran triunfo si tu trabajo llega a buen puerto. Y sí, a María me la creo como ciega, sobre todo en sus momentos finales de decadencia mezclada con locura e incomprensión, pero a veces (y solo a veces, ojo) me parecía un poco cargante, y sus chillidos me irritaban bastante. Tiene mérito pasarse más de dos horas con la mirada ausente y bizqueando los ojos, estamos de acuerdo (yo sería incapaz), pero no necesito que se ponga a pegar gritos agudos y un tanto sobreactuados para mostrar su entusiasmo, tristeza o locura, no lo necesito. Y hablo desde el más profundo respeto, porque yo ni soy crítica de teatro ni pretendo serlo, simplemente reflejo mi opinión, y repito que salvo ese "pero" el resto de la actuación de María me encantó e incluso llegó a emocionarme.

La obra no se me hizo nada larga , y lo que más me gustó de ella, es que te hace pensar. Durante toda la noche no dejé de darle vueltas a una historia que narra Frank sobre el rescate de dos tejones que estaban a punto de morir ahogados en sus madrigueras, que tampoco desvelaré para seguir manteniendo la intriga. Haciendo un breve resumen, la conclusión que saqué es que la cabra siempre tira al monte, y que por muy buenas intenciones que tengamos, a veces es mejor dejar las cosas como están, ¡por los clavos de Cristo!.

Y para poner la guinda al pastel (¡toma ya juego de palabras, hoy estoy inspirada!) la idea del reencuentro con los actores en ese hall tan acogedor que ya lo quisiera yo para mi casa, para comentar las impresiones de la obra, brindando con un chupito de guinda (como no podía ser de otra manera), me pareció original y brillante y otro punto a favor de esta compañía teatral.

Podría hacer millones de comentarios respecto a ese momento "encuentro con Raúl" tantas veces soñado, pero solo diré que, aunque me supo a poco, estuvo encantador y muy atento. Y de nuevo una mención especial para José Maya, que volvió a demostrar que tiene un "savoir faire" increíble, y que hizo que me declarase fan incondicional de su persona, tras ese momento "confidencias" que mantuvimos él y yo.

Bueno, hasta aquí mi crónica, que espero os haya gustado y sobre todo espero que os hayan entrado unas ganas locas de ir a ver la obra. Sólo decir, que "Molly Sweeney" me encantó, que Raúl impresiona aún mas en las distancias cortas, que la sala es acogedora y hogareña... pero sin duda para mí lo mejor de esta quedada fue haber conocido en persona a Chiqui, a Parchis, a "AuroramasconocidacomoBeatriz", esas chicas que ya me habían dejado ver un poquito de ellas a traves sus artículos y comentarios en este blog , y que no me defraudaron en absoluto. Mención aparte merecen Forna (que fue una gran anfitriona) y por supuesto chiquisman (el segundo gran descubrimiento junto con José Maya, cuya beatificación, tras ese fin de semana de paciencia infinita, ya he solicitado a la Santa Sede). Ya sólo queda la crónica de Chiqui, la cual espero como agua de mayo.

Y para no variar, muchos besos desde Extremadura."

Crónica de una visita (by parchis)

La Guindalera me olió a la sencillez del discreto portal que la acoge. Me olió a la cotidianeidad de la ropa tendida en el patio de luces enfrentado a su entrada, y también a la familiaridad de su reducido aforo. Era ésta una mezcla de aromas seductora, pero cuando la sala se tornó negra y Molly Sweeney cobró vida, estos olores se difuminaron en el ambiente y La Guindalera se inundó de un arrollador aroma a verdad.


Olía a verdad la Molly de María Pastor, mujer de portentosa capacidad de percepción a pesar de su ceguera, que termina inducida por la presión del entorno a normalizar su forma de experimentar el mundo. Olían a verdad los recuerdos infantiles de su aprendizaje sensorial, su rebeldía expresada en forma de danza salvaje, su desolación al despertar en un mundo de sombras, formas y colores desconocidos, y por supuesto, olía a verdad su redención final a la locura cuando, con el sentido de la vista recobrado, pierde la capacidad de comprender la realidad exterior.

Todos los halagos al trabajo de María que había leído se quedaron cortos ante su Molly, todo lo que yo pueda decir no servirá para hacerle justicia: es sobrecogedor el torrente de sensaciones que María transmite, es más, que María provoca en los espectadores. Sólo sentado en el patio de butacas de La Guindalera es posible entender a lo que me refiero.

Olía a verdad también el doctor Rice de José Maya, aferrado a Molly como al último clavo ardiendo que puede frenar su ineludible caída. Conmueve la realidad que hay en este hombre hundido, abandonado por su mujer y venido a menos como cirujano ocular, que, tentado por el reconocimiento profesional que un gran éxito le reportaría, se deja embaucar por el vehemente marido de Molly para llevar a cabo una intervención quirúrgica desaconsejada.

El personaje de José Maya está sublimemente trazado: las visibles arrugas de sus pantalones y su aliento a whisky antes de la cirugía, son en realidad espejos de su fracaso, de su patetismo, de su debilidad y de sus miedos, y en cierta forma, espejos de nuestras propias miserias. Es tan sumamente fácil identificarse con Rice en algún momento o ámbito de la vida, que puede decirse que el doctor tiene esencia de pura humanidad.

Al margen de su indudable talento interpretativo, pudimos comprobar que José Maya es un extraordinario embajador de la cercanía y la familiaridad que La Guindalera emana. Su divertido saludo al encontrarnos en la entrada antes de la función, y su amabilidad en la pequeña conversación que mantuvimos con él después, quedarán sin duda entre los mejores recuerdos de nuestra visita a la sala.

También el Frank de Raúl Fernández desprendía un aroma inequívoco a verdad. Ilusionado emprendedor de negocios imposibles, incansable defensor de causas perdidas de antemano, Frank pasa su vida encadenando una cruzada a otra. Es por eso que cuando conoce a Molly se enamora, más que de ella, de la hazaña de curar su ceguera, y pone toda su desbordante energía al servicio de esta empresa. Frank huele a incorruptible ingenuidad, huele a desbordante entusiasmo y también a bondad innata, pero las consecuencias de sus actos llegan a ser tan nefastas, que resulta imposible ver en él al tipo entrañable que todas estas cualidades sugieren.

Raúl Fernández consigue turbar al público con una soberbia interpretación de Frank, personaje que tiene la complejidad necesaria para incitar a una reflexión sobre su conducta, y que a la vez sirve para dar un espléndido alivio cómico a los monólogos, en ocasiones densos, que componen Molly Sweeney.

Ya fuera de las botas de su personaje, Raúl nos encandiló con la simpatía y la calidez que desprende en el ratito que nos dedicó. Pudimos conversar con él sobre Molly, sobre El internado, sobre sus nuevos proyectos, sobre este rinconcito cibernético al que tanto cariño tenemos, y hasta sobre alguna de las locuras que en su honor gestamos hace ya algún tiempo. Raúl resultó tan sencillo y encantador como esperábamos, por lo que fue todo un lujo compartir unos minutos con él.

No es difícil extraer de esta crónica que quedé totalmente fascinada con La Guindalera y su forma de entender el teatro, con Molly Sweeney y su alegato a la diferencia, con Raúl y su cordialidad, pero poder compartir conversaciones, risas y emociones con Ana, Bea, Lucía, Mari y su chico fue, sin lugar a dudas, lo mejor de un fin de semana inolvidable.

Crónica de una visita (by Bea)

Había una escena en una película que vi en la que el protagonista regresaba a un lugar tiempo después y comprobaba a través de sus ojos adultos que este había perdido su encanto, y que todo lo que apreció parecía completamente distinto, ajado, sin luminosidad. Pero sin ponerme en plan poetisa, que tampoco es cuestión, diré que curiosamente nueve meses exactos después a cuando lo hice la primera vez, aparecí de nuevo en la puerta de La Guindalera (si me hubieran dicho entonces que repetiría visita en un mismo año no me lo habría creído) y teniendo al lado cierto conocimiento de lo que una espera encontrarse, el ánimo le permite no centrarse tanto en los pequeños detalles e ir sabiendo que vas a pasar un buen rato sin pedir mucho más y sin que el lugar resulte diferente.


Fue un encuentro lleno de humor gracias a la compañía que llevé y posteriormente para mí bastante entrañable, así que puedo decir que la experiencia fue de lo más satisfactoria, eso sí a doble velocidad porque lo que esperas siempre transcurre después más deprisa de lo deseado, como siempre que te lo pasas bien. Y más si es la segunda vez.

Lo que triunfó como pasarela actoral en el buen sentido durante esta visita fue el pasillo, pues por él vimos desfilar a todo el elenco mientras hacíamos tiempo entre toques de humor y miradas furtivas del taquillero que parecía pensar qué planes y de qué tipo podían tener las cuatro mozas y el mozo allí sentados esperando a que llegase la hora de la función.
Una vez dentro nos deleitamos para bien con los carteles de la obra recordando con cada uno de ellos muchas de las entradas que pueblan este blog.

Se puede pensar que cuando vas a ver una obra por segunda vez no aprecias diferencia alguna pero en mi caso no fue así. Para empezar aunque pueda parecer una tontería nos sentamos en la primera fila, así que parecía que Raúl al que tenía justo delante me estaba impartiendo aún más una lección casi gratuita de texto, expresión corporal y gestual. Y yo encantada de la vida porque no se puede decir que fuera una entusiasta del teatro hasta que conocí su trayectoria profesional gracias a él y a estas chicas;) y ahora controlo un poquito más de Chejov, de Brien Friel, o incluso de Harold Pinter y de su Traición, autor y obra de la que me hablaron en un encuentro aquí en Albacete en esta primavera.

Enfocándome en la obra y más concreto en los personajes hablaré en esta ocasión de los tres, el doctor Rice, Molly, y Frank desde mi punto de vista. Si el doctor es la visión objetiva de la pareja desde fuera, raciocinio y la esperanza quizás más para si y su carrera que para Molly, Frank es el entusiasmo dibujado en su personalidad, deseoso de compartir sus estrambóticas ideas con todo el mundo para hacerles partícipes de su disfrute por alocado o falto de razón que pueda parecer. Cuando la conoce es entusiasta y le transmite a ella las ganas de querer una cita, haciéndote confirmar que es bueno tener a una persona positiva a tu lado que te llene de su alegría, del amor que este profesa hacia todo lo que le gusta ya sean cabras iraníes o engramas a toda velocidad, pero el problema llega cuando desea transformarla haciendo de su mujer su causa. Y ahí llega la caída de esta que se autoconvence de que el cambio que sufrirá para su futuro es lo mejor, lo correcto por opiniones colaterales desencantándose ambos con el resultado final pues cuando el experimento fracasa este fracaso es de Frank y de Molly, ella desde un plano más médico y él desde el moral, un juez mucho más cruel que le llena de pesadumbre, mientras su decadencia mutua como pareja es observada sin poder hacer nada por Rice que es el que más se asemeja examinándoles a los que nos sentamos en el sillón. Así cuando Molly acepta operarse nos da el mensaje de que siempre queremos más a pesar de lo bien que estemos sin pensar en las consecuencias de los cambios, puesto que nada permanece eternamente en la felicidad conocida sin que esta se transforme sin poder apenas hacer algo después de tirarse a la piscina.

Y es que la señora Sweeney parece querer observar para contentar a aquellos que le han proporcionado la luminosidad que en realidad es la que importa, la interior, y al lograr ver ella se transforma igual que la belleza de las flores que nombra, perdiendo su esencia, su diferencia y lo que la convierte en lo que es para gustarle a los demás y a si misma y así dar con una obra que vale más no solo por lo que te enseña, si no por lo que uno piensa después.

Ya para terminar aparte de la función me gustaría destacar la amabilidad de José Maya y la conversación que tuvimos posteriormente con Raúl acerca de la serie, la publicidad, y la obra que les estaba dando muchas alegrías comprobando para la mía que seguía igual de sencillo, simpático y atento a los detalles, hasta para recordarme.

¿Repetimos el año que viene con otra?

Encuentro con Raúl (Avance)

Como algunos ya sabéis, el pasado fin de semana, dos de las administradoras del blog y dos habituales de éste, tuvimos la oportunidad de compartir unos minutos con Raúl tras disfrutar, en vivo y en directo, de ésa fantástica historia que es "Molly Sweeney".

En los próximos días, cada una de nosotras, a título individual, os contará que nos ha parecido la experiencia, tanto en lo referente a la obra como a nuestro encuentro con Raúl. Pero hasta que ese momento llegue, aquí os dejamos un aperitivo.


Junto a Raúl, Beatriz y Lucía, comentaristas y seguidoras de este blog. Al otro lado, el que ha sido vilmente cortado, las administradoras de este rincón, que prefieren seguir manteniendo el misterio respecto a su apariencia.

Os podemos adelantar que Raúl estuvo muy agradable, simpático y agradecido con nosotros; que tuvimos la oportunidad de hablar brevemente de "Molly Sweeney", de "El Internado" y de algunos aspectos cercanos a la serie que ya os iremos contando.
Mención especial para José Maya, compañero de Raúl en la obra y hombre encantador donde los haya; y para el inmenso trabajo de María Pastor en la obra, sobre el cual nos explayaremos en futuras entradas.

Muy pronto, más y mejor. :)

Regalos de la presentación de la quinta temporada

Llevamos ya varios días hablando de cómo fue la presentación de la quinta temporada de El internado a los medios. Os hemos hablado de las caras nuevas, de futuras tramas, del miedo que tenemos algunas...

Hoy, gracias a Ana, administradora de la webforo, tenemos información de primera mano de cómo fue esa presentación y además, tres regalos enormes.

El primero regalo es su encuentro con Raúl durante la presentación. Como ella se expresa maravillosamente bien, os transcribo su experiencia:

Con otro de los actores con los que estuve hablando, fue con mi queridísimo y adorable Raúl... ¡Tan simpático como siempre! Este chico no cambia... En que nos vimos, no dudamos en acernos y saludarnos... Recuerdo que su primer reacción fue "¡Hombre Ana!", y eso me encantó claro... Es bonito que se acuerden de tí, y cuando te vean te saluden de esa forma... ¿Qué decir de Raúl? Pues que es un tío extraordinario, con el que se puede hablar y que parece que la fama no vaya con él... Como comentaba él "Pues nada, aquí estamos una vez más...", contento de seguir una temporada más en la serie, y de poder seguir en un proyecto como esta. Seguidamente me preguntó por las fermarias, que qué tal estaban... Yo les dije que con ganas de verlo en acción, aunque con un poco de "miedo" por la situación de la nueva temporada entre María y Fermín, a lo que me contestó rápido que posiblemente esta temporada, se enfadarían un poco con él... "¡No conmigo! Sino con mi personaje..." decía riéndose... Al parece, cositas hará que no nos acabará de gustar mucho a las fermarias, aunque el piensa que sean cosas buenas o cosas malas, todas van en el mismo camino: la felicidad de María.

Me preguntó por la entonación de la palabra "fermaria", "¿Pero es fermaria o fermaría?" a lo que yo le contesté que yo desde un principio siempre lo dije sin acento, y las fermarias del foro, la mayor parte de ellas con acento, pero, una vez que le habían oído a él decirlo sin acento en aquel vídeo, se quedó oficial sin acento. Le estuve preguntando por el blog que tienen algunas de las fermarias de aquí, y rápidamente asintió con la cabeza que seguía leyéndolo... Incluso me comentó que le gustaban mucho algunas de las reflexiones que allí se hacían, ya que eran poco habituales con las que suelen hacer por ahí... En fin, hablamos de todo, como si nos conociéramos de toda la vida. Me alegré mucho de verle, de haber estado charlando con él, saber que continua visitando su blog que con tanto cariño se hace, y sobretodo, que continue en la serie ofreciéndonos lo merjorcito de Fermín, que, aunque estamos seguros que nos hará sufrir, si es por una buena causa, lo entenderemos y perdonaremos... Antes de irme, le avisé que había algo que llevaba tiempo deseando hacer y que esta vez, no podía irme de allí sin haberlo conseguido...


Podría hacer un comentario tan extenso que hasta vosotras os hartaríais de leer lo agradable, cercano, humilde y encantador que me parece Raúl, así que intentaré contenerme a mi misma y sacaré la vena telegráfica para decir:

- Que Ana no se cansa de decir lo amable, cercano y adorable que es. Por algo será. :P
- Que ya es un regalo el hecho de que, de cuando en cuando, lea lo que se sube a este blog, ya sea en forma de reflexión absurda, humorística o seria sobre uno de sus anteriores trabajos.
- Creo que no nos enfadaríamos con Fermín ni aunque quemara el internado con todos sus habitantes dentro, ¿me equivoco? :P
- Yo siempre he dicho Fermaría, con tilde en la "i", será defecto profesional. Mis niños del cole me matarían si descubrieran que la seño escribe esa palabra sin tilde. Ahora que os empeñáis y se queda como "fermaria". Lo que no podáis vosotros... :P

El segundo regalo que nos trajo Ana fue una serie de fotos realizadas en exclusiva para la web. Gracias a ellas, podemos ver a Raúl un poquito más de cerca que en las oficiales.

Advertencia: Las siguientes imágenes pueden provocar daños en su monitor. Los estudios han demostrado que el noventa y nueve por ciento de las usuarias que las vieron, terminaron mordiendo a la pantalla. El que avisa no es traidor.





Terminamos con el tercer regalo. Y antes de presentarlo, tenemos que darle las gracias de nuevo a Ana por la ocurrencia, y porque siempre, siempre, tiene un detalle con nosotras. Y luego a Raúl y a Marta por ser tan simpáticos y darnos tanto ánimo de cara a la nueva temporada. Como os queremos...


¡Mil gracias!

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Molly Sweeney: en primera persona (III)


No hay dos sin tres. Y la tercera fue Beatriz (Aurora), que el día 24 de enero tuvo la oportunidad de ver a Raúl en Molly Sweeney. Ella ha querido compartir su impresión con todos nosotros, y las administradoras del blog agradecemos muchísimo su elaborada crónica. No os la perdáis:

Al llegar a la calle Martínez Izquierdo habiendo torcido curiosamente a la derecha, uno se encuentra con La Guindalera y cree confundirla con un portal de una casa particular. De hecho enfrente, entre construcciones más modernas hay una, eso sí, abandonada y que parece resistirse al paso del tiempo, que daría lugar a miles de historias de cuento al igual que la obra que iba a ver representada. Allí entre símbolos de la comunidad, uno se encuentra con ese recoveco que cualquiera confundiría con una vecindad tragada por los muros que la hubiesen hecho suyos, con su pasillo lleno de artículos que más bien podrían llamarse recuerdos empapelados, hasta llegar a la puerta interior. Y cuando lo cruzas parece que te metes en otro mundo y has abandonado por un momento el Madrid fantasmagóricamente extraño, por solitario, de esa tarde de sábado en la que un taxi te traslada a velocidad de vértigo.

Reconozco que en mi primera entrada no me fijé detenidamente en el lugar, quizás porque me encontraba sin creerme que ese allí se hiciera realidad frente a mí, y como suele ser normal no tuviese nada que ver con lo que uno se imagina, y por el frío que arropaba involuntariamente mis huesos; y así preguntamos por nuestra reserva y la hora a la que se podía ir antes de que abrieran la sala, reconociendo la voz del muchacho que elegantemente me había atendido por teléfono.

Hablando de teatro yo no soy una gran entendida, pero debe ser como los sueños, lo es, como las caretas que perennes observan triste y alegre juntas de la mano, como estas dos emociones durante toda la vida, en este caso encima de una puerta, invitándote a observar su combinación una vez traspasas la sala y averiguar si esto te puede producir algo dentro de ti.

Al entrar lo primero que te pasa por la cabeza es la palabra chocante, cinco filas (quien dice cinco dice cuatro, seis...) eso sí, anchas pero en las que casi te das codo con codo con tu acompañante y observas con curiosidad como, con un detalle que dice mucho, esperan hasta que acoplan a una pareja en un lateral aunque la obra tenga que esperar. Y de pronto la negrura te envuelve, y ves a tres figuras desdibujadas colocarse cada una en una silla hasta que empieza el monólogo de una mujer. Y luego descubres a los otros actores acompañándola en su bestial interpretación y a Raúl lo miras como si no estuviese pasando, moviendo sus piernas nerviosamente y mascando ostentosamente con su mandíbula en su silla, hablando a toda pastilla y con su gran coletilla, traspasando con la mirada el silencio, y es que los sentimientos buscan un reposo en los ojos, y ellos lo saben y por eso aunque sea en pocas ocasiones se acercan a que seas partícipe de lo que sienten, como una vez en que se colocó delante de mí y durante varias frases no dejó de observarme, a escasos palmos, entre todos los demás, y comprendes que nunca vas a vivir algo así de nuevo. O como cuando bailas a través de sus pies, o agarras a Molly, o en su esfuerzo por hacerle ver una manzana, o cuando le lleva unas flores, o como cuando dicen que ella camina erguida y él derrotado simplemente de un modo precioso.

Y después les aplaudes a rabiar y él realiza un gesto con la mano señalando a la izquierda, probablemente agradeciendo el trabajo de alguien más. Al salir lo observas y le abordas y le cuentas de donde has venido, y te da las gracias por el detalle de la carta, y te explica cosas de Brian Friel y de como de difícil es para Molly su situación, y dice un “sí hombre” cuando le preguntas por una foto y te invita a un trago. Y mientras eres partícipe de su atención y de unos de los ojos otra vez más expresivos que la menda ha visto en su vida. Te despides de él y te marchas calle abajo, y te das cuenta de algo que hace que los sueños también son grises, como la vida, y no en color. Fue como un arranque de golpe, de todas aquellas horas de espera preparando un momento que la memoria olvidará, la voz, las imágenes, pero no los sentidos.

La próxima vez que vea a Carlos Almansa en la televisión será un actor y su esfuerzo para creérmelo, y para mí siempre será aquellos segundos. Y eso es con lo que uno se queda, con lo que permanezca en su interior, aunque sean pequeños granos de arena que después se desperdigan sin que tú lo quieras. Es la magia de la actuación y la de saber que durante unos mínimos minutos esa persona te dedicó una agradable conversación.

Gracias Raúl

¡Felicidades Raúl!



Felicidades por tu cumpleaños.

Felicidades por un año lleno de éxitos, fruto de una extensa trayectoria que va mucho más allá del personaje que te ha dado a conocer.

Felicidades por tu talento, ése que se desborda en cada personaje del que te adueñas. Ése que llora en los ojos del dolor intratable de Fermín, que ilumina la pasión de Frank, que dota de dulzura la torpeza de Antón y de fuerza la impulsividad de Treplev, que contagia la inocencia de Andrew.

Felicidades por tu humildad, la que te hace sentirte más lleno que nunca dándolo todo delante de ochenta personas en la sala Guindalera. La misma humildad que te hace tener siempre una palabra amable para nosotras.

Desde aquí, te deseamos un año lleno de trabajo, que es lo que a ti te gusta. Con eso nos conformamos…

Crónica de un regalo extraviado (II)


13 Diciembre 2008.
Después de cientos de conflictos internos, Jessica termina de montar el vídeo, que parece de una profesional, con créditos finales incluidos. Y además (hoy se sabrá públicamente) también se grabó a si misma bajo el título “Una hecmaría amenazada”, porque aunque le guste hacerse la dura, ella también se halla bajo el llamado “efecto Raúl”. :P
Y aquí tengo que hacer un inciso, porque aunque es prácticamente imposible explicar con palabras lo que sentí al verlo, sí que puedo decir que fue una experiencia brutal veros a todas, en movimiento, recitando vuestra parte. En serio.

14 Diciembre 2008.
Forna crea las portadas para el CD de los archivos secretos fermarías y para el libreto del blog.

17 Diciembre 2008.
Vampi envía la caja a Forna para que ésta se la pueda entregar, junto con Carol, el próximo día 21. El momento se acerca…

18 Diciembre 2008.
El paquete no ha llegado. Claro, es normal.

19 diciembre 2008.
El paquete no ha llegado. Bueno, quien dice 24 horas, dice 48, ¿no?

20 Diciembre 2008.
El paquete no ha llegado. Así que nuestro sueño se frustra en cierta medida. Forna graba el DVD con los archivos secretos y se los lleva a ver Molly Sweeney, aunque finalmente Carol y ella deciden no entregárselo. Le cuenta a Raúl por encima lo ocurrido y él (que es un encanto, todo sea dicho) le dice que pase el lunes por la sala Guindalera, cuando él va a ensayar, y se lo de entonces si el paquete ha llegado.

21 Diciembre 2008.
Remanso de paz. Forna y luna traen la crónica de Molly Sweeney que pudisteis leer en este blog, También nos cuenta que Raúl es un encanto, que es muy amable, un chico muy de a pie, y nosotras pasamos el día nadando en nuestras propias babas, sin pensar en que el lunes, en teoría, se debe hacer el segundo intento de entrega.

22 Diciembre 2008.
El paquete tampoco ha llegado.
Acojone generalizado. Vampi llama a Correos. Forna va a Correos. Nadie sabe nada. No hay ningún paquete. Salió de Santander, pero nadie sabe si llegó a Madrid. Nos cagamos en la Administración Pública. En Madrid nos dan a entender que el regalo ha sido robado. Feliz Jodida Navidad.

Tomamos la salida de emergencia. Parchis envía a Forna la carta que escribimos y que está dentro del paquete (escrita a mano, claro) para que la imprima y se la de junto al DVD de los archivos secretos fermarías. Por la tarde, Ana se encuentra con Raúl en la sala Guindalera.
No creo que haga falta hablar demasiado de la impresión que Ana se trajo a la vuelta. Que es encantador, que se reía, que apenas se lo creía y que le sorprendió que conociéramos su trabajo al margen de El Internado. De todas formas, a estas alturas, lo más gráfico es remitiros a las fotos que acompañan a este post. Su cara mientras leía la carta, creo que lo dice todo.



Y para terminar, un vídeo. La mayor hazaña fermaría desde que existimos como agrupación oficial. :P

Preparar un regalo de este tipo: Unos cuantos euros por cabeza.
Discutir con otras Fermarías: Los dos euros de la caja de aspirinas.
Esperar que todo salgan bien: Dos Padres Nuestros y un Ave María.
Escucharle decir tu nombre: No tiene precio.



El vídeo e imágenes que acompañan a esta entrada pertenecen a Fornarina y a este blog, por lo que no está permitido sacarlas de aquí sin el consentimiento expreso de las administradoras.