Cuando hace unos meses os presentamos en el blog el vídeo del grupo “Sex & Love Addicts” en el que intervenía Raúl, no teníamos la menor idea de lo que se cocía tras él. Su apariencia de grupo amateur indie nos hizo pensar que simplemente no les conocíamos por aquello de nuestra incultura musical en según qué ámbitos.De hecho, tardamos bastante tiempo en descubrir la tremenda y novedosa estrategia de marketing que ocultaba el videoclip. Todo, desde los actores que participaron en él hasta la letra de la canción estaban concebidos para promocionar el último libro de Lucía Etxebarría, “Lo verdadero es un momento de lo falso”.
Y tanto que lo es.
Nunca existieron los SLA, ni Pumuky, su líder. O al menos, nunca lo hicieron más allá de la imaginación de la escritora que les creó y de todos los que nos hemos paseado por las páginas de su libro fascinados ante el desfile de personajes reales, ficticios y aparentemente ficticios pero perfectamente identificables que lo pueblan. Entre los primeros, aparece un par de veces el nombre de Raúl Fernández. Entre los ficticios, Pumuky, Mario, Romano, Olga. De los últimos, sólo un par de ejemplos aparentes: David Martín, líder de un grupo adolescente, que ni canta ni lo necesita; o los duques que anuncian el cese temporal de su convivencia.
Para que te guste “Lo verdadero es un momento de lo falso” hay que comulgar con Lucía Etxebarría. Tiene que gustarte su forma de contar historias, sus excesos, el erotismo sin suavizantes y la crueldad sentimental que imprime a sus personajes. Dentro de sus particularidades, estamos quizá ante la mejor novela de la autora.
Construida a través de los relatos de los personajes que confluyen en ella, el lector trata de descubrir la personalidad de Pumuky, líder del grupo, y de los hechos que rodearon su muerte. No serán estos personajes, ni siquiera la propia autora, quienes nos desvelen qué pasó con el protagonista. Tendremos que ser cada uno de nosotros, los lectores, los que decidamos quién fue Pumuky y el por qué de su personalidad, sus actos y su muerte.
No es una novela apta para los detractores subjetivos de Lucía Etxebarría, pero sí es una novela para dejarse atrapar. Personalmente, no soy amiga de recomendar libros, películas, historias. Al fin y al cabo, lo verdadero es un momento de lo falso, y lo que para mí supone algo grande o nimio, para el que está a mi lado puede ser un auténtico fiasco. Pero hay razones para leer esta novela. Primera y principal, si estás leyendo esto, por curiosidad. Pero por encima de todo, porque es novedosa, entretenida, inteligente e intensa; porque te recuerda lo subjetivo que es tu propio punto de vista y porque al fin y al cabo, tú puedes decidir, por una vez, qué pasó con el protagonista de tu historia.



