“Con el culo al aire” no hizo honor a su nombre en su puesta de largo, que se ha convertido ya en el mejor estreno televisivo del año superando los cuatro millones de espectadores y marcando una cuota de share por encima del 20%. También fue protagonista en las redes sociales, llegando a posicionarse como Trending Topic en Twitter. Opiniones las hay de lo más variopintas, desde aquellos que juran fidelidad eterna al producto hasta los que prometen no dedicarle un minuto más de sus preciadas vidas, pero hay que reconocer que la idea ha tenido una magnífica acogida en términos generales. Siempre son complicados los comienzos de una comedia, sobre todo, si en ella se contienen tantísimos personajes. Hay que entender el capítulo piloto como una mera presentación de lo que serán los personajes y el hilo argumental, pero aún así, el estreno de anoche ya nos regaló algunas pinceladas de lo que pretenden que sea “Con el culo al aire”.
Hay mucho de los clásicos patrios en este arranque. La voz en off de Paco Tous, abriendo camino al capítulo, recuerda inevitablemente a nuestro Paco Miranda; por no hablar de ése “por mis santos pezones”, que a más de uno nos arrancó una carcajada al remitirnos a Don Lorenzo y sus santísimo cojones. La junta de vecinos en el bar, decidiendo sobre el futuro de Sandra, pedía a gritos la llegada de Juan Cuesta, presidente de la comunidad, para pacificar a los suyos.
Pero también hay carácter propio en la serie. Cómo no tenerlo con semejante plantel de actores. Ellos son los únicos capaces de compensar un guión que a ratos se queda un poco cojo, a ratos chispea, a ratos quiere virar hacia el drama castizo y ahí patina. “Con el culo al aire” no debe quedarse en otra comedia con tendencia a la lágrima, porque no se lo merece. Debe tirar de vinagre y mala leche y aderezarlo con un poco más de crítica social soterrada. La crisis se palpa en el ambiente y las actitudes, no hace falta nombrarla cada tres escenas. Vale más una ironía bien calculada, como en esa escena del restaurante en la que Ángel llama a la policía para entregarse.
Esa comunidad vecinal extraña debe mantenerse siempre más cerca de “Aquí no hay quien viva” que de “Los Serrano”, debe explotar el buen hacer de sus actores y arriesgar un poquito más para no quedarse en agua de borrajas.
En cuanto a nuestro Ángel, él promete ser uno de los puntos fuertes de la serie. Raúl tiene una química fantástica con su compañero Raúl Arévalo y con María León, con la que se adivina romance, siempre que Jorge lo permita. De aquí puede salir un triángulo amoroso de lo más peculiar, con Ángel como vértice. ¿O es que alguien duda de que Jorge sufre más por su reprimido amor por su amigo que por su embarazadísima ex?
Y a vosotros, ¿qué os ha parecido el inicio de “Con el culo al aire”?
Nostalgia de Fermín, de series que odias amas, que te obligan a sentarte en el sofá otra semana. Nostalgia de héroes, de amor épico. Nostalgia de la necesidad de encontrarse con esa persona que nunca has visto pero que es la única que puede compartir lo que te pasa por la mente. Nostalgia de fotos, de ruedas de prensa, del tándem Raúl y Marta, de delirio colectivo fermaría. Nostalgia de emociones previas y posteriores, de spoilers, de no querer saber el final.
Hoy hace un año que Antena3 emitía el final de una de sus series más longevas y de más éxito. "El internado" se despedía arrastrando todo lo bueno y lo malo que le fue convirtiendo en la serie que es. Y con él, nos decía adiós Fermín y todo lo que el personaje contenía, que era mucho.
En México, hoy dirán adiós a la serie. Tras siete temporadas, los seguidores sabrán por fin cómo termina todo esto, quién se va, quién se queda. Y por regla general, aquí ya aprendimos que las cosas nunca salen como los guionistas lo escriben. Porque a veces, en realidad se quedan los que se van, y se van de la mente los que se quedan.
Aquí aún nos acordamos de la madre del guionista que mató a Fermín. No nos engañemos, "El internado" no fue el símil televisivo a la invención de la pólvora. Cuando aterrizó la serie, ya casi todo estaba dicho en cuanto a series de misterio. Pero sí era la primera vez que en España, alguien se arriesgaba con un producto con un presupuesto importante, de género y con actores noveles campando a sus anchas junto a algunas de las vacas sagradas de la interpretación en este país.
Los guionistas bebieron de las fuentes de las drogas duras series americanas que ya eran un éxito aquí, cogieron lo que les gustó, le pusieron un poco de sal y pimienta, lo promocionaron bien y terminaron haciendo dos temporadas iniciales que no tenían desperdicio. La tercera no estuvo mal y, a partir de la cuarta, la trama empezó a pedir a gritos auxilio.
Entre patinazo y patinazo, "El internado" seguía siendo quien era porque tenía dinero, equipo y actores (amén de leche de oveja, compañías telefónicas, emisoras de radio, productos desengrasantes y un sinfín de productos que aderezaban el entuerto). Jacques Noiret se volvió más malo que nunca y comenzó a despeinarse, los chicos renunciaron a las expediciones bajo tierra, llegó un tipo que pretendía ser malo pero daba bastante risa, el profesor malvado se convirtió en Hellraiser, a Fermín le endosaron un apéndice que a ratos resultaba indigesto, a ratos favorecedor; a Iván le pasó de todo, a María también. Paula y Evelyn siguieron salpicando los capítulos de incomprensibles tramas. Y aquí seguimos los espectadores, maestros en el arte de la paciencia.
"El internado" empezó como serie de género y terminó como serie familiar. Quizá por eso el final tuvo poco de épico y mucho de patético. Y que conste que no es el rencor lo que posee mis teclas, sino más bien la distancia, que siempre ayuda a ver las cosas con perspectiva.
Aún así, queda Fermín en la memoria colectiva como el personaje que puso ante millones de espectadores el talento interpretativo de Raúl Fernández. Un personaje que representó durante siete temporadas un arquetipo distinto de héroe, que escribió una historia de amor que no estaba preparada para ser así.
A pesar de todo, aún hay nostalgia de Fermín.
PD: Esperamos que estéis disfrutando de las sesiones ininterrumpidas de pelis románticas. Este mes os volvemos a mandar la dote para palomitas. Os echamos de menos.
El blog me ha dado muchas oportunidades de poder expresarme, de dar mi opinión, de plasmar como me sentía en determinados momentos, así que hoy si os apetece me gustaría contaros algo.
Antes mi imaginación era más grande y mi vocabulario menor. Supongo que le pasa a mucha gente con el paso del tiempo. Siempre desde muy pequeña solía agarrar un libro y no lo soltaba hasta que lo terminaba. Posteriormente, en mi adolescencia, mi gusto por la lectura lo compartí con la pantalla grande y allí vi historias que por ser las primeras con una temática más adulta y en ese tipo de salas tenían un encanto que a veces uno no le sabe encontrar ahora. Pero el cine desde entonces es una de mis grandes pasiones. Al teatro tardé más en descubrirlo y no lo he frecuentado demasiado.
Yo viví mis primeros años en un pueblo madrileño antes de venir a la ciudad en la que vivo ahora pero la memoria es frágil. Después de poner el ave a mediados de los noventa aprovechamos para ir un par de navidades seguidas a la capital, y no fueron las visitas afortunadamente todas dedicadas al comercio, porque las tiendas a mí me aburren bastante. Desde entonces guardo un recuerdo cariñoso de Madrid, probablemente auspiciado por los buenos momentos de aquella época y porque no es lo mismo experimentar la ciudad como un turista que con el día a día de los de allí. Y os estaréis preguntando qué tiene que ver todo esto con el blog.
Por aquel tiempo también vi mi primera obra de teatro, al menos en mis recuerdos, cinco años después de esas visitas adolescentes, de nuevo en navidad, bueno, era musical, pero también cuenta, en una época en la que ya antes me había dado por afición agarrar un bolígrafo y ponerme a escribir en mi tiempo libre como hace otra mucha gente (os podéis imaginar con que resultados a esas edades, pero eso era lo de menos si te gustaba). Recuerdo que volví muy contenta, pero por azares y situaciones no regresé a la capital en un periodo muy largo.
Pero el motivo no sé muy bien por qué que me llevó a este artículo es un pequeño escarceo que tuve con el mundo del teatro cuando tenía dieciséis años que me gustaría compartir con vosotros. Yo iba a un instituto en el cual había optativas con un sistema de estudios anterior al de ahora. En primero el dibujo sí que era obligado (un desastre, porque nunca heredé el buen hacer por los pinceles y lápices de mi padre y mi hermana y siempre he temido a un compás), en segundo lo intenté con la informática en unos tiempos en que Bill Gates estaría estudiando todavía o que en España las cosas tardaban más en llegar así que el 10 esc 20… tampoco fue lo mío. En tercero elegí letras puras y otra vez me cambié de optativa, y esta vez escogí el teatro. Cuando marqué la x casi quise huir en busca del tipex pero era aquello o lo malo conocido (no en vano mi única experiencia cercana al medio había sido una lectura en voz alta común de Don Juan Tenorio).
Recuerdo que teníamos dos partes a aprobar: la teórica y la práctica. Para la primera me compré un librito (bueno, más bien me compraron) en cuya portada había dos caretas dibujadas, una sonriente y otra triste al estilo de las que hay sobre la puerta de entrada al escenario de la guindalera. Luego estaba la práctica y aquello podía ser duro si te lo querías tomar así o elegir otro camino echando el resto porque suspender dos evaluaciones de matemáticas tiene su “encanto”, pero que te quede alguna de teatro no sé yo.
La profesora era una mezcla entre severa y parecer estar pasando un rato divertido a nuestra costa, más lo primero así que tu pensamiento era yo hago de gato, modelo de pasarela y lo que dios quiera con tal de sacar esta asignatura adelante. No digo que no fuera para mí la actitud más correcta pero tuve otros profesores que sí me gustaban más. Eso sí, surtía efecto el “o sales o te pongo un cero”J, igualito que ahora, ¿eh? Y lo hacías. Pero el caso es que para la edad tan tonta en la que me pilló no me disgustó (en gran medida gracias a que no tuve que memorizar ningún texto y casi todo salía de tu improvisación y ese año no tenía yo vergüenza en el buen sentido).
A finales de curso nos visitaron unos ex alumnos, un par de chicos que tendrían unos años más que nosotros (tranquilas, ninguno era Raúl) y nos requirieron para grabar un par de escenas en el centro con el fin de realizar un cortometraje. Hicimos un ensayo en el aula de la primera, en la cual entraba un atracador con pistola (imaginaria, por supuesto) que apuntaba al techo, y al clic nos tirábamos debajo de la mesa para después correr por el pasillo y terminar haciéndolo escalera abajo. Recuerdo que pensamos entre compañeros como nos lanzaríamos, la manera de hacerlo o expresarlo. No habría hecho falta. Cuando el petardazo, ahora real, sonó al día siguiente, esta vez sí en el rodaje, nos dimos más de un coscorrón muy natural al agacharnos con las mesas para luego salir como alma que lleva el diablo por la puerta. Fue una experiencia muy divertida (tanto que se tuvo que repetir toma porque más de uno salió riéndose mirando a cámara en la huida) y el muchacho tuvo la deferencia de mostrarnos el corto una vez ya montado (no me acuerdo de lo que trataba pues no dejó una huella lo que se dice honda en mí). Eso sí, todavía debe perdurar mi momento en la segunda secuencia que hicimos en el que dos o tres me adelantan por la escalera ante la situación de o bajo poco a poco o me la pego en algún cajón de vhs olvidado.
Al final aprobé y aquella pequeña experiencia con el medio empezó y finalizó allí. Será el respeto, pero el año pasado tuve entre mis manos un folleto de un curso de teatro que me tiró para atrás al ser anual. Este año cuando abran las matrículas en septiembre sí me gustaría hacer algo para pasar un buen rato, pero no sé si tendré valor para tirarme a la piscina en esa materia.
Mi gusto por el cine y la lectura sí que se tradujo más en agarrar algún bolígrafo y en escribir por afición historias teniendo en cuenta las limitaciones o las posibilidades de mejora que uno puede tener. Ha habido muchas cosas, hechos, lugares, personas y personajes que me han hecho escribir en al menos una ocasión entre ellas Fermín y Raúl, que al fin y al cabo fue el que lo interpretó. Pero para despedirme os dejo un fragmento que le dediqué a la guindalera tras mi primera visita, ese maravilloso efecto colateral de el internado y Raúl desde el punto de vista hipotético de muchos años después.
“Y súbitamente llegué a aquella calle y enseguida la asocié con aquella vez. Yo que siempre había sido de pasiones por recopilar cosas como he explicado antes, también lo era de que me diese fuerte por ello y luego olvidarlo rápidamente. Todo era muy diferente, había gente por todos lados no como aquel día y aquella casa vieja había desaparecido. Allí seguía aquella puerta abierta, en cuyo interior lo había pasado tan bien. No sé por qué quise pasar de largo y ni siquiera quise entrar como si aquel pasillo del interior me hubiese ofendido. Pero debí dudar un instante.”
La casa de momento todavía sigue allí. Y espero que el teatro lo esté mucho. Nunca he tenido tantas dudas a la hora de entrar en él para bien, pero sorprendentemente como en este párrafo volví, dos veces, una ocho meses después y otra el pasado enero. Lo de seguir la trayectoria de Raúl por aquí como podéis comprobar aún no se me ha pasado.
Así me hallo. Este artículo no va de teatro, ni de series, ni de actores. Va más bien de libertad, que es algo que ha imperado desde el principio por estos lares. Aquí se ha hablado de casi todo, y vistas las últimas noticias, no puedo resistirme a escribir sobre ello. Os pongo en antecedentes para justificar mi indignación.
La ministra de Sanidad, Leire Pajín, a la que al margen de convicciones políticas habría un amplísimo vocabulario con el que adjetivarla, habló hace unos días al propósito de la prohibición de fumar durante el desarrollo de ciertas obras teatrales en cartel. Parece ser que a la señorita Pajín le parece poco el daño hecho a la cultura por su bienamada colega, la señorita Sinde, y también parece dispuesta a opinar sobre el mundo de la farándula y el teatro en general.
Dice la sosudicha que, tal como se hace con los asesinatos, también se podría simular que se fuma sin hacerlo realmente. Acudieron prestos los chicos del musical "Hair" (ahora en Barcelona, y denunciados hace unos días por un espectador) para especificar que no fuman tabaco, sino albahaca, hojas de nogal y otras plantas inofensivas.
Y en esas estamos. Porque mi cabeza, señores, echa humo. Se enciende ante la incompresión. Debe ser que mis pocas neuronas, corrompidas por la nicotina, no dan para más. Pero se me hace demasiado difícil, demasiado complejo, entender que en este siglo nos esté pasando esto. Porque entiendo que nadie tiene que tragarse el humo del vecino con su filete y sus patatas. Entiendo que el que quiera tomarse una copa en una discoteca no quiera fumarse tu Marlboro. Lo entiendo casi todo a este respecto. Pero no me entra en la cabeza que se cercene, se censure de este modo, el espíritu del teatro, el arte de crear un personaje.
Y sobre todo, me da miedo por lo que pueda suponer. Hoy es el tabaco, compañero fiel de Sherlock Holmes y del poeta en Nueva York de Lorca, fetiche en los dedos de la Stone, atmósfera en Casablanca. Pero ¿qué será mañana?
Dice Boadella, director de "Amadeu", que "la segunda parte será prohibir “Otello” por inducir a la violencia de género, u otras obras de Shakespeare por invitar al asesinato. Mal vamos si no se entiende el mundo del teatro como una excepción, un lugar donde ha de imperar la libertad."
La directora Tamzin Townsend, una de las imprescindibles de la escena en España en los últimos años, dice que "acabaremos por no poder desnudar a los actores ni decir tacos: el teatro tiene que representar la vida".
Para otro reconocido director, Ernesto Caballero, "la corrección política no se puede imponer sobre las obras porque nos quedaríamos sin las pitilleras de Oscar Wilde, sin Shakespeare, sin Esquilo, sin Sófocles, sin Molière... Esto es algo muy chocante que denota una incultura pavorosa".
No temáis, que nos apañaremos. El teatro no dejará de ser teatro por fumar cigarrillos eléctricos, por cambiar los "Cojones" por los "Recórcholis" o por omitir la misoginia de Otello, sustituyéndola por una leve adicción a los "Sálvame" de Telecinco, por poner un ejemplo de algo que sí está bien visto y que no produce daño en ningún ser humano.
Dice la Pajín que "En este país hay mucho talento y se sabrá perfectamente cómo hacerlo". Para talento el tuyo, guapa.
Los extras del pack completo de DVD´s de El internado no parecen contener demasiadas sorpresas, pero más allá del Making of de la séptima temporada que podíais ver en la entrada anterior, nos ofrecen un recopilatorio de ideas y comentarios de los miembros del equipo, tratando de explicar por qué en su día la serie se convirtió en un éxito.
Prácticamente todos alaban el trabajo bien hecho del equipo técnico y artístico, pero cuando entrar a valorar otros factores es dónde llega lo más interesante, la chicha del vídeo.
Para Daniel Écija la clave está en que El internado "planteaba una serie de preguntas y vivía de la ansiedad del espectador por responder a esas preguntas". Una visión parecida da Laura Belloso, que comenta que la serie se hizo "dosificando la información para que el misterio funcionase". Al quite está nuestro Raúl Fernández, afirmando que El internado pertenece a un "género díficil de mantener". Razón no le falta, y todos lo sabemos ahora, después de ver cómo la calidad de la serie caía en picado temporada a temporada. Y es que fue imposible dosificar la información tanto como Laura Belloso pretendía, por lo que los interrogantes que mantenían el interés del espectador que comentaba Daniel Écija, se acabaron despejando mucho antes de que la serie se diese por acabada. Una vez desentrañado el misterio principal, ¿cómo se puede mantener la calidad de una serie? Ciertamente en El internado no está la respuesta. Amparo Baró resume esto de una manera magistral, con un frase inacabada que tiene mucha miga. Al loro: "...una serie que empezó con magia, historias de gnomos, con cosas maravillosas, y que se ha ido liando, liando, liando,...". Díficil hacer un resumen más certero.
El vídeo contiene algunos momentos impagables, como escuchar a Blanca Suárez que tras rodar una de las primeras secuencias, "no sabía si iba a ser capaz de hacer algo interesante en la serie". Pues parece que mal del todo no lo hizo, porque, mientras el 98% de las actrices españolas (y probablemente me quede corta) matarían por trabajar con Almódovar, el director la ha elegido a ella para participar en su próxima peli. Daniel Retuerta derrocha su simpatía habitual en otro gran momento en el que nos cuenta como ha cambiado su vida a raíz de El internado: "ahora la gente en lugar de llamarme la atención, me grita asesino por la calle". No veo yo muy claro lo positivo de este cambio, aunque seguro que, aún con eso, la "experiencia internado" le ha merecido la pena con creces.
Y dejo para el final lo más me ha gustado, las palabras del hombre que puso a Raúl Fernández en El internado, que resumen muy bien el sentir general de los que construímos este blog. Dice Luis San Narciso "Yo soy fan de Raúl Fernández. Raúl es grande. Está dotado de mil matices a la hora de desarrollar un personaje". ¿Alguien se atreve a intentar explicar mejor que es eso que tiene Raúl Fernández? :P
Una vez más, gracias infinitas a Berta porque "por su culpa" podemos ver los vídeos que acompañan la entrada ;)
Después de tanto tiempo colándose en nuestra tele ataviado con uniforme de cocinero, produce una sensación muy extraña ver a Raúl de una guisa totalmente distinta en la pequeña pantalla. Tanto es así, que, a pesar de que a Raúl no le suele faltar pericia interpretativa, resulta difícil creerse a un nuevo personaje tan alejado de Fermín como es el maestro Manuel Alejandro.
Vale, lo reconozco. Admito que muy probablemente, la incapacidad de una servidora para entrar de lleno en la historia, se deba a que la vida de Raphael le viene interesando lo mismo que las técnicas de cultivo de los repollos tempranos en la Escandinavia meridional. Y es que, más que vivir las escenas de Raúl en la serie “Raphael, una historia de superación personal” como parte de una historia real capaz de conmover, lo que me sale es sorprenderme con un Raúl caracterizado con trajes corbata años 60, gafapastas imposibles y expresándose con una gracia jerezana “que no se pué aguantá”. Juzgad por vosotros mismos:
Tengo que decir para quedarme a gusto conmigo misma que, a pesar de haber disfrutado con el vídeo como la que más por el hecho ver unos minutitos de Raúl Fernández en acción, la miniserie no ha sido nunca santo de mi devoción. Por más que se cuente con el consentimiento del interesado y de su familia, por más que el trabajo esté muy bien hecho y la calidad técnica y actoral sea digna de mención, aprovechar el interés despertado por la enfermedad de un personaje público para hacer audiencia a costa de una miniserie que narre tal desgracia, me parece una claro indicador del nivel de la ética televisiva que se gastan los canales patrios. Ahí queda dicho.
Nadie mejor que una de ellas para comentar este final. Porque ante todo, esta crónica derrocha sentido del humor, ése tan característico que hizo que nos engancháramos a su blog. Y eso, tras ver lo que hemos visto, tiene más mérito que nunca. Miki, de Epic Us, nos trae su análisis de "El fin".
¡Hola! Soy Miki de Epic Us para comentar con nuestro “sello personal” el último episodio. Tanto Magik como yo estamos muy contentas de poder aportar nuestro granito de arena. ¡Muchas gracias por darnos la oportunidad de hacerlo!
Bueno, pues, los que nos hayáis leído alguna vez, ya lo sabéis: nuestro “sello personal” es que le sacamos el humor a tanto drama. Pero entonces también sabréis que nuestro personaje favorito (si bien también nos gustan otros tantos) siempre ha sido Fermín, pero haré todo lo posible por escarbar en mi cerebro para buscar esa parte que siempre saca los comentarios ácidos y/o humorísticos para el resto de las cosas, pero aún no sé qué saldrá. Por esta razón, voy a empezar hablando de lo que pienso del único tema al que no puedo ( o mejor dicho no quiero) sacarle el humor, y después, no volveré a mencionarlo. Veamos, yo soy de la opinión de que matar a Fermín ha sido un error, porque… bueno, porque Fermín siempre vuelve. Él es el héroe de la historia, nuestro sheriff Almansa, y creo que su muerte aporta menos que su vida a la trama. Pero lo que de verdad, de verdad me cabrea y me frustra no es que haya muerto, sino cómo lo hizo. ¿Alguien se cree que en medio de un súper-vacile al Madelman, después de sobrevivir a miles de cosas durante siete temporadas, nuestro sheriff favorito se despiste y muera de un navajazo? Yo no. Y estoy frustrada porque soy una llorona: ese sitio al que vais en verano, así salado… sí, el mar, eso. Lo hice yo. Lloré cuando Elsa murió, a pesar de que era un personaje que no sólo nunca me gustó sino que la odié la mayor parte del tiempo, pero su muerte me emocionó. Mi personaje favorito murió en este episodio y a mí ni siquiera se me saltaron las lágrimas. Es muy triste, eso. Y lo siento, pero lo del fantasma tampoco me lo trago y no me gustó ni pizquita. Así como tampoco me gustó que se juntaran todos y dejaran a Fermín por ahí tirao ¬¬.
Bien, hasta aquí llega la tristeza, indignación y ñoñería, y no volveré a tocar el tema en el resto de la reseña a no ser que sea para acordarme de guionistas de manos anilladas sentados en sillones caros, fumando habanos y bebiendo vino que no contenga cesio 137. Ahora vamos a lo bueno.
El episodio arranca con la versión de Mimosín de la luz al final del túnel. Mientras el Enano, que da mucho yuyu, está en la luz, Julia tira de él para que no se vaya y yo decía: “¡No vayas hacia la luz, Caroline!” Mimosín se despierta como nuevo y mientras todos cantan victoria nuestro sheriff es el que se asegura de que está curado haciéndole la prueba.
Así pues, como la máquina funciona, ocho horas más tarde están casi todos curados. Vemos a Julia ir a hablar con Fermín, pero no sabemos de qué hasta más tarde. Nuestro sheriff convoca asamblea y se reúnen en un aula para hablar del plan para escapar. El Galleguiño le dio a los coeficientes en el episodio anterior, pero no tenía tanto mérito como para que lo convocaran ahí. Por cierto, que levante la mano quien pensó, al ver al sheriff Almansa en la pizarra explicando, no pensó que querría tener un profesor Almansa. Yo si hace falta levanto las dos manos y hasta las piernas. Así pues, el sheriff y el Madelman harán de cebo saliendo por una puerta, mientras el resto salen por otra.
El Madelman que no puede callarse y hacer otras cosas con la lengua que no sea chivarse a los chungos de los nazis (ni cuando estaba entretenido con Elsa, este hombre…), comparte una escena con Heidi, que ahora tiene nuevo mote cortesía de Magik: Zorrenmeyer, en la que ésta le vacila y lo llama inútil. En fin, los nazis deciden gasear a todo dios y hacerles creer a los soldados que solo están dormidos y mueren de la enfermedad (tengo una pregunta, profe: ¿los soldados son tontos?).
Además de todo esto, nuestro sheriff ha decidido no dejar ni un cabo suelto y va a acabar con todas las posibilidades de Ottox y para eso, se encarga de digievolucionar a nuestra entrañable tontipandi a… ¡la mejorada y psicópata piropandi! Pero, oh, que glorioso ha sido. No sé vosotros pero en mis días de instituto, más de una vez (y de dos) he deseado quemar el dichoso instituto (y con algunos profes dentro xD). Aunque me ha dado pena porque mi instituto era un instituto normal de barrio y el internado era super bonito y quemarlo da como lastimilla.
Mientras todo esto pasa, los críos siguen a lo suyo. Evelyn se ha dado cuenta de que su verdadero amor es el Anticristo, algo que todos sabíamos y decide dejar de ser una mala influencia para el niño de mis ojos. Así pues, Lucas se libra de ella y sí, yo respiro tranquila. Pero ya sabemos que hasta el final iban a estar dando por saco, estas crías, por lo que Paula se saca una nota del bolsillo, supuestamente de su hermano, donde le dice que se esconda en su habitación para buscar a su madre. Con la de coeficientes que tiene la niña, ¿no reconoce la letra de su hermano?
Por otra parte, Héctor ha salido con Irene y enseguida deduce que los soldados no son buenos. Gracias, Héctor, por utilizar los coeficientes. Ven el internado arder y se piensan lo peor. Por su parte, RebeLightyear está aguantando ostias como panes que vienen de parte de Hugo, que cuando sus víctimas están atadas (o inconscientes) pues claro… Pero al menos esto sirve para que un soldado sospeche que algo no va bien y después, acaba ayudándola.
A partir de que Evelyn vaya a buscar a la piropandi para avisarles de que Paula no está, empiezan a dividirse en plan: “Sigue tú y ya luego voy yo”. Las chicas se van con Evelyn a los pasadizos, mientras que los chicos se quedan para buscar a Paula. Y los nazis, también se dividen: el coronel se va a revivir su juventud gaseando a los niños en los pasadizos y Hugo se va al internado a intentar recuperar el virus y la máquina.
El sheriff Almansa y el Madelman se separan del resto para ir a llamar la atención de los soldados disparando a una mina en una de las salidas. Mientras nuestro sheriff busca las minas, el Madelman está pensando que le va a dar Fairy (acabo de traumatizarme con lo que acabo de escribir. ¿Vosotras también? A mí me ha disparado una imagen mental que no voy a poder olvidar mientras viva xD). Pero, amigo Madelman, te sale el tiro (o el Fairy xD) por la culata, porque nuestro sheriff ya sabía que eras de los chungos. Resulta que Julia le enseña a Fermín un vídeo que el Enano grabó con su móvil, que descubría que el Madelman estaba con Ottox desde el principio. Esto me ha gustado porque al final, el Enano les ha salvado el culo a todos. Así pues nuestro sheriff monta el tinglao para que el Madelman se piense que los niños van a salir por una puerta que no es, ya que en realidad, salen por el pozo.
Así que nuestro sheriff que está con el badass mode enchufao y a toda potencia, desarma al Madelman y le suelta uno de esos vaciles que nos hacen suspirar. Y entonces resulta que el Madelman le debió de quitarle la navaja a Bambi-Cani y pasa ese sinsentido del que no voy a hablar.
Zorrenmeyer, como ya todos sabíamos, era la autora de la notita de Paula y va a recogerla y la engatusa diciéndole que la va a llevar con su hermano. Van a entrar en los pasadizos cuando aparece Hugo, que se ha quedado sin virus, ni máquina, ni perro que le ladre (uuuuy, qué pena…), pero se pone chulito y les dice que Zorrenmeyer es la nietísima. Ella se lleva a la niña a los pasadizos, así que Mimosín le dice al Galleguiño que se vaya a por ella, mientras él se encarga de Hugo. Así que trinca un palo y nos revela su verdadera identidad: ¡es Mimo-tello! (No intentéis negarlo: todos veíamos las Tortugas Ninja y Donatello era la mejor, tal y como dijo también Magik).
En los pasadizos, el Galleguiño se encuentra con la Frutera y con Julia. La Frutera se va con él, mientras Julia se va a por Mimosín. La pobre llega justo a tiempo de ver como Mimo-tello le está dando pal pelo a Hugo, que acaba lanzado en el fuego y muere sufriendo. Que levante la mano (otra vez XD) quien dijo: “¡Sufre perra!” Ehm… ¿Sólo yo? Jo, vale… xD. Y no es que ver eso sea malo, lo malo es que la chimenea se derrumba y Mimosín se queda dentro del internado.
El Galleguiño ha dejado atrás a la Frutera en su carrera y cuando encuentra a Zorrenmyer, ésta amenaza con meterle a Paula un chute del Fairy amarillo, que ya sabéis que directamente mata, no es como el del Madelman. Parece que va a salir con la niña cuando aparece la Frutera y le mete un palazo de la ostia en plena chola que la tira al suelo y hace que se autoinyecte el Fairy. ¡Ja! Toma castaña, puta acoplada (aplausos para la Frutera). He de decir que temo por la vida de Fidel, porque esta chica es capaz de darle otro palazo de esos para quedarse con el soldado MariTorres, que le ha tirado los tejos descaradamente (lo mismo aprendió de la estudiada técnica de tiro de caña del Madelman).
A todo esto, el Cachas y Ratón-poli han salido con los críos y demás e intentan pasar la valla, aunque el soldado que hay allí no les quiere dejar. María se entera de que el Madelman es chungo ahí y se va corriendo a por nuestro sheriff, al igual que Julia que se va a por Mimosín. Van a pasar del soldado porque no serán machos pero son muchos y claro, le pueden, pero justamente ahí vuelve a aparecer el Madelman que, en su pacto con el diablo para conseguir belleza y esa suerte loca que tenía hasta ahora, también consiguió teletransporte. Pero entonces aparece Héctor, escopeta en mano, acompañado de Irene y consigue que los soldados se pongan de su parte. Por cierto, siete jodidas temporadas para este reencuentro y más soso y… Química nula de Irene Espí con sus dichosos hijos. Al contrario que el reencuentro de Héctor y Jacinta, que ha sido muy bonito.
En estas RebeLightyear aparece y detiene al par de joyas nazis, que se iban a pirar, por crímenes contra la humanidad. Por fin. Y se reencuentra con el Cachas y hasta Lucas está feliz. Todos están muy felices viendo arder el internado menos quien-vosotros-ya-sabéis y nosotros. Pero ya sabéis, prometí no hablar más del tema que es un mata-buenhumor y yo soy una mujer de palabra.
Y bueno, hasta aquí mi versión de los hechos, espero que os haya gustado y si os he hecho sonreír en algún momento, mejor que mejor.
Tenéis quí, aunque duela volver a verlas, el vídeo con las últimas escenas de Fermín en El internado ;)
Y por si no os conformáis con verlas en el blog y queréis conservarlas para siempre en vuestros discos duros, aquí dejamos un enlace en el que podéis descargarlas: http://www.megaupload.com/?d=7YX5PXCS
A los que hacen El internado les gusta definir la serie un cocktail explosivo de emociones y acción. Los que nos bebemos ese cocktail semanalmente, lo saboreamos con gusto, pero nos hemos encontrado de vez en cuando con algunos tragos amargos difíciles de digerir. La receta de “La luz” tiene de todo esto:
Primer ingrediente: las emociones
Si la muerte de Elsa impresionó a los seguidores más fieles de la serie la semana pasada, hoy muchos nos veíamos obligados a maldisimular la emoción por la carta-legado que la dire deja los suyos. Y es que las imágenes de los personajes que acompañan a la voz en off de Elsa, el texto sobreimpreso como fondo del conjunto y la poderosa fuerza del mensaje lanzado, conseguirían ablandar el corazoncito hasta al mismísimo Chuck Norris.
Iván también lograba hoy removernos algo por dentro. Ese tsunami de sentimientos ante la visión del cadáver del amigo traidor, termina desembocando en una liberación de la rabia, del odio, del dolor y yo diría que hasta de la culpa que lo devora por dentro. Todo esto se materializa en un grito furioso al cuerpo sin vida de Roque, con el que se recuerda a sí mismo más que a nadie, cuánto merecía esa muerte tan trágica. Momento perturbador donde los haya.
Aquellos que quieren a Rebeca también han contagiado al espectador su sufrimiento a la perfección. Toda la esperanza de Martín, expresada con una simple sonrisa ilusionada y algo bobalicona al comprobar que el cocinero ha vuelto ileso del campo de batalla, se torna en profundo desaliento ante el silencio como respuesta a su pregunta “¿y Rebeca?”. Vemos después el dolor de Fermín, el amigo, el héroe atormentado por el pesar de haber tenido que abandonar a su camarada a su suerte, pero también el consuelo que encuentra en su chica, en otra de esas escenas que ponen los pelitos como escarpias.
Segundo ingrediente: la acción
El enfrentamiento buenos contra malos se ha llevado a la máxima crudeza en esta última temporada, y eso está desembocando en liberaciones masivas de adrenalina en el espectador medio.
Protagonista absoluta de esta acción ha sido una Rebeca descomunal, que con su astucia consigue, desde territorio hostil, hacer saber a los suyos dónde ha colado el uranio que hará funcionar la máquina milagrosa. Este golazo por toda la escuadra al equipo de los nazis, desemboca en el que, a mi parecer, es uno de los mejores y más simbólicos momentos del capítulo: la búsqueda del bote de café. En una escena bastante lograda, vemos cómo la cámara salta sin descanso de una localización a otra, logrando con este ejercicio al que no nos tienen acostumbrados, una tensión bastante interesante.
El mérito de nuestra cazanazis no queda ahí, la Rebe se termina de cubrir de gloria con su mirada altiva y desafiante a Hugo, cuando ya parecía que nada le podía salvar de una ejecución segura. Ella solita consigue sembrar el desconcierto entre la plana mayor del proyecto Géminis, haciéndoles dudar de que estén en posesión del verdadero virus. Chapeau por otro gran momento.
Dentro del Laguna Negra las cosas también andan calentitas. Garrido se sale por primera vez del redil militar después de saber que fuera no tiene posibilidades de sobrevivir, aunque desconocedor aún de que, con Amelia, murió la promesa de recuperar a su hijo. Este bandazo se produce gracias a la confesión de la jugarreta del calvo, que, o tiene ojos en el cogote, o un sentido de la oportunidad en sus comentarios que roza el virtuosismo. Fermín por su parte, toma el control de la situación poniendo al coronel Araujo los puntos sobre la íes con una virilidad la mar de sugestiva, y organizando en un pispás los recursos técnicos y humanos para completar la máquina de Max.
Todo esto lleva, tal vez, al final de capítulo más épico y apoteósico que hemos visto hasta ahora. Cuando los nazis ya se estaban felicitando por su victoria, una potentísima luz resplandece en la oscuridad de la noche del Laguna Negra: los chicos buenos han ganado la batalla.
Los tragos amargos
Antes de entrar de lleno en los detalles que no me han gustado, tengo que decir que la mayoría de los tropezones del capítulo de hoy se han derivado de otros anteriores, que sólo podrían haberse evitado terminando la serie a su debido tiempo.
El reencuentro de los hermanos Espí apuntaba, allá por la tercera temporada, maneras de convertirse en uno de los momentos cumbres de la serie, pero hoy pasó sin pena ni gloria por nuestras pantallas. En mi humilde opinión, no estaba mal guionizado ni tampoco mal interpretado, pero ha quedado completamente fuera de la onda general de la serie: ¿qué pintan Samuel e Irene en medio de la batalla por salvar/dejar morir a los infectados en la que ha terminado derivando “El internado”?
El otro punto negro del capítulo ha sido Amaia. Ni tan siquiera el hecho de revelarse como mala ha redimido a este personaje tan insultancial: su momento álgido ha sido perpetrar el asesinato del bueno de Max, pero estoy segura de que, en otras circunstancias, y sin necesidad de estrujarse demasiado las neuronas, los guionistas podrían haber resuelto este punto sin necesidad de que ella hiciera jamás acto de presencia en el Laguna Negra. Pero hay algo que hoy me ha cabreadro infinitamente más que la presencia de Amaia en la serie, y es que se considere que los espectadores no tenemos luces suficientes para sumar dos más dos: ¿era realmente necesario el flashback para explicarnos que Amaia es nieta de la Rauber o podíamos haber aplicado nuestras desarrolladísimas capacidades deductivas para llegar a esa conclusión por nosotros mismos?
El toque final del cocktail se lo ponen esos pequeños “detallitos sin importancia” que lo dotan de un encanto sin igual: ¿por qué en un bosque sembrado de minas hay más actividad que en plena Gran Vía en hora punta?, ¿quién puede asumir como cierto que el calvo se mete en los sueños de un adolescente para darle una combinación de números que arregla más vidas que la del último Euromillón?, ¿por qué nos hacen creer que Paulita puede estar callada un capítulo entero y luego se le da a ella y al resto de mocosetes el mismo protagonismo de siempre? Nunca lo sabremos, me temo.
Sin embargo, no quiero acabar sin repetir que cuando, a pesar de todos estos peros estamos deseando que llegue la semana siguiente para degustar nuestro último y más esperado cocktail, es porque lo que hoy nos ha ofrecido merece la pena. Salud para todos y un brindis por El internado.
Como todas las semanas, podéis ver aquí las todas las escenas de Fermín en este capítulo:
Antena3 acaba de anunciar la emisión del final en esta misma semana. El capítulo 71, penúltimo de la serie y titulado "La luz" se emitirá, como estaba previsto, el lunes 11 de Octubre. Y el último dos días después, el miércoles 13. Un intenso drama se cierne sobre nuestras cabezas. Nuestros bienamados guionistas prometen no tener piedad para con sus fieles. De hecho, ya afirman vía Twitter que asistirán a la emisión del último capítulo en los cines Capitol de Madrid, junto a actores y seguidores de la serie, para ser insultados y vilipendiados por el público.
Compinchados con los señores que montan los anuncios en Antena3, se han propuesto hacer de los últimos días de El internado un continuo sufrimiento, aderezado con música instrumental de la que provoca arritmias y voces en off que te estrujan el trozo de corazoncillo que aún te queda sin necrosar.
Julia llora, lo que supone una inquietante novedad. María también llora y sufre. Mucho. No vamos a decir que más que nunca porque sería una salvajada, con todo lo que le ha pasado a la pobre.
Iván se desploma en la cortinilla y en el anuncio, por si alguien no se ha enterado en el primer visionado de que pretenden hacernos creer que muere.
Fermín se halla cabizbajo en la cocina, sabedor de que los guionistas quieren darle matarile y preguntándose si al menos, se irá al otro barrio con dignidad o tendrá que resignarse a yacer junto a Vincent Camilo en la laguna, mientras observa el avión la luz que le hace saber que pudo salvarles a todos.
Rebeca aguanta frente a Hugo, desarrollando nuevos poderes gracias a su escote ahora radioactivo.
Y mientras tanto drama satura las mentes pensantes de la audiencia, esto promete ir in crescendo hasta el final. Y si no, mirad. (Gracias Dani)
Antepenúltimo capítulo de El internado y, por tanto, antepenúltima crónica de un capítulo en el blog. Esta semana, Nicole disecciona "El último aliento". ;)
El último aliento… En realidad fue el mío al darme cuenta de que Fermín logra sobrevivir otro capítulo más. Pero, aparte de esa obviedad, vamos al grano.
El capítulo en si tuvo sus altibajos, aunque por lo general las tramas que normalmente me resultan más aburridas tuvieron su puntillo. Amaia no salió tanto, Rebeca está investigando con Fermín, y por tanto su trama con Martín fue inexistente, los peques se me hicieron bastante amenos y a Clara la dieron matarile, con lo cual tampoco me puedo quejar.
Lo mejor:
La muerte de Elsa. Vale, no en el sentido de “¡Yupi! ¡La ha palmao!” sino en el sentido de que esa última escena con Jacinta logró arrancarme un par de lagrimillas. Lo único que se me cruzó por la mente es que el protagonista de la escena debería haber sido Héctor, por lo que fue su personaje en su día. Pero, en cierta forma, la transformación de Elsa a lo largo de la serie hizo que el momento fuese también muy emotivo. Yo no sé si es que estaría sensiblona, o con las hormonas revolucionadas (ah, no, ese es el departamento de Fermín :P). El caso es que la mención del gnomo y la aparición del búho, me transportaron a aquella serie tan entrañable que transcurría dentro de un internado en mitad del bosque. No sé si os acordareis…
La casi-trama de Jacinta. Por fin se sale un poco de las idas y venidas de los niños, que desde que mataron a Joaquín ha estado haciendo de Mary Poppins, pero sin paraguas. Insisto, esa última escena con Elsa me ha llegado.
La parejita Juliván. Se les ve mucho más normales, y se agradece que el dramatismo que les rodeaba en los últimos capis se haya esfumado. Me enterneció la forma en la que Iván le cuela la última dosis a Julia en un brindis.
Marcos. Sí, Marcos. En este capítulo, su personaje ha logrado conquistarme. Ha sido el mas coherente de la minipandi con diferencia, y ese: “Yo confío más en Fermín que en Rubén”, me hizo levantarme de la silla y aplaudirle (metafóricamente hablando, y porque el sillón es super-cómodo, que si no…) Y luego, para rematar, la escena con Amaia en la que le da calabazas porque aun se acuerda de Carolina me pareció lo mas razonable que ha hecho el personaje desde que llegó a ese internado. ¡Un diez para Marcos en este capi!
El descubrimiento de Roque en la soga. No hay mucho más que decir. El momento fue espeluznante.
Bueno, y por supuesto lo buenorro que está nuestro Raúl con uniforme militar. ¡Eso que no falte! ¡Estaba para comérselo y para… para…! En fin, paro que me descarrilo. :P
Lo que no acabo de entender:
Vamos a ver… ¿A Roque se lo carga Garrido o se termina suicidando el solo? Supongo que después de cargárselo, el teniente lo cuelga del árbol para que parezca un suicidio, pero eso no quedó tan claro. Para acabar ahorcado, hubiese preferido que Roque lo hubiese hecho de su propia mano.
¿Pedro Civera y Luís Merlo siguen cobrando por su trabajo en EI? A lo mejor Camilo tiene un poco más de trama (si es que a eso se le puede llamar trama), pero las manos de Héctor asomándose por la rendija de la puerta pueden ser de cualquiera, y la frase de Héctor es la que lleva gritando toda la temporada.
Tanto misterio con el bebé de Clara y resulta que es de Hugo. Bastante cabronazo era ya el giramochos como para encima demonizarlo aun más cargándose a su amante y a su propio hijo. Vamos, que llega a ser moreno de ojos negros con bigotito y tenemos un clon del propio Hitler (Como veréis, Mailboxes…etc, me ha traído una caja llena de eso que se fuman a veces los guionistas).
Vamos a ver… Si el tal Max es psíquico, ¿Por qué no le preguntan si va a terminar salvando a los infectados del internado? Mas que nada para no molestarse con misiones suicidas y demás. Yo soy Fermín y Rebeca y es lo primero que le pregunto (a no ser que no sepan que el hombre ve el futuro).
Lo que ni fu ni fa:
Garrido. Nicolás Garrido. Vaya personajillo que ha terminado siendo mi tocayo. Y, si por lo menos la trama fuese original, pues lo llevaría un poco mejor. Pero es igual que la de Amelia. Utilizan su familia para chantajearle. Bueno, vale, le ofrecen un clon de su difunto hijo (menudo yu-yu me daría a mí eso), pero las tácticas son iguales. Y, a mí me da que la señora esa que se reúne con él y con Araujo va a ser la tal Rauber (¿se escribe así?), la Nazi perdida.
Los peques. Los pongo aquí porque, dentro de todo, no fueron tan pesados como otras veces. Es más, su trama hasta me ha hecho gracia esta vez. Eso sí, me he dado cuenta de que Evelyn va a pagar fortunas en psicólogos cuando se haga mayor.
Rubén y sus idas de olla. Con lo que me gustaba a mi Rodrigo en las primeras temporadas. Que haya desaparecido ese personaje para traer a Rubén, es un misterio. Pero con lo que flipo aun más es con que el 80% de la minipandi se dejase encandilar por él. Yo cada vez les entiendo menos a estos chicos.
Iván y su faceta “poli de acción” esposando a su madre al cabecero de la cama (¡Uy, que mal suena eso fuera de contexto!) Este chico no tiene remedio. ¡No va a madurar en la vida! Yo entiendo que la situación sea desesperada, y que no quieran esperar cruzados de brazos, pero ahí la única que tiene a alguien esperándola en el exterior es Vicky. El resto ¿Ande va?
Lo que no me gustó:
Clara y su trama. Por lo menos ya nos la hemos quitado de en medio, porque vaya desperdicio de minutos en una serie, cuando podrían haber desarrollado otros personajes (que en paz descansen) y pierden el tiempo con la de danza. ¡En fin!
Y, eso es lo que hay. Supongo que se me habrán olvidado infinidad de detalles, pero así a primera vista, estas han sido mis impresiones.
Y, aprovecho este momento para agradecerles a las chicas del blog su hospitalidad, ya que siempre me han hecho sentir como en casa. ¡Cuánto voy a echar de menos leer vuestras opiniones y comentar los capis con tod@s vosotros! ¡Un besote muy fuerte!
Como cada semana, gracias a parchis, podéis rememorar aquí las escenas de Fermín en el capítulo. :)
La encargada de la crónica semanal del capítulo, es una vieja conocida del blog. Nuestra Bea nos trae sus impresiones sobre "Hasta que la muerte nos separe".
Para mí este fue el episodio de las peticiones de los fans y en el que como siempre viene siendo habitual en esta tanda hubo escenas potentes, sobrantes, parejas con química, otras con nula, personajes que tienen mayor interés del que deberían, la justa o al revés. En las que sobran por supuesto Irene Espí y su eterno secuestrador, ya que nadie se cree que vaya a salir de allí por mucho que aparezca una sombra de esperanza que efectivamente terminó como de costumbre tan pronto como surgió.
Siempre voy de cabeza a lo que me gusta inauguralmente así que hoy comentaré la no boda de Fermín y María, primero tenemos el anillo, que antes fue de su abuela, y luego de su madre, me acuerdo de ellas pero para bien, de los fics, de quien me regalase una alianza con ese estilo. Qué personaje. Pero las niñas tienen que coger el anillo mientras María se prueba un vestido que todas desecharíamos y yo pensando ya lo van a mancillar , que por cierto bodrio de tramas que tienen las crías que rebotan en Jacinta y menos mal que al final no se atrevieron con todo los guionistas, aunque sabemos que son capaces. Pero a María le entran dudas de pasar por el altar con el hombre de su vida en parte por su hijo y los que las siembran en ella pero él se reafirma al paso de no estar jugando y de quererla mientras viva y yo ¡di que sí! el vivo el bollo y con la panadería que tienes tú hija mía, por Jacinta también, gran mujer y empiezan ¿nos casamos?¡Nos casamos! Y yo ¡sí, que nos casamos! La boda fue preciosa con Elsa oficiando, el ver a su hijo en la escalera al fin, la aprobación y cuando se sonríen y se miran traspasan la estancia estando todo el mundo allí y ese es el gran acierto de esta pareja, de estos actores y ese plano desde arriba enfocando la caída del vestido de la novia mientras se abrazan en uno de los fotogramas más bonitos de la serie hacen del conjunto una emoción continua. Y cuando crees que el cupo de tu sensibilidad no puede dar más de si gracias a los actores tras tantas escenas maravillosas aparecen ambos en la habitación con pequeños gestos como la corbata, el llevarla en brazos, en un beso interminable donde la química no se enseña en una escuela hasta que Rebeca que anoche fue más apéndice que nunca, y aunque ya sé que algunas os gusta, esta última temporada me ha reafirmado de que su personaje era perfectamente prescindible aunque me agrade su relación de amistad con Fermín, acaba con la ilusión. Siempre puedes pedir la nulidad al despertar de lo más bello que uno puede conseguir en la vida para dar paso a los agentes especiales acechando a los militares, y es que la misión de estos dos no acabé de verla, más desde que Saúl murió. El cambio del uniforme espero que sirva para que Fermín y María estén un tiempo sin verse y entonces a lo mejor habría posibilidades de que terminaran juntos. Me da que uno de los dos no vuelve vivo y me inclino por ella aunque nunca hubo una despedida más bella que la de esa habitación.
Respecto a Lucía desde el principio cuando se la nombra para saber donde está intuyes bien claro que será una de las fallecidas, eso sí, la ponen como traidora otra vez, de nuevo otra novedad, los chicos siempre desconfían de los buenos, nunca descubren a los malos. Su cara me impresionó mientras la entierra Garrido y ahora voy a enlazar con otro personaje al que durante todo el capítulo se hacen menciones especiales a su muerte como cuando se preocupa por Vicky e Iván se pone borde. Roque. Me gustó como apeló a su amistad con Julia en un último intento desesperado para volver a los momentos de su vida que más le gustaron. Diciendo que le había creído siempre, apoyado y escuchado pero matar a una persona fue demasiado. Total que en un alarde de originalidad e inventiva prestada los guionistas quieren que se suicide, y yo que debo ser de las pocas que no quiere me hago esperanzas cuando ve a alguien a través del armario aunque su final sea tan claro y descubre los picos y palos. Al final su tendencia a la torpeza lo descubre y acaba de una manera innoble asfixiado por las manos del teniente. Y viendo la peligrosa senda de la moralina que empieza a recorrer los rincones de este internado que cada vez se deshace de personajes que daban más riqueza al conjunto que los protagonistas como epitafio para el adolescente que contra pronóstico más me sorprendió para bien debo decir que los buenos personajes no son aquellos que hacen lo que debe ser correcto. Otra quinceañera, Vicky, se queda grogui pero no muerta y aparece el teniente con una toalla dispuesta a rematar, ella lo ve y justo abren la puerta para salvarla, pero ella pone una mirada que yo creí que él descifraría mejor porque no sabe si le ha descubierto, pero se nota que sí a leguas. Disimula, niña. Pero en lo siguiente se me va la idea porque larga por la boca todos los planes de ottox que había descubierto en el ordenador. Vuelta a lo tópico. Anteriormente se da una conversación con una Victoria de ojos cerrados que me conmovió, Blanca es una actriz inconmensurable que te deja aún más hipnotizada por lo joven que es su carrera, podría explicarte como se hace algo que aburriría hasta la saciedad y te dejaría con ganas de más. Su relación con Iván empieza por una vez en el acaramelamiento hasta que de pronto él no se acuerda de que nadie tiene clase, en una escena que no estuvo mal, pero el trasfondo de lo que se trata no sé como lo solucionarán porque esto de las pérdidas de memoria no se curan con una máquina de radiación. Son unos flipados. Eso sí, la escena de la habitación estuvo bien cuando él comenta eso de “hasta que se me vuelva a ir de la cabeza”. Y a destacar la relación que tiene con María, de hecho del cuarteto Iván-María- Julia- Fermín la relación de fraternidad de la cual más me ha gustado su evolución ha sido la de ellas. Mención también para Iván cuando estuvo de lo más borde y asqueroso en el pasillo con su madre, un guión sin razón, de hecho ya casi veo más a Marcos hijo suyo y me gusta más la interacción que ha tenido en pocas escenas con el mayor de los Novoa que la trata con cariño.
Pasamos a comentar a Martín, Alicia y Rebeca. Los primeros la pareja colaboradora (no me disgustan) y su transmisor. El hombre de los cinco años de carrera se pega todo el metraje intentando sintonizar con el exterior hasta que llega el extra de la furgoneta que acaba como imaginaba a tiros ¡otra vez! Rebeca mientras se preocupa porque no le hace todo el caso que debiera (de hecho ni siquiera sé cuando se reconciliaron) y Fermín que es un cachondo y se lleva bien con ella le mira como si no se comiera un colín y suelta una parrafada de esas acabadas en-ao que tan bien se le dan al muchachote. Eso sí, yendo a lo que he comentado más arriba lástima que haya acabado el rodaje porque dan ganas de interrumpir sus escenas erótico festivas no por el sex appeal de su mozo si no para que la próxima vez se piense entrar en una noche de bodas.
Ahora centrándome en Elsa se mueve por la preocupación por Héctor. La verdad es que pensándolo ha sido uno de los personajes más maltratados. Recuperaron el contacto, la química y los piropos que tenía con el teniente, una lástima, gran pareja que no se ha aprovechado todo lo que debiera. ¿Él es un malo enamorado o es un paripé? Me gustó mucho Elsa cuando dijo que envidiaba a Fermín y María aprovechando cada minuto para decir cuanto se quieren y cuando le comenta al teniente que su hijo sabrá que fue valiente y el otro sabe que no es así. Nuevo infiltrado que oh, curiosamente para variar se encuentra en todas las conversaciones Es omnipresente y malo y ofrece mucho más en las escenas tiernas que casi no ha tenido. Hugo sí que está en plan malévolo sin fin, y echo de menos cuando era algo pardillo con las cenas de bocatas y probando comidas, en la quinta lo odié, en la sexta me gustó mucho su trama y lo volví a odiar y creo que ahora ha perdido protagonismo. Sigue manejando los hilos desde fuera, y para dos monos que quedan si contamos con la extra de Clara hay que ver como la lían. Él es el que le pide al teniente que remate a Vicky y hablan sobre unas muestras de los virus que no saben donde están y que probablemente terminen la faena el último día.
Para ir acabando hablaré del soldado Torres, “gran fichaje” como todos los últimos. Aparece en el perímetro buscando al soldado que se carga Camilo pero lo mejor es el honor de ser recibido a toda leche como se merece. Aunque esa versión del cocinero no sea mi favorita no se excedieron tanto como en el anterior. Torres demuestra ser tan pardillo como el noventa y uno por cierto de los personajes cuando Fermín se pone bravo y le dice que secuestraron a alguien y al final sacan en claro que tienen al calvo (nunca podré llamarlo por su nombre) en el campamento y que los militares van a traspasar el perímetro de seguridad. Para el final dejo lo que menos me llamó la atención, en la excursión de Iván y Marcos cuando encuentran la máquina de radiación al botafumeiro se le cae encima un hierro (¿alguien creyó que el hermanísimo de la famiglia iba a caer?) en una escena en la que no asumí su agonía y con el gas abierto, si llega a ser el hombre que antaño traía los mail boxes se muere seguro. Iván va a buscar ayuda pero se le olvida y el otro en plan superman coge un palo, se libera para marearse después y pegarse la castaña del siglo. Esto es total. Que por cierto, ¿el muerto de abajo quien era?
Y ahora acabemos con la mejor pareja de las series españolas, ni Sarita y Lucas, ni Quimi y Valle, son los grandes Marcos y Amaia, me empalagan pero al menos me dieron el gustazo (me recuerda la palabra a esa maravillosa escena Nora- Fermín) de verla infectada. No me gustan como pareja de nunca y lo de no te beso porque me lo pegas me parece una infantilada y su amor tiene más azúcar que un algodón de la feria regional, además ese abrazo teatralizado ha sido lo más antiromántico que he visto en la tele probablemente con alguna otra pareja de la serie. Finalmente voy a comentar un elemento que lo fue por si mismo en el capítulo, el reloj, agonizante, como la serie, como las paredes de ese internado que me han entretenido, ilusionado, decepcionado, me han hecho descubrir, como el sentimiento de esos novios que se lo merecen todo, de Fermín (Carlos) y María, de esos personajes y actores que me dieron razones para estar viendo estos capítulos finales, porque lo bello dura milésimas grabadas a fuego y una eternidad el conseguirlo y es de recibo darse cuenta del segundero para saber que uno vivió para ese momento. El amor sin duda ha tenido una gran muestra en ellos dos. Esta semana el dailymotion se nos niega a cargar el vídeo, así que podéis descargaros las escenas de Fermín en el capítulo en el siguiente enlace:
Como en toda buena boda que se precie, los regalos son una parte importante de ella. Esta que nos ocupa en estos días no iba a ser menos. El primer regalo llega en forma de imágenes: un pequeño álbum de fotos de Fermín y María en ese día que muchos seguidores de la serie estaban esperando. Gracias a la webforo, podemos ofrecéroslas en exclusiva. El segundo, pero no menos importante, nos llega en forma de texto. Quizá si hubiéramos querido escribir, cualquiera de nosotras, una entrada apropiada para estas imágenes, jamás habríamos conseguido algo ni remotamente parecido a este escrito que Adriana nos ha regalado. Aunque lo parezca, que estas fotos se publicaran junto a este texto no estaba preparado. Pero así somos las fermarías. Presumiendo de conexión mental transoceánica. ;)
Si tengo que ser honesta, lo primero sería decir que he tenido unos últimos días llenos de emociones, sobresaltos, paseo por las nubes y sentimientos de tristeza, todo a la vez. Hace mucho rato que no me inspiraba a escribir nada sobre estos dos, mayormente por falta de tiempo, pero también por la actualización constante y siempre esperada del blog y que me llenaba de información; no necesitaba generar.
Este momento histórico - como dice alguien-, este acontecimiento no puedo ni quiero pasarlo por alto; ha sido más fuerte que yo. Por eso, sentada, y con montón de trabajo aún por hacer a mi alrededor y que se va a un plano lejano, no puedo dejar de pensar lo poco que imaginé al principio que en algún momento la relación entre Fermín y María llegaría a este punto, a lo que tanto deseamos, a la boda que se merecían y que tanto quisimos.
Fermín y María nos asustaron mucho a lo largo de la serie, no solo por el acecho constante de la muerte del cocinero, o por los riesgos que entrañaba su trabajo encubierto, sino por sus misterios en la relación con María, por el sufrimiento de ambos cuando no se entendían, y por la idea de pensar que en algún momento ella volvería con Héctor y sería como una más de las series o novelas tontas que abundan por ahí
Pero así también nos regalaron las escenas más románticas que hayamos podido ver en televisión: esa escena inolvidable de la quema del tríptico, cuando le dice que le quiere más que a nada en el mundo, o cuando ella le dice que es el hombre que más ha querido en toda su vida. Sería inútil mencionar más porque todas nos las sabemos de memoria, sabemos dónde hacen una pausa, dónde respira Raúl o se humedece los labios, o dónde Marta pone ojitos cuando lo mira o lo besa. Sin comentarios en las escenas de la habitación porque esas solo pueden recordarse apelando a la memoria porque es mejor. Hemos visto esas escenas miles, millones de veces porque hemos sufrido a la par de ambos, y nos emocionamos y alegramos con ellos ahora también.
Esta historia de amor no podía tener otro fin que no fuera un final feliz, con boda, vestido blanco, flores y padrinos. Tan importante que hasta portada de revista ha tenido; así lo quería el público (cuya población fermaría es casi el 98 jajajaja), y creo firmemente que ha sido éste el que ha luchado y pedido a gritos que la boda fermaría se realizara. Así lo demuestran las fotos, la publicidad, las caras de Raúl y Marta en las fotos posadas aun cuando no era una boda real.
Ya se va cerrando el telón, se va acabando la emoción para algunos porque la serie va tocando a su final, pero nosotras sacaremos los vestidos de madrinas y estaremos allí con ellos, a riesgo de infectarnos con un cochino virus que es peor que la influenza, pero firmes y leales a la pareja más romántica de todos los tiempos. Fermín y María se lo merecen por todo lo que nos han hecho vivir en la serie y Raúl y Marta por cada emoción que nos han hecho vivir con ellos.
Por eso y mucho más... ¡¡¡¡¡que vivan los novios!!!!!!
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