Raúl en El Comisario (I)

Empezamos hoy con un pequeño ciclo al que, haciendo gala de mi inenarrable originalidad, he pensado titular como reza arriba, y que nos llevará por diversos personajes episódicos a los que Raúl ha dado vida en la serie de Globomedia a lo largo de varias temporadas. ¿A que no os lo imaginabais? ;)

El episodio que hoy nos ocupa, titulado “Que veinte años no es nada”, se emitió por primera vez hace justamente nueve años, el 28 de febrero de 2000, allá por la segunda temporada de la serie.

La aparición de Raúl es la más breve de las que vais a ver en este ciclo, y tiene lugar por entero antes de los créditos de inicio del capítulo (todavía no entiendo por qué no le llamaron a declarar después, con lo felices que nos habrían hecho :P) pero algo dentro de mi me dice que os gustará.

Sirva este breve escena como compensación moral a la imagen de hace unos días…

Dúo de Raúles

Hace unos días os hablábamos de las descomplicaciones del amor en las que Raúl Fernández estuvo inmerso hace unos años. Hoy toca volver a echar la vista atrás, para recuperar otras dos comedias en las él que intervino, y que tienen el mismo sello que Descomplicaciones: el guión y la dirección de Raúl de Tomás.

La comicidad en Descomplicaciones se conseguía explorando en los enredos de un cuarteto amoroso. A priori, éste parece un tema bastante trillado, pero a pesar de ello, estoy segura que una comedia de enredo puede tener un gran encanto. A Woody Allen me remito. De hecho, creo que el encanto de estas comedias, es directamente proporcional a lo que disten en su planteamiento de la estética cutre y del humor repleto de topicazos de las televisas “Escenas de matrimonio”, o de los innumerables montajes teatrales cortados por el mismo caduco y rancio patrón.

Yo tengo la sensación de que Descomplicaciones está a años luz de todo eso; pero a pesar de ello, el lado oscuro que me domina, me lleva a quedarme con el humor sórdido y siniestro de las dos comedias negras, La agencia y Bendita locura, que hoy ocupan nuestro artículo.
La agencia es una obra construida en torno a dos personajes contrapuestos, asesino y suicida, acompañados de una voz en off. En este punto del artículo, hice intentos por explicar el argumento de esta obra, pero después de leerme a mi misma, concluí que nadie como su autor y director para comentar lo que él mismo ha creado. Aquí están las palabras que Raúl de Tomás tiene para La agencia en su página web:

Imaginemos que existe una Agencia clandestina que ofrece unos servicios muy especiales:
Usted quiere morir pero le falta valor para suicidarse, no se preocupe ellos se ocupan de todo.
Usted quiere matar a alguien y saber que se siente, vivir esa experiencia extrema, no se preocupe ellos le buscan a un suicida sin valor y asunto arreglado.
Y todo quedando exento de culpa..., a lo mejor no habría que imaginar, a lo mejor lo triste es que ya ocurre, que está Agencia ya existe...,
En fin, el caso es que nuestra historia es la historia de dos hombres que acuden a esta Agencia a solicitar esos servicios respectivamente, y la Agencia los hace coincidir: asesino novato y suicida cobarde. Y presenciamos ese viaje, una fría Agencia que comercia con la vida como si fueran hamburguesas, con escenas de un humor hilarante y asistimos a la preparación de ese ritual que es el asesinato, que será grabado en video para luego comercializarlo (snuff movies), que la pela es la pela, todo, eso sí, tintado de un humor negro que preside todo el espectáculo de principio a fin. Una comedia negra con un final inesperado, una reflexión sobre la libertad y el consumismo, pero sin moralina, sino como un divertimento de este mundo atroz que nos pone al alcance del bolsillo casi cualquier cosa, incluida la ajena o la propia vida.


Bendita locura es también una obra muy singular. Hace ya unos cuantos meses dimos unas breves pinceladas sobre ella: comentamos que estaba basada en una noticia real aparecida en un periódico, y que se trataba del monólogo de un loco que es condenado a muerte por el asesinato de su pareja. Este peculiar hombre estaba interpretado por Raúl Fernández, y en esta foto podéis apreciar claramente las enormes cotas que alcanzaba la demencia de su personaje:
Nota: las administradoras del blog os rogamos encarecidamente que tengáis en cuenta la cantidad de fotos de Raúl Fernández aquí colgadas con las que habéis babeado, y no nos abandonéis para siempre tras el visionado de esta escalofriante imagen.

Lo más desconcertante del caso es que las leyes del Estado en el que este tipo vivía, impiden la ejecución de personas con trastornos mentales, por lo que el propio gobierno va a poner todos los medios necesarios para sanarlo a fin de poder ejecutarlo legalmente. Se trata de una paradoja muy curiosa, contada con el humor y la ironía que tamaño despropósito requiere.

Pero además del humor negro y de la presencia de Raúl, hay otra cosa que La agencia y Bendita locura comparten, y es que ambas invitan a reflexionar sobre el mundo en el que vivimos. No es que esto sea estrictamente necesario para conseguir un buen guión, pero tiene la ventaja de que, entre las sensaciones con las que los espectadores salen del teatro, está la de sentirse inteligentes; y claro, ¿a quién no le gusta esa sensación?

Molly vuelve y Guindalera se abre al cine.

“Molly Sweeney” volverá a la sala Guindalera. Somos muchos los que nos quedamos con las ganas de disfrutar del trabajo de María Pastor, José Maya y Raúl Fernández en esta obra, y parece ser que el éxito de crítica y público han propiciado su vuelta.
Será en Septiembre, presumiblemente cuando María y Raúl terminen con “Platonov”. Así pues, aviso desde ya de que en agosto, volveré a la carga con mis intentos de macroquedada fermaría. Estáis avisadas. ;)

Por otro lado, la sala Guindalera ha iniciado el programa “Jueves de Cine” y por lo que hemos podido ver, tiene muy pero que muy buena pinta. Se trata de una iniciativa que tratará de aunar cine y debate, y que nos acercará al trabajo de directores como Kurosawa o Lubistch. Desde luego, suena de lujo.

Calentando para Platonov

Ya queda menos de un mes para el 19 de marzo. Para los más despistados, recordaré que ésa es la fecha en la que se comienza a representar Platonov. Lo cierto es que ya empieza a oler a estreno porque se ha colgado el cartel de la obra en la fachada del teatro María Guerrero. El cartel en cuestión, sigue la original estética de todos los de las obras del Centro Dramático Nacional, y anuncia que Platonov se representará hasta el día 24 de mayo.


Huele a estreno también, porque los ensayos de la obra siguen avanzando, y mientras tanto nosotras permanecemos atentas al videoblog que nos permite asomarnos a ellos, al que, dicho sea de paso, tenéis un enlace a la derecha de esta misma página.

De paseo por el videoblog en cuestión, sorprende que en Platonov también tengan cabida las coreografías. Su ensayo requiere cierto ejercicio físico, y en el siguiente video vemos como los actores calientan, antes de echar el resto practicando los bailes pertinentes. Personalmente este video me resulta muy simpático; al verlo no he podido evitar que me viniesen a la mente las clases de gimnasia del colegio. Sobre el escenario hay tal cantidad de gente que, obviando las edades de los susodichos, bien podrían pasar por los niños de una clase en su hora de Educación Física. Y no sólo por el número que suman, sino también por el alboroto que forman, son dignos de ser comparados con un grupo de tiernos colegiales en un rato de esparcimiento. Aviso a navegantes: atención al jovenzuelo que tira de una de las “cadenetas”.


Los siguientes videos se corresponden ya a los ensayos de la coreografía propiamente dicha. Como en toda celebración que se precie, especialmente después de que el alcohol haya hecho sus primeros estragos, en la fiesta que se celebra Platonov, llega el momento de hacer un brindis por la amistad. Ese momento está coreografiado en la obra que nos ocupa, y gracias a ello podemos disfrutar de los gráciles movimientos de gacela de nuestro Rául xD. Estos dos videos dan testimonio de ellos.



No me digáis que Raúl no está encantador hasta cuando, a ratos, parece que de un momento a otro va a lanzarse a bailar una jota.

Algo pasa, gilipollas.


Sabemos de la afición de nuestro Raúl por tocar distintos palos: publicidad, cine, televisión y teatro. Un culo inquieto, que se llama en mi tierra. Hoy nos vamos a ocupar de una faceta suya poco explotada: la de director de cortometrajes.
Raúl se ha embarcado dos veces en esta tarea. Una de ellas fue en 2003, con el corto “Algo pasa”, que participó en el festival que organiza cada año notodofilmfest.com y al que hoy, queridos lectores, vamos a poner de vuelta y media.

Antes de dar mi opinión, os voy a animar a que veáis el corto, para que lo hagáis sin prejuicios ni consideraciones previas. Veréis además a Raúl durante unos segundos, interpretando a uno de los compañeros de trabajo del sufriente protagonista.
Nos vemos en tres minutos y treinta segundos. ;)



Algo pasa por la cabeza del director y guionista para lanzarse a contar esta brevísima pesadilla. Y como lo mío no es la crítica especializada ni la psicología clínica, voy a conformarme con contaros lo que yo veo, que no es poca cosa.

Lo primero que te llama la atención es el nombre del protagonista: Raúl. ¿Falta de imaginación? Sería preocupante viniendo de quien viene. ¿Proyección de uno mismo? Más probable, pero no por ello menos preocupante. Aún así, me quedo con la segunda opción. Freud no lo dudaría, y yo no voy a contradecir al padre de la psicología moderna.

Esta consideración abre nuevas posibilidades. Si Raúl, el protagonista de esta historia, es un alter ego del que está detrás de la cámara, entonces podríamos pensar que aquel día, nuestro chico se levantó con el pie izquierdo, hasta las narices de la vecina, del jefe, de los compañeros, del camarero y de la novia. De todo.

Pero Roma no se hizo en un día. El mismo Raúl ha confesado que esto de los cortos es meterse en camisa de once varas, porque el que se embarca, se lo carga todo y en tiempo récord. Así que debemos presuponer que había algo que nos quería contar.

Una forma sencilla de verlo sería el planteamiento: ¿qué pasaría si todas y cada una de las personas que nos rodean se decidieran a decirnos lo que piensan realmente de nosotros? Y al salir al rellano, tu vecina te dejara caer, sin sonrojo, lo puta que es tu novia. Y tu jefe, lo incompetente que eres. Y tu novia, lo bien que se la tira su amante.
Pero reconozco que en lo personal, no termina de convencerme la idea.

Dicen que en este tipo de historias, hay tantas lecturas como ojos que las miran. Ésta es la mía: Raúl, el protagonista, sólo deja de tener la sensación de vivir una pesadilla cuando acepta su propio patetismo. Nos puede doler reconocerlo, pero todos y cada uno de nosotros, para alguna persona del mundo al menos, entramos en la categoría de gilipollas, o de incompetentes, o de mequetrefes. La cuestión es si eso condiciona tu vida y te lo terminas creyendo, o puedes aprender a vivir con ello, jugando a ese mismo juego.

Y vosotros, ¿qué pensáis? ;)

Descomplicaciones

Nadie dijo que el amor fuera fácil. Y las complicaciones del amor han inspirado miles de historias de ficción de carácter muy dispar. Hay algunas que se envuelven en una cursilería tendente a buscar la lágrima fácil; la historia de Sam y Molly en Ghost es un buen ejemplo de ñoñería manifiesta. Otras son tan dramáticas que estremecen al más pintado, como el amor de Romeo y Julieta, que arrastra a los dos protagonistas a la muerte. También hay historias impregnadas de un encantador halo de lirismo, como la de Otto y Ana, los amantes del círculo polar de Médem. Y hay otros relatos en los que los sentimientos permanecen imperturbables a través de los años, como le pasa al amor de Florentino Ariza por Fermina Daza, que García Márquez describe magistralmente en su novela El amor en los tiempos del cólera.

Sin embargo existen complicaciones para el amor mucho más terrenales y comunes que las que plantean muchas de estas obras. Un buen ejemplo de ellas, son las terceras personas que se cuelan en las vidas de una pareja, y que pueden poner patas a arriba la más idílica de las relaciones. Y después de las terceras personas llegan los celos, y después el impulso de buscar los celos del otro, y después......todo puede llegar a enrevesarse hasta límites insospechados.

Algo así es lo que ocurre en Descomplicaciones, una obra escrita y dirigida por Raúl de Tomás, que Raúl Fernández protagonizó para la compañía La Agencia. Se trata de una divertida comedia poética, que se construye no sólo a base de agudos diálogos entre sus protagonistas, sino también a través de monólogos cargados de humor e ironía. El autor en su página web hace esta peculiar e interesante sinopsis de su obra:

¿Para qué vamos a complicarnos?
La cosa es fácil: s
i ella está conmigo es que le gusto lo suficiente. ¿Pero qué ocurre cuando aparece el otro? Y por cierto, ¿quién es el otro? y ¿cómo se atreve a hablarle a mi chica? Pero espera no compliquemos las cosas...es que resulta que mi chica se ríe, lo pasa bien con ese, eh...que estoy delante...y se va ...oye que se pira con ese...que se me va...que me deja...y ahora...si que me he complicado..., ¿habré de descomplicarme?..., sí, porque ella merece la pena.

Y salgo a buscarla, he decirle que me despisté, joder, un fallito lo tiene cualquiera...anda mira, ¿quién es esa?...me mira, sí, no está mal y sola y algo despechada por algún insensible...algo me dice..., no la entiendo, esto a veces es tan complicado. Que está sola...(toma y yo), que si puedo prestarle atención: no, no quiero complicarme, solo quiero complicaciones con una, y esa lo siento no eres tú...le digo...no, por favor, llantos no, que soy muy sensible...no compliquemos las cosas.

Bueno, si te pones así, algo haremos. Ya sé que no quieres complicarme pero lo haces, y descomplicarse no es c
osa fácil...¿cómo dices?...que solo soy una venganza, que le conoces, a ese que se ha ido con mi chica...pero entonces...¿qué?...que yo no te gusto, que solo será por despecho...pero mira que sois complicadas. No, no me importa, ya puestos, a ver si mi chica también se pica...pero mírales, como se ríen, y la coge de la cintura, cómo se atreve, claro que yo nunca la cogí así...tan delicadamente...,a lo mejor fue eso...no sé qué le dice le habla raro, le habla como con el corazón en la mano, y en la boca, ¡se le sale!, ¿lo ves?, por qué yo no fui capaz de hacer eso...de hablarle, ni de mirarla así...¿qué me paso?...me complique con otras cosas, pero no con ella...¿tú que opinas bonita?...que ahora te gusto...y mucho...¡vaya por Dios!...que te he complicado la existencia...¡te propongo algo!...¡descompliquémonos!...encontremos nuestras descomplicaciones...¡¿qué me dices?!

Con Descomplicaciones Raúl Fernández se sumerge de nuevo en el mundo de la comedia, explotando esa faceta interpretativa suya, que le permite encontrar la risa del público con facilidad, como hemos demostrado en este blog a través de los vídeos de algunos de sus anteriores trabajos. Para nuestra desgracia, en esta ocasión, no tenemos ninguna prueba audiovisual que certifique el buen hacer de Raúl, pero José Henríquez, en su crítica de la obra para la Guía del Ocio, definió el trabajo del cuarteto protagonista como muy afinado; y es que cuando el director opta por basar la puesta en escena de su obra en el trabajo interpretativo, los actores deben hilar aún más fino para convencer. Por algo se escogió a Raúl como protagonista, ¿no creéis?

Vosotros habláis (II): La persona, la magia.


Es muy llamativo ver cómo las palabras más bonitas llegan cuando habláis de la persona, del ser humano que se esconde detrás del actor. Es quizá la faceta que menos conocemos de él. O al menos, la parte de él que no acostumbra a mostrar.
La visión que tenemos de su personalidad se ha ido forjando a través de entrevistas, vídeos, de sus reacciones cuando hemos tenido la oportunidad de tener un contacto más cercano con él, ya sea brindando con él tras una función o viéndole sonreír al recibir aquel regalo de cierta panda de taradas que siguen sus pasos con una inexplicable (para él) devoción.
Y luego estáis vosotras mismas, vuestras historias, lo que ha significado Raúl, lo que consigue haceros sentir. Aquí ya no habláis del actor, sino de lo que a vosotras os provoca.
Con que sonriáis la mitad de lo que yo lo hice leyéndoos, me conformo.

Cuando me enteré que no solo es buen actor, sino que además es un chaval muy majo, amable, sencillo, un poco tímido, fumador de cachimba y friki cinéfilo no pude nada más que pensar que éste chico lo tiene todo. (…) No me puedo creer que tengamos a un actorazo como él, que sea tan versátil en sus interpretaciones y lo mejor de todo, que tenga los pies en la tierra y sea tan modesto y tan agradecido (fotos, videos) con sus fans, que somos más de las que él se cree, el pobre. (Carol)

Inciso. Pobre… :P

Un día me lo crucé por el centro de Madrid, yo estaba de visita, y él paseaba solo. Y me impactó, me impactó tanto su presencia, que hizo que me gustara más. Por aquellas fechas, el cocinero pasó a ser más conocido en mi ambiente como "Fermínmolamil" porque me encantaba. (Lucía)

A través de Fermín he descubierto a Raúl. Me sorprende su forma de interpretar porque tiene una mirada muy expresiva con la que te cautiva y a través de la cual podemos saber qué es lo que siente Fermín en cada momento. Personalmente eso es algo que consiguen pocos actores, en concreto algunos como Natalia Milán que es una de mis actrices preferidas. (Eva)

Y ahora me vais a permitir que esta entrada termine con el correo casi íntegro de una de vosotras. Porque no se me ocurre mejor forma de terminarla. Y porque todo lo que dice me emocionó tanto, en lo personal, que creo que también os pasará a vosotras.

Hay cosas que son difíciles de explicar y una de ellas es explicar mi admiración por Raúl; podría ser lo mas fácil del mundo porque hay cientos de cosas simples por las que decir que me gusta Raúl. Pero no se trata de esas cosas, no es por eso que le admiro... por esa regla de tres podría haber escogido a cualquier otro.
Pero fue él, precisamente é,l el que me hizo conocer gente a la que considerar amiga y eso es algo maravilloso. (…)

Me gusta Raúl porque le veo en entrevistas y es dulce pero tiene un puntillo pasional que me dan ganas de quitarle la ropa, porque me corro viva cada vez que dice "actoral", porque cuando sonríe de esa forma pilla me dan ganas de pegarle un achuchón.
Me gusta Raúl porque no le conozco en persona pero es como si fuese de mi familia.... porque si me lo imagino en alguna situación, sé los gestos que haría, la voz que pondría, la forma en que miraría.
Me gusta Raúl porque es honesto y es humilde.
Me gusta Raúl porque no es un hombre 10.... es MI hombre 10.
Me gusta Raúl porque admiro su trabajo y le admiro como persona.
Me gusta Raúl cuando le noto algo tímido y me gusta Raúl cuando le imagino extrovertido. Me gusta pensar que algún día, esperemos que pronto, pueda verle encima de un escenario y poder disfrutarlo hasta que el pelo se me caiga lleno de canas....
Me gusta imaginar que me tomo un café con él y que me quedo embelesada pensando: "qué chico mas majo". (…)
Me gusta Raúl porque es Capricornio, porque sólo por él podría escribir tal parrafada....
Y al final termino de escribir sin haber sabido explicar que es "eso" que solo él tiene, esa cantidad de cositas pequeñas que le hacen adorable. Pero si se pudiesen explicar ya no serían tan mágicas. Así que concluyamos diciendo que me gusta Raúl porque es mágico. (Carmen)


Muchísimas gracias a todas.