Aplicando la Ley de Murphy

Dice la ley de Murphy que si algo puede ir mal, irá mal.
Con este comienzo, seguro que esperáis de mí el enésimo artículo sobre lo poco que me ha gustado la quinta temporada de El Internado.
Pues no, hoy os voy a sorprender.
Bueno, no tanto.
Mi intención es, primero, daros algo que leer en estos tiempos de sequía de noticias sobre nuestro Raúl. Vaya por delante, pues, desde el principio, que este artículo no va a aportar absolutamente nada nuevo o interesante. La segunda idea es reírme un poco de mí pesimismo para con la serie, tratando de dibujar lo peor que podría ocurrir, de modo que, por mal que vaya la sexta temporada, os parezca una maravilla al lado de lo que se recoge aquí.
Así pues, echemos un vistazo a lo peor que le podría pasar a nuestros personajes favoritos. Allá vamos.

Los chicos. O de cómo la tostada siempre cae del lado en el que está la mantequilla.
Es impepinable. Si los chicos encuentran una prueba, esa prueba desaparecerá, sea porque la inteligencia de los malos les supera a todas luces, o bien porque su propia torpeza les impide darles un buen uso. Si encuentran un policía que parece creerles, será indudablemente corrupto. Si consiguen reunir el suficiente material para encerrar a toda la familia de Hitler de por vida, uno de ellos lo quemará. Así pues, lo peor que les puede pasar es, simple y llanamente, que les siga pasando lo mismo que hasta ahora. Y el bucle temporal sea, como su nombre indica, un bucle. Infinito y repetitivo.

Noiret. O de cómo de fuera vendrán y de tu casa te echarán.
Pensé en su momento que no dotar a Noiret de ciertos claroscuros era un error. Y ciertamente lo era, ya que en esta temporada, se me antojaba demasiado surrealista a ratos su maldad mostrada así, tan abiertamente. El error fue mío. Porque ése Noiret extremo es mil veces mejor que un Noiret sometido a los dictados de un niño anuncio con ínfulas de estrella hollywoodiense al que cuesta creerse en su papel de gallo del corral. Y es que lo peor que le puede pasar a Noiret es que, después de dibujarlo como el último gran malvado, nos dejen caer que no es más que un siervo del recién llegado y falto de carácter “rey de la baraja”.

Fermín. O de cómo la urgencia es algo inversamente proporcional a su importancia.
Es cierto, en este caso, es difícil empeorarlo. Pero no imposible.
Si una temporada de ver a Fermín convertido en un cazanazis asentimental (sí, me he inventado la palabra, pero es que es la que mejor expresa lo que quiero decir) que se mueve a la sombra de una tía con poderes (juro que si me hubiesen dicho esto hace un año me habría tronchado) ha sido dura, imaginaos dos.
Pero si lo que queremos es alcanzar el cenit de nuestros posibles males, sólo es necesario que espere al último capítulo para ir planteándose rescatar a la chica morena que una vez amó (desconocemos si ahora lo hace).

Héctor. O de cómo la inteligencia total del planeta permanece constante mientras la población sigue aumentando.
Si nos pusiésemos irónicas, rogaríamos que esta temporada no hagan sufrir mucho a Héctor sólo para no verlo llorar. Pero hay cosas peores que una temporada de ver al Héctor compungido y triste. Y es que imaginaos que Géminis, ahora que le tiene, le clona. Otro Espí en el universo. Por si no teníamos bastante con Héctor y las cinco temporadas que ha tardado en coscarse de que algo raro pasaba; su hermana, la única mujer capaz de buscar durante un año a sus hijos para luego verlos pasar en silencio; su sobrino, ése as en mostrar su amplia gama de sentimientos, y nuestra querida e inteligentísima Paula y sus aventuras con Evelyn.

Vais viendo más claro lo de la ley de Murphy, ¿no?
:P

Los protagonistas hablan de Traición

Hace ya unos cuantos meses, cuando nuestro blog aún estaba en pañales, dabamos aquí nuestra peculiar visión sobre Traición, una de las muchas obras que Raúl ha representado en La Guindalera.

Hoy traemos la visión de alguien más experto, la del el cronista Alejandro Cabranes Rubio, quien en diciembre del 2007 dedicaba una entrada en su blog sobre cine y teatro a esta obra, y de paso aprovechaba para halagar el buen trabajo de La Guindalera, ese trabajo que por aquí más de uno admiramos, algunos hasta sin haber visto ni una sola de las obras que ellos han puesto en marcha.

Recuperamos la crónica porque incluye una entrevista a los protagonistas de la obra, y Raúl, aunque con un poco de retraso, llega a la tertulia. No dejéis de leerla si no habéis tenido oportunidad de hacerlo antes, o de recordarla si ya le habéis echado un vistazo alguna vez.



El encuentro tiene lugar el 23 de abril de 2007 en la entrada al Teatro Guindalera, donde hace unos meses se produjo la primera toma de contacto entre el equipo artístico y este cronista. Entre ambas charlas se estableció una mayor confianza entre las dos partes que a su vez ha marcado definitivamente la redacción de estas líneas. En aquella ocasión intérpretes como Ana Miranda, Ana Alonso y Josep Albert participaron en esa conversación como miembros de la anterior pieza que se analizaba: Odio a Hamlet. Ésta ofrecía un viaje hacia una dignidad relativa, no exenta de cierta amargura, sobre unas personas que deseaban recuperar su integridad. Traición, la obra de Harold Pinter que nos ocupa, por el contrario indaga sobre las raíces de la degradación de las relaciones afectivas y la forma de concebir la vida. Del reparto de la anterior se conserva Raúl Fernández, María Pastor y Alex Tormo, y se incorpora Andrés Rus en la doble calidad de ayudante de dirección de Juan Pastor y de intérprete. La conversación se inicia aludiendo a la coincidencia en cártel (por unos pocos días) con otras piezas de Pinter como Un ligero malestar y La última copa.

María Pastor: Esas dos yo no las he visto.

Alex Tormo: Yo tampoco porque cuando se han estrenado estábamos ensayando y el único día que libramos es el lunes, el día del descanso del teatro.

De todas maneras vuestra función se suma al “rescate” de piezas de Pinter, del que forman parte las dos aludidas como El portero en el Teatro de la Abadía. ¿A qué atribuís ese fenómeno?

M.P.: Evidentemente al Premio Nobel.

Pinter es famoso por escribir –tanto en la actualidad como en la Guerra Fría- sobre el miedo a lo desconocido; en sus obras la sensación de conformidad que rige nuestra vida resulta en realidad un espejismo. En sus piezas los personajes se responden así mismos cuando preguntan a los demás determinadas cosas. ¿En qué se diferencia Traición a otras propuestas?

M.P.: Creo que es una de las obras menos truculentas; es más diferente a otras de sus obras.

A.T.: Esta en concreto los diálogos tienen un esquema: pregunta/respuesta: frases muy cortas frente a largos parlamentos. Son respuestas cortas. Esa es una de las diferencias.

¿Cómo definirías a Emma?

M.P.: Creo que una de las diferencias con otros personajes que he interpretado es que no es de una sola pieza. Son personajes complejos, de los que el propio autor no da demasiadas características de ellos. Se sabe muy poco sobre Emma: lo que se intuye es que es un personaje de una época muy concreta; empieza a trabajar; a liberarse. Pertenece a una clase social acomodada, y con afición por la cultura, la literatura y el arte en general.

(Raúl Fernández acaba de llegar, disculpándose por el retraso).

¿Cómo es Jerry?

Raúl Fernández: Jerry de los tres es el más ingenuo. Es agente literario. No es que sea estúpido, ni muchísimo menos, pero sí a diferencia de Robert y Emma es más impulsivo, espontáneo.

Le toca a Robert…

A.T.: Robert es el padre de familia, el cabeza de familia: se considera el jefe de la camada, muy machista. Se corrompe a lo largo de la vida. Es un editor. Dirigía junto con Jerry revistas de poesía y al final los vemos que le interesa solo el dinero.

Hay un detalle llamativo de Robert: se conmueve cuando Jerry rechaza a Emma, y la abraza. Tiene un punto de dulzura que contrasta con sus rasgos principales.

A.T.: Efectivamente. Los personajes no son ni muy buenos; ni muy malos ni muy listos ni muy tontos. Tienen mucho de cada cosa. Uno puede ser un cabrón auténtico y en un momento dado tener un gesto de dulzura. Uno puede ser muy bueno y en un momento dado muy puñetero. Es una escena muy fuerte porque se hacen polvo los amigos, la mujer; y quien da el brazo a torcer es Robert porque entiende como está Emma después de lo que ha vivido.

La destrucción de su amistad está relacionada con la estructura de la obra en flash back. ¿Compartís esa apreciación?

A.T.: Estoy plenamente de acuerdo contigo. Lo interesante de la obra al dar marcha atrás es ver de dónde viene la destrucción; su germen. También vemos cómo nace ese amor. Pero lo más interesante es cómo nace la destrucción de ese amor en todos los sentidos: amor/pareja; amor/amantes…

M.P.: En realidad la estructura nos ayuda menos a preguntarnos qué es lo que sucede y más por qué sucede. En vez de preguntar qué, preguntas por qué. Esto es lo interesante.

R.F.: Yo no puedo añadir nada más…

Se detecta cierto sentimiento de falta de estabilidad en la propia puesta en escena de acuerdo a las emociones de los personajes. De hecho la acción en la primera escena se traslada del centro a la derecha; hay una composición triangular que define el carácter de las relaciones que se establecen; cuando Emma confiesa su aventura está a espaldas de Robert… ¿Qué puede aportar esa coreografía según vosotros a la definición de los personajes?

M.P.: Yo no creo que tenga que ver la definición de los personajes con eso. No podría contestar. En esta sala hay que trabajar con limitaciones de la sala; creo que a veces los movimientos nacen de la casualidad; de diferenciar y acotar el espacio… Lo que sí es interesante es que la iluminación está en función de la historia, pero eso es una característica en guindalera

De alguna manera la puesta en escena los deja un poco afligidos, descompuestos; los ahoga en el espacio escénico.

Andrés Rus: Eso no sé si es deliberado. De alguna forma teníamos que hacer que el espectador viese la obra desde arriba, con cierta distancia para que tu pudieses apreciar la forma en la que se relacionan, a veces en forma triangular. Los ves incomunicados desde un punto de vista distanciado, juzgándoles.

El vestuario empieza siendo muy oscuro (de acuerdo con la negritud inicial) y concluye con tonos más luminosos.

R.F.: Es cierto que seguramente atiende a ver la parte más colorida y viva en los personajes.

M.P.: Empiezan siendo muy corrompidos; y acaban más inocentes. (María se retira a prepararse para la función).

A.R.: (El vestuario sirve) para que tú veas el viaje al pasado. Los constantes flash back no se manifiestan solamente en la psicología de los personajes; sino también en la música; en la agilidad en la que se desarrollan las escenas hasta la última en 1968, en la que se produce el nacimiento de la pasión.

En ese mismo sentido opera la banda sonora. ¿Qué criterios seguisteis para seleccionarla?

A.R.: Buscamos música que remitiera a esa época, que hiciera un comentario sobre la escena; ofreciendo un contrapunto irónico; que transmita al espectador cierta nostalgia.

While My Guitar Gently Weeps (George Harrison) expresa el lamento generacional.

A.R.: Potenciaba bien el momento en el que Emma y Robert tiene un pequeño encuentro emotivo; entra muy bien; permitía cierta intimidad.

Otra canción empleada es You´re my best friend (Queen).


A.R.: Es un tema del año 75 archi conocido; que el espectador reconoce y da un punto de vista sobre Jerry y Robert… “You´re my best friend”… “¡unos cojones!”. Muy irónico.

¿Qué proyectos tenéis?

R.F.: Estoy en una serie que se titula El internado: la fecha de emisión es para el 14 de mayo. Es una serie que combina el culebrón con lo misterioso. Todos los personajes son misteriosos, un poco como Pinter, y el mío es el cocinero con un secreto muy oculto que no se desvela en los primeros capítulos.

A.T.: En el Teatro Universitario, dentro del grupo Triaca, hemos hecho Nuestra ciudad de Thornton Wilder.

Autor qué ya habías representado en Guindalera…


A.T.: De hecho fui en búsqueda y captura de lectura de sus obras a raíz de representarlo aquí. Ahora estamos prestos y dispuestos para hacer La visita de la vieja dama para estrenar un mayo.

¿Habéis preparado ya la programación de Guindalera?

R.F.: Se habla de reponer las funciones. Es la primera idea, pero no está claro. Volveremos con En torno a la gaviota, Odio a Hamlet y Pinter. Hay gente que se ha quedado con ganas de verlas.

Desde la temporada pasada se ha producido un “retorno” del público al teatro. ¿Compartís esa apreciación o habéis estado un poco aislados aquí?


R.F.: Eso te iba a decir. Hemos tenido una actividad frenética, muy centrados aquí en Guindalera. No hemos estado muy pendientes de la cartelera y estamos desinformados en torno al resto de las obras. Pero tengo la intuición, y coincido contigo, que la gente se está animando…. Nadie va a robar el carácter inmediato del teatro. Ver una obra de teatro grabada puede ser interesante para ciertos aspectos, pero la esencia del teatro es verlo en directo.

A.T.: Hay textos dramáticos llevados al cine, lo qué es distinto. Por ejemplo La huella (1972), de Mankiewicz, es un texto reescrito para el cine y es una obra maestra. Bueno, nos vamos metiendo para adentro para calentar: necesitamos un rato para concentrarnos, sobre todo haciendo una obra de estas características donde técnicamente tiene la complicación de ir al revés; y eso implica que debes despojarte de cosas…

La charla finaliza antes de abrirse el telón. Un domingo más Guindalera recupera la esencia del teatro, su emoción; su lado más primitivo y puro con propuestas tan modestas en sus presupuestos económicos como medidas en los teóricos. El aire familiar reforzado por el encuentro entre Raúl, Álex, María y Andrés con su público a término de la función hace evocar el espíritu de otras compañías independientes y cuyos montajes poco a poco les dieron prestigio. Un teatro para reflexionar sobre el paso del tiempo; sobre las heridas que infligimos a los demás y las que sangran en nuestro propio cuerpo; sobre cómo el ser humano se debate entre la dignidad y la corrupción de su alma. Un teatro íntimo, que establece su propia relación con los clásicos y con los textos contemporáneos, que se abre paso en la cartelera por su capacidad para interrogarnos a nosotros mismos. Un teatro que festeja su propia existencia y que lleva el contacto inmediato con sus asistentes hasta sus últimas consecuencias. Un teatro en cierto sentido cómplice con sus espectadores, entendidos estos como amigos que comparten con ellos un momento de creatividad, y no como extraños a los cuales hay que convencer de la valía de sus planteamientos. Y de allí nace su viveza: la sencillez no está reñida en él en ningún momento con la falta de complejidad. Las funciones aparte de tener lecturas morales (no moralistas) contienen otras de tipo ideológico y que permanecen soterradas: el rechazo hacia lo zafio, el éxito fácil; el cuestionamiento de la conformidad. Allí evocan el recuerdo de Animalario, sin contar con su cobertura mediática ni obras de teatro más llamativas pero a su vez menos sutiles, con independencia de su valía. ¿Guindalera seguirá sus pasos y terminará absorbida –dicho sin tono peyorativo- por la “cultura oficial”? De momento su supervivencia se fragua en cada función, en cada gota de sudor derramada en los ensayos. Como diría Bob Dylan, la respuesta está flotando en el aire…

Fuente

Construir para destruir

Siempre he admirado el trabajo de los guionistas. Será mi vocación frustrada de escritora, o quizá la admiración que me despierta el hecho de que haya alguien en el mundo capaz de identificar con tal acierto como lo hace un guionista las necesidades, las inquietudes del ser humano, para plasmarlas en una trama, en un personaje al que va insuflando vida, al que va creando y modelando a su antojo. Y hacer que tú, como espectador, vayas creciendo con él, creyéndote su evolución. Porque si detrás de ése personaje, hay un buen guionista, te lo creerás, lo sacarás de la pantalla y comenzará a formar parte del mobiliario de tu vida. Quizá porque has vivido algo parecido a lo que él está viviendo. Quizá porque ése personaje tiene la oportunidad de vivir todo aquello que tú alguna vez soñaste. Por lo que sea, los buenos personajes se te meten en la piel. Y en un momento que no sabrías identificar, dejas de tener en mente que esto es una serie, y por ende, un negocio hecho de datos, de números y de tantos por ciento, para implicarte en la historia.

Es difícil crear personajes protagonistas, motores para tirar de una historia. Sin embargo, yo he conseguido empatizar muy pocas veces con ellos. Dentro de lo complejo que debe de ser darles vida, no dejan de ser iconos, seres demasiado perfectos, física o emocionalmente, a los que ya, de forma predeterminada, hay que crear una historia grande. Pero tras ellos, están ésos secundarios, con sus historias y sus tramas, entretejidas a la sombra de los principales, que siempre terminan alcanzándome. Debe ser que yo no entiendo de distinciones, y para mí, una historia puede ser buena o mala, independientemente de los minutos que se le concedan. Porque otra vez, te olvidas de que esto es un negocio, y los que más ganan, salen más tiempo. Y si un actor alcanza el estado de gracia que otorga ser protagonista de los enseres de mis queridas carpeteras, entonces ni morirá, ni tendrá menos minutos, aunque su personaje, como tal, se diluya hasta la caricatura.

Por desgracia, hay veces en los que uno se da cuenta, de golpe y porrazo, que aquí no valen los sentimentalismos. Que en este mundillo, las tramas se mueven a golpe de talonario y cuotas de pantalla. Y que el mérito de construir un gran personaje no es más que la antesala para empezar a destruirlo, por mucho que al guionista de turno le joda. Porque si el personaje es bueno, funciona y gusta. Y si gusta, hay audiencia. Y si hay audiencia, el show debe continuar. Por encima de la coherencia, de lo sentimental. Apisonando sin compasión aquellas frustraciones, aquellas necesidades, aquellos anhelos, que una vez un guionista usó para construir.

Pero volvamos al plano sentimental, volvamos a hablar de construir. En todas las series hay un elemento común. Y digo en todas, absolutamente en todas. El amor, ése amor del que unos reniegan porque prefieren “otras” tramas, aunque luego, a solas, se estremezcan como todo hijo de vecino cuando una mirada, o un gesto, te toca irremediablemente. Están los fanáticos, los que piensan que las cosas son así, sí o sí. Están los que se enredan en la historia y la viven como suya. Y los que nos las creemos, los que indagamos en la esencia de los personajes, en el cómo y el por qué de sus comportamientos. Yo me meto en el último grupo, el de los masoquistas, pues somos los que más sufrimos el construir para destruir. Para colmo, me pasa como a cierto personaje, quizá el más humano que haya parido Globomedia. Que yo creo en los amores raros, no previstos, en los improbables. Por eso nunca me enganché a María y a Héctor, ni a Sara y Lucas, ni a Kate con Sawyer ni a Kate con Jack. Por eso mismo me enamoró la imposibilidad del amor de María y Fermín, la improbabilidad del amor entre Sun y Jin, la rareza del amor entre Rita y Gonzalo. Los amores débiles, porque en ellos no está el protagonista de turno, ni la certeza de un final que concede ese protagonismo. Los amores más destructibles, pero también los más hermosos.

Después de las últimas semanas, ya no me vale ni la ironía ni el sarcasmo. La quinta temporada de El Internado, y el final (provisional, por supuesto) que le han dado a otra de sus series veteranas, me pone de golpe las cartas sobre la mesa. Seguir una serie de Globomedia es un acto de fe. Pensar que el final será digno y a tiempo, es simple y llanamente una utopía.

Decía hace unos días el señor Alejandro Pina, creador y productor ejecutivo de algunas de las series insignes de la productora, que la gente que pululamos por los foros, blogs y demás representamos una parte “muy pequeña” de los seguidores de la series y nos calificó de “grupos aislados”. Me encantaría tener la oportunidad de preguntarle algún día al señor Pina cuántos audímetros tienen repartidos por el país, y por cuánto multiplican los datos obtenidos para obtener el share, por ver si así me hago una idea de lo que entienden en Globomedia por grupos aislados. ¿No somos lo suficientemente representativos de su target? Yo diría más bien que es tan sencillo como que se pasan nuestras opiniones por el arco del triunfo porque, si son capaces de vender su mejor creación por una alta cuota de pantalla, ¿cómo puedo esperar que lo que yo, o tú que estás leyendo esto, opinemos, tenga la más mínima importancia? Al fin y al cabo, somos una mota de polvo en el enorme desierto de serrín que algunos tienen en la cabeza.

Así que, a riesgo de que mi opinión resulte poco representativa, y mi crítica poco constructiva, me atrevo a decir que El Internado tenía que haber terminado hace ya tiempo, antes de ofrecernos una nefasta quinta temporada que sólo ha servido para empezar a destruir a mis dos personajes favoritos, a Iván y a Fermín, dos personalidades tan fuertes que se antojaban inquebrantables.
Y que viendo lo que han hecho con los personajes forjados durante cuatro años en “Los hombres de Paco”, yo no espero absolutamente nada para los de “El Internado”.
Porque lo peor no es el final, la última secuencia que te indigna o te arranca las lágrimas. Lo peor es ver como todo esto no deja de ser un circo, hábilmente planificado, para rascar share y número de espectadores, pasando por encima, sin tacto ni compasión, de todas las ilusiones que una vez se crearon con el mismo fin.

Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.

Un regalo muy especial


Por amor, los seres humanos cometemos algunas de las estupideces más grandes de nuestra vida. Estoy segura que al leer esta frase, casi todos os reconoceréis perpetrando alguna tontería de mayor o menor calibre por estar enamorados o simplemente embobados de alguien, porque, ¡ay, majos!, a veces no es tan fácil hacer la distinción. Lo grande de la mayor parte de estas estupideces es que, aunque sólo sea por el sentimiento que las motiva, terminan siendo entrañables, e incluso dejando un bonito recuerdo para los protagonistas.

Rodrigo es un chico. . . digamos especial, que está coladito por Puri, su antigua compañera de trabajo. La chica en cuestión está muy lejos de corresponder los nobles sentimientos de este pobre muchacho enamorado, pero a pesar de sus inseguridades Rodrigo no se achanta: él está decidido a cambiar su suerte, así que un día decide agasajar a Puri con un regalo muy especial, uno que muchas quisiéramos recibir por nuestro cumpleaños, pero termina cometiendo la mayor estupidez de su vida.

Rodrigo no está sólo en la aventura de su conquista, cuenta con el incondicional apoyo de uno de los mayores seductores de la pequeña pantalla: Fénix, el guapo del equipo A, el “terror de las nenas”, ése que a finales de los 80 acababa ligándose a cuanta niña mona de pelo cardado y vestido de hombrera generosa se le cruzaba por el camino, ¿os acordáis?

En pocas palabras, éste es el argumento de El regalo, el loco cortometraje con toques surrealistas (no se me ocurre otro modo de calificar la presencia de la voz en off de Fénix como guía y gurú de seducción), que Raúl rodó en el 2006 bajo la dirección de Carlos Agulló. Raúl está acompañado en esta ocasión por María Pujalte y por Roberto San Martín, con el que hace apenas unos meses compartía el escenario del teatro María Guerrero con el montaje Platonov. Además, aparece también unos segundos un viejo conocido de este blog; yo no sé si vosotras le ponéis cara, pero estoy convencida de que su nombre os sonará. Para comprobar vuestro grado de conocimiento de los artículos aquí escritos, y advierto que esto es un examen en toda regla, no desvelo su identidad y espero vuestros comentarios (tramposas, no vale mirar los créditos :P).

Aquí podéis ver, íntegro, el corto El regalo. Disfrutadlo.

Raúl en Cuéntame


Cuéntame es una de las series de producción nacional en emisión que mejor resiste el paso de tiempo. Desde su estreno en el año 2001 ha logrado mantener siempre a un fiel batallón de espectadores pendientes de las andanzas de la familia Alcántara. Con estas credenciales es de suponer que la enésima temporada de la serie no tarde mucho tiempo en llegar a las pantallas. Es más; teniendo en cuenta la política que rige el mundillo televiso, pronostico que si las audiencias continúan acompañando, en el año 2040 podremos ver a Carlitos Alcántara depositando su voto (casi seguro que para López Aguilar) en las elecciones europeas del pasado junio. Al tiempo.

Es natural que por una serie con una trayectoria temporal tan extensa, hayan pasado innumerables actores dando vida a la pequeña legión de personajes episódicos que tantos capítulos exige, y que con el paso del tiempo, algunos de esos actores se hayan convertido en rostros y talentos mucho más conocidos y reconocidos.

En este grupo está nuestro Raúl Fernández, que hizo una pequeñísima intervención en el capítulo La larga noche del maletín, emitido el día 1 de mayo de 2003. Mucho ha llovido desde entonces, tanto que a Raúl le ha dado tiempo a ganarse más de un papel protagonista en otras series hasta llegar a Fermín, y a demostrar su valía sobre las tablas en alrededor de una decena de montajes teatrales.

Quién sabe, quizás dentro de unos años recordemos con cariño en un vídeo la intervención en El internado de la emo del falso suicidio, del fulano que va a buscar a María para llevársela al psiquiátrico, o del conserje Gerardo, que apareció en los primeros capítulos y del que nunca más se supo (¿qué pasa?, a mí me caía simpático), porque el actor que lo interpretaba ha conseguido calarnos hondo con un papel.

Mientras esperamos ese momento, recordaremos con cariño la intervención de Raúl en Cuéntame, e incluimos los créditos del capítulo porque tienen una canción molona y, sobre todo, para que os creáis que ese muchacho de pelo repeinado al que casi ni enfocan a lo largo de la secuencia, es el cocinero/espía más sexy de la tele actual. Disfrutadlo.


Nuevo proyecto, nueva ilusión.

Llevábamos días dejando caer, por aquí y por allí, que en unos días tendríais una sorpresa por nuestra parte, aunque no tuviera que ver expresamente con Raúl.

Hace unas semanas, comenzó a fraguarse la idea, que ya nos rondaba hace tiempo, de crear un sitio para recoger todo el fandom que hemos ido haciendo sobre la serie en un sólo lugar. Así pues, con toda la ilusión del mundo, nos embarcamos en la creación de un nuevo blog, que nada y todo tendrá que ver con este, ya que comparte a algunas de sus creadoras y personajes que nos ocupan aqui, y en el que podréis encontrar, como os imaginaréis, todos los fanfics que hemos creado sobre la serie, y algún otro inédito.

Antes de invitaros a pasar, tenemos que darle las gracias a Jessica, administradora del blog de Marta Torné, y que pasa también a ser administradora de este nuevo blog además de ser la creadora de toda la parte gráfica del blog. Por nuestra parte, Nicole, parchis, y la que aquí suscribe, somos las que hemos ido poniendo nuestro granito de arena para sacar este nuevo proyecto adelante.

Así que ahora ya os invito a poneos cómodas y pasar. Encontraréis primero un mensaje de bienvenida que os explicará cómo navegar por el blog. A la derecha encontraréis todos los fanfics disponibles hasta el momento.

Invitamos también a todo aquel que le apetezca a participar en él, a mandarnos su fanfic para que sea publicado en el blog, sin importar en qué personajes se centrar o en que categoría entra. En la variedad está el gusto.

Nos vemos en El Internado Fan Fics.
¿Vienes?

Marta, la réplica perfecta.



Cuando Marta Torné llego al reparto de “El Internado”, lo hizo sin credenciales ni carta de recomendación. Llegó a la sombra de apellidos insignes, entre Merlos y Barós, y de una generación joven que pisaba fuerte entre el target adolescente de la serie.

En ese sentido, su trayectoria es similar a la de Raúl, aunque él ya fuese casi un veterano de las tablas y ella viniese de hacer algo que prácticamente nada tenía que ver con la interpretación. Ni tenían un nombre, ni un público predeterminado al que llegar.
Y sin embargo, ambos se han erigido como dos grandes pilares de la serie, tanto en su papel dentro de la trama, como en lo que a su trabajo como actores se refiere.

Y es que aunque este blog esté centrado en el trabajo de Raúl en todos los palos que ha tocado, quizá sea un buen momento para dejar de mirarnos el ombligo un momento y valorar el trabajo de Marta como réplica no sólo de Raúl, sino de Yon, de Luis o de Amparo. Valga esta entrada como forma de dar las gracias a Marta, porque mucha culpa de que nos enamorásemos de la historia de amor de María y Fermín, es sin duda suya.

Es difícil encontrar ningún otro personaje dentro de la serie tan exigente como lo es el de María. Unos por estar demasiado definidos, ya sea en su rol de buenos buenísimos, o malvados malísimos; otros porque están embarcados en tramas menos emocionales. Sin embargo, Marta se ha visto obligada, gracias a María, a vivir el odio, el miedo, el amor a un hombre que sabe que no le conviene, la tristeza que provoca el desprecio de un hijo, la desesperación, la resignación, el dolor.

La última escena de esta temporada de El Internado ha servido para que los halagos a su trabajo se multipliquen. Y con razón. Pocas veces tenemos la oportunidad de ver en televisión un momento de semejante tono emocional, en el que la actriz tenga que decir tanto sin una sola línea de diálogo. Y aún así, Marta consigue que en dos minutos y medio, vivamos la alegría, la resignación, la emoción a través de sus ojos y su sonrisa.

Pero Marta no es sólo esa última escena. Es lo mejor de ella en una secuencia que llevábamos cinco temporadas esperando. Y quizá eso influye para que ahora, de repente, todo el mundo vea a la gran actriz y se olvide de ciertos prejuicios que arrastraban hacia ella. Sin embargo, si miramos atrás en la serie, no es la primera vez que la vemos brillar de ésa forma. En “El Polo Norte” ya vimos lo que ahora parece sorprender tanto, cuando Iván va a despedirse de María y ella, al quedarse sola, lo expresa todo con una sonrisa preciosa y llena de lágrimas.

Sus escenas con Raúl son, todas ellas, un ejemplo de lo que es la química entre dos actores, y cómo uno puede sacar lo mejor de sí mismo en buena compañía. No debe de ser fácil dar vida a una mujer que ama sabiendo que no debe hacerlo, que ama con recelo pero que por encima de todo, ama. Y Marta ha vivido en la piel de María todas las emociones que eso conlleva: el miedo, la pasión, los celos, el enfado, la necesidad tímida de estar con esa persona.

Gracias Marta. Si tú no hubieras sido María, las Fermarías sólo seríamos Fer.


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Dos poemas de amor y una petición desesperada

No es nuestra intención emular al gran Neruda, pero hay que reconocerlo. En las filas fermarías, hay talento. Y si no, atentos a lo que sigue, porque no tiene desperdicio. Durante la pasada semana, recibimos dos correos, de dos participantes de este blog, Nicole y Aurora, a las que al parecer, habían visitado las musas. Lo curioso era que ninguna de las dos sabía que a la otra, le había dado por lo mismo. Así que podemos decir que nuestra interconexión va más allá de lo que nunca imaginamos.

Sin más dilación, os dejo con las creaciones de ambas. Dos estilos distintos unidos por una misma causa: pedir que nuestro Fermín de siempre esté de vuelta en la sexta temporada. Para que vean que nuestros recursos de protestas son variados y hasta altamente estilísticos.
Gracias a Eerised por la imagen que acompaña a esta entrada.



¡Que me devuelvan a Fermín!
(por Nicole)

¡Que me devuelvan a Fermín!
Con calzoncillos de corazones,
Y la trola de los fogones
Sólo por verla reír.

¡Que me devuelvan a Fermín!
El de la bala en el brazo
Grito ahogado en su regazo
Mientras muerde un calcetín.

¡Que me devuelvan a Fermín!
El que galopa desesperado
De vuelta hacia el internado
Con gran nostalgia y mohín.

¡Que me devuelvan a Fermín!
Que sin vacilación alguna,
No duda en quemar tal fortuna,
Incluso El Prado de Madrid.

¡Que me devuelvan a Fermín!
A esas manos que arañan puertas,
Y en el colchón se deslizan abiertas,
Cual quien busca su botín.

¡Que me devuelvan a Fermín!
Que lo arriesga todo por ella,
Cruza fronteras por su doncella,
Y luego prepara un festín.

¡Que me devuelvan a Fermín!
Con el móvil en la mano
Llamando a María en vano
Mientras se acerca el fin.

Para evitar un motín,
O una serie de protestas
Yo les pido a los guionistas
¡Que me devuelvan a Fermín!

La creación.
(por Aurora)
En un papel bajo la caricia de mi bolígrafo
un domingo sangrante nació una idea
que ni siquiera supe que iba a existir.
La creación, mi protagonista,
resultó ser un total desconocido para mí
del que tan solo descubría primero su físico,
su andar puede desgarbado, la intensidad de su mirada
sensiblemente enamorada en un futuro cercano,
y cada uno de sus gestos en mi imaginación
no antes pensados.

Sus primeras palabras me robaron la atención,
cautiva me tenían poco a poco sin quererlo,
no solo a mí si no a mi tiempo de estar a solas
felízmente rellenado.
La sorpresa me inundaba mientras lo iba creando
y mi cabeza me dejaba soltarlo de dentro.

No como otras veces conseguí a lo largo del escrito
hacer míos sus sentimientos
porque en esta ocasión mi personaje era bueno,
muy bueno, para mí
o para quien quisiera compartirlo.
Y supe que sería acabado puede que no perfecto, roto ,
deshilachado o falto absoluto de bondad.
Pues era querido y tratado con respeto por ser algo mío,
guardado para siempre en mi cariño.
Consiguiéndome hacer sentir.

Raúl Fernández y Marta Hazas comentan "El último día"

Parece ser que Antena 3 aprovechó la presencia de Raúl Fernández y Marta Hazas el pasado martes en "Tal cual..." para grabar un pequeño vídeo para la web.
O eso, o tuvieron que contar fuera del plató lo que no les dejaron contar dentro. :P

En todo caso, aquí os dejamos el vídeo en el que Raúl y Marta comentan el último capítulo de la temporada. Que lo disfrutéis.

Making of de "El último día"

Los making of siempre me producen una sensación extraña. De hecho, evito hacerlo, porque luego, cuando vuelvo a dar con esa escena en particular, no soy capaz de verla con los mismos ojos. Es como si le restara magia.

Después de varios días analizando la escena de la muerte de Camilo en "El último día", resulta curioso ver este cómo se hizo para hacerse ser consciente de lo divergentes que pueden llegar a ser las ideas que ellos quieren transmitir y las sensaciones que a nosotros nos llegan.

Ya dije en su momento que la escena había quedado "extraña". Tiene un buen ritmo, tiene buenos momentos a nivel de guión y cuenta con tres actores fantásticos: Pedro Civera, Irene Montalá y Raúl Fernández. Y sin embargo, por alguna razón que no consigo entender, me dejó fría. Como si hubiese sido un momento de gratuita espectacularidad. Llamativo pero vacío.

Gracias a este vídeo, tenemos otra versión de la historia. Raúl, Irene, Antonio Arnalte y Jesús Rodrigo nos cuentan cómo fue la grabación de la escena. Pero sobre todo, lo más interesante es ver cómo Antonio, especialista de cine, se mete en la piel de Camilo para grabar la escena en la que éste arde ante la atónita mirada de Fermín y Rebeca.

Lástima que a veces el buen trabajo no se refleje en su justa medida.

Día 9: Fermaría Chiqui


Hoy me toca a mi hablar sobre el último capítulo de la temporada, así que ya os podéis imaginar que esto va a ser largo y que voy a decir cosas malas, pero también alguna buena. Así que sin más preámbulos, poneos cómodos y, si sois capaces de leerlo entero, hacedmelo saber para subiros a los altares. :P
Allá vamos.



Se acabó lo que se daba. El cacareado último día llegó y se marchó dejando a su paso la estela representativa de lo que ha sido esta temporada: algún momento para recordar, varios para olvidar y términos medios, agua tibia de la que no da ni frío ni calor. Hablando en plata, mediocridad.

Ganamos en este capítulo, en su plenitud, al Héctor recuperado, al espíritu de lucha que nunca debió dejar de mostrar. La trama de Héctor ha sido siempre la de los Espí, y mantenerle alejado de ella, convirtiéndole en el hombre bueno que no se entera de nada, no ha favorecido a su personaje durante todo este tiempo. Por eso, ayer Héctor fue la mejor versión de sí mismo. Y Luis Merlo habría sido el actor más remarcable de este episodio final si no hubiera sido por esos tres minutos finales que devoraron el resto del capítulo sin piedad. Pero todo a su tiempo…

La primera parte del capítulo fue, por entero, de Héctor. Primero, la espeluznante escena en la jaula. El momento en que, a través del vídeo, les confiesa a sus sobrinos su verdadera identidad estaba llamado a ser uno de los grandes momentos de la serie, y cumple por su parte. Luis está fantástico en la escena, y sabéis que yo no soy de las que le lanza flores por costumbre. Era fácil que en un momento así, pecara de su tendencia al exceso, pero está contenido y sentido, que era el objetivo. Por desgracia, no se puede decir lo mismo de la otra parte de la historia. A Martín Rivas, por mucha lágrima artificial que le pongan en los ojos, no consigue llegar a ninguna parte. Le ves llorar y te provoca la misma emoción que verle correr, saltar o comer. Ninguna. Para más inri, los gestos de los que están con él tampoco aportan demasiado a que nos impliquemos con ellos. Carol empieza a suponer un serio problema para el espectador, porque uno ya no sabe si es que el registro de Ana de Armas es realmente tan limitado como parece, o ésos extraños gestos tienen algo que ver con el empeño de los guionistas en que sigamos pensando que hay un traidor.

El otro gran momento de ésta primera parte del capítulo fue el encuentro entre Iván y Fermín en el pasillo. Siempre diremos que es una pena que se desaproveche la química que hay entre los dos no dándoles más escenas juntos, y ayer tuvimos la prueba de ello. Además, tuvimos el privilegio de verles en su salsa: Raúl interpretando a un Fermín lleno de ira, que es una de las emociones que mejor se le da. Y Yon metido en la piel del Iván más arisco, que es una de las características del personaje que mejor explota el actor.
Fermín se enfada y le canta la caña a Iván en un momento fantástico a nivel actoral y de guión, y nosotras, ingenuas, creemos que hemos recuperado al héroe romántico y que los que encerraron a María se van a arrepentir de haber nacido. Para rematar, Jacinta, voz de la conciencia del espectador, le recuerda a Fermín que él tampoco estaba allí para hacer nada cuando ella le ha necesito. Y vemos otra vez en él esa mirada que tanto nos dice, la del hombre torturado, enamorado y con ése toque violento. Pero en la siguiente escena, al cocinero se le ha pasado el cabreo y está cortando lechugas. Adiós coherencia, encantada de haberte conocido…

Fermín siempre ha sido un personaje dual, construido por dos vertientes: el infalible investigador y el hombre enamorado. Y éste último era el único capaz de hacer flaquear y derrotar al primero. Durante esta temporada, el guión ha ido desmontando la debilidad del héroe, y le ha dejado reducido a un elemento más de esta vorágine de nazis, organizaciones, enfermedades y visiones, con Rebeca como compañera de cada uno de sus movimientos. Vaya por delante que me gusta mucho Irene como actriz y su rol en la serie, pero creo que tanto personaje nuevo sólo consigue que no tengamos la oportunidad de profundizar más en los que ya tenemos, en la soledad de Héctor, de Fermín, de Iván… Esta temporada, no ha habido prácticamente ni una escena en la que les veamos solos sin que pase nada que afecte a la trama. Sólo por el placer de ver qué sienten. Ya no hay un Héctor que se sienta a pintar en su cama mientras llora, ni un Fermín que se agarra a unas sábanas vacías… Y eso se echa en falta.

La primera parte del capítulo toca a su fin con la enésima trama absurda de las niñas, que esta vez promete darnos lo de siempre: una situación increíble, con demasiados minutos y poco que aportar. Ojala algún día los guionistas entiendan que hace mucho que estas tramas dejaron de ser un alivio cómico para convertirse en una tortura psicológica para el espectador.




En la segunda parte de esta finale, volvemos a la carga con el tema de la enfermedad. Saúl le comenta a Fermín que la sangre hallada en el rey del tablero de ajedrez pertenece a alguien que ha sido alterado genéticamente para crear un sistema inmunológico infalible. Nuestro cocinero, en su línea, le pregunta a su jefe si han probado con la kriptonita. No sabemos si se refiere a la que le debieron exponer a él para que de repente, le importe un pimiento lo que le pase a cierta persona. Pero no volvamos al tema, que me enervo… Un momento después, Amelia se despide de Fermín en la única escena salvable de Marta Hazas en el capítulo de ayer. Porque aquí también hay tela que cortar.

La escena entre Amelia y su hermano estaba creada con el objetivo de impactarnos, de crear una situación altamente dramática que nos sacudiera los cimientos. Sin embargo, fue una misión casi imposible. Marta Hazas firma en este capítulo su peor actuación en lo que va de serie, incapaz de transmitir su desesperación, su pena, su dolor o su sufrimiento. La réplica de Adam Quintero tampoco ayudó demasiado. El personaje de Fernando ha sido, ya lo podemos confirmar, la gran decepción de la temporada. Sólo espero que lo que sea que le dijo a Carol al oído tenga algún sentido para la trama y volvamos a acordarnos de él por eso.
Eso sí, si tenemos que ser justos, la escena, a nivel de producción, fue impecable.

Asistimos también en esta parte a la tardía recuperación de Elsa como personaje, después de minarla durante dos temporadas con la llegada de Samuel y el efecto Noiret. Ayer volvimos a ver a la mejor Natalia Millán, más creíble de mujer con ánimo de venganza que de madre resignada. Intuyo que quizá, porque a Natalia le gusta más la primera Elsa…

En cuanto a Héctor, volvemos a lo que mencionaba al principio. El actor funciona, pero la réplica no. Ni Lola Baldrich ni Martín Rivas consiguen estar a la altura en sus dos escenas con Merlo. Aún así, me alegro de la continuidad de la primera por todo lo bueno que ha traído para el personaje de Héctor. El segundo, por desgracia, le quitó gran parte de emotividad a una escena que podría haber sido mucho más grande.

Rebeca, por su parte, le cuenta a Martín su poder. Y claro, el pobre huye cuan alma que lleva el diablo. Yo también lo haría. Repito que me gusta mucho Irene, y me gusta su personaje. Pero no convenía abusar tanto de ciertos elementos sobrenaturales. A mi personalmente no me molestan si están bien llevados, me gustó mucho en su momento, por ejemplo, la presencia del búho, porque era un elemento “esotérico” pero contenía un elemento poético, cierto sentimentalismo. Pero después de una temporada de fantasmas, la aparición de un niño con sueños premonitorios que para colmo, se hace pis en la cama; nuevos fantasmas y una investigadora que te toca y ve todo el mal que has hecho, el guión, y algunos personajes, empiezan a pedir un poco de mesura al respecto.

Julia se ha pasado toda la temporada centrada en la trama de un fantasma que se aparecía para darle una pelota. Sin embargo, en el último capítulo, el ente es capaz de cogerla del pie, lanzarla al agua, ¡y darle una llave! Y digo yo, ¿si hubiéramos empezado por ahí no nos habríamos ahorrado todo esto? A Dios gracias, la escena conduce después a la reconciliación entre Iván y Julia, recuperando parte del espíritu de su historia.

Continúa esta segunda parte la escena de Fermín, Camilo y Rebeca en la ermita. Poco que decir al respecto. La escena fue buena en emoción, en montaje y en guión. Me gustó especialmente Pedro Civera, y sé que echaremos de menos a este grandísimo actor. Eso sí, he de reconocer que me pareció demasiado extravagante eso de verle arder cuan falla valenciana.

Rematamos este apartado con una preciosa escena entre Héctor y Jacinta y la huída de Irene de casa de Saúl, hecho que más tarde, nos traerá la escena más bizarra y estúpida de la temporada.

Unos instantes después, vemos a Sandra Pazos entrar por la puerta del internado, mientras sus hijos y su hermano se preparan para irse. Como si de un fantasma se tratara, recorre pasillos y salas, sin cruzarse con nadie, sin expresar absolutamente nada. Aún así, todos entendemos que por fin, se producirá el reencuentro de Marcos y Paula con su madre. Sin embargo, Irene, que ha pasado ya por dos secuestros, un parto y no sé cuántas perrerías más, ve pasar a sus hijos sin hacer nada al respecto. Si alguien entiende por qué no debería considerar esta escena una tomadura de pelo y una soberana estupidez, que me lo explique por favor…

Mientras, su hermano, dispuesto a huir con sus sobrinos, es retenido a punta de pistola por ese personaje tan malo interpretado por un actor aún más malo. El rey de la baraja impide que Héctor se vaya y le dice que lo suyo, también es una historia muy larga. Por el bien de mi salud mental, espero que no lo sea tanto…

El papá amnésico de los Novoa, por su parte, se encuentra con su suegro en su casa mientras se come una lata caducada en una escena inenarrable a la que no tengo nada que aportar.



Llegamos así a la última escena de la serie, ésa que como dije al principio, terminó merendándose al resto del episodio. Una escena sublime en la que todos olvidamos, durante esos tres minutos, que la temporada había sido mediocre, que Iván sabía de todo por un fantasma, que no habíamos visto la escena en la que encuentra los papeles en el armario de Noiret… Todo, absolutamente todo, se disuelve cuando uno ve el rostro de ésa María resignada y llena de dolor. Cuando oyes la voz ronca de Iván llamándola por su nombre. A través de la incredulidad tan bien dibujada en la cara de Marta, mientras que la de Yon se refleja en el cristal, presa de un dolor que él sabe transmitir como nadie. Y crees que la serie acaba de alcanzar una especie de cenit cuando sus manos se tocan a través del cristal, pero no.
El éxtasis, a nivel de guión y sobre todo, a nivel actoral, llega cuando Iván descubre ese rastro de sangre en su mano, y acto seguido, baja la cabeza y cierra los ojos, en un plano como muy pocas veces hemos visto en la serie. Y en ese momento, Yon consigue que el espectador esté dentro de Iván, y en un segundo, entiendes que se muere, que está enfermo y lo sabe. Pero aún así, vuelve a levantar la cabeza y nos regala una sonrisa hermosísima y llena de dolor, mientras Marta Torné, sin una sola palabra, consigue hacernos partícipe de que María, encerrada donde está, es en ese instante más feliz de lo que lo ha sido nunca.
Simplemente indescriptible el trabajo interpretativo de los dos, y las posibilidades que la escena abre a nivel de tramas.

En resumen, dos grandes momentos, el de Héctor y, muy especialmente, el de Iván y María; varios momentos para olvidar, entre ellos la conversación entre los hermanos Ugarte y la llegada de Irene Espí al internado; y varios momentos tibios. Muchas tramas que se quedan demasiado abiertas y que hemos de suponer que sólo nos serán explicadas a través de flashbacks.

Para terminar, os pido mil perdones por lo extenso del artículo y os dejo ya con el vídeo de las escenas de Raúl en el capítulo, por cortesía también esta semana de Vampi.
Que lo disfrutéis. ;)

Raúl en "Tal cual lo contamos".


Hace unos meses, justo el día en el que daba comienzo la quinta temporada de "El internado", se abría nuestra veda particular, y podíamos ver por primera vez a Raúl promocionando la serie en un programa de la tele.

Hace sólo unas semanas, en la mitad de esta quinta temporada, Raúl se dejaba ver en sendos encuentros digitales en la web de Antena 3, y así nosotras pudimos dispararle unas cuantas preguntas que llevábamos guardadas mucho tiempo, mientras veíamos pasar a casi todos los actores de la serie por ese misterioso cuarto perdido de los estudios de Antena 3 en el que se realizan todas las ciberentrevistas.

Esta misma tarde, la del día en que se pone fin a la temporada, se cierra el círculo (esperamos que no la veda) y volvemos al punto donde empezamos: tenemos de nuevo al niño en la tele. Y es que Raúl ha visitado junto a Marta Hazas el programa Tal cual lo contamos, que actualmente ocupa las tardes de la cadena.

En teoría, iban a promocionar el último capítulo de esta quinta temporada de "El Internado" que se emitirá esta noche, aunque han terminado "hablando" (nótesen las comillas que flanquean al verbo) de Michael Jackson.

El vídeo es breve, pero en él podemos también vivir un momento de lo más bizarro cuando la presentadora llama a Marta y Raúl "contertulios", lo que no sé es cómo les ha debido de caer teniendo en cuenta que se hallaban sentados cerca de grandes tertulianos de la talla de Rosa Villacastín, Carmen Pardo y otros engendros del mundo del corazón.

Pero al menos, nos permite disfrutar de la presencia en pantalla de estos dos actores a los que no estamos muy acostumbrados a ver en este tipo de "eventos". Aunque les dejen hablar poco y de algo que nada tiene que ver con lo que han ido a hacer.

Eso sí, como últimamente ando tan criticona, me quedo con las dos cosas positivas del vídeo: la sencillez y la calidez de Marta Hazas, y la naturalidad de Raúl, inconfundible, cuando dice que para descubrir al topo habrá que ver el capítulo de esta noche y si no se descubre, la sexta temporada. Cuánto saben tus huesos, majo... ;)

Aquí tenéis el vídeo y las imágenes. Que las disfrutéis.

Parchis & Chiqui.



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Calentando motores para el último día




Como ya sabéis, la quinta temporada de El Internado llega a su fin este próximo martes con el capítulo "El último día", que en sus fotos y anuncios promocionales nos promete el pan y la sal. Veremos si no nos quedamos con hambre...

Los programas de Antena 3 y sus profesionales comentaristas, tan bien informados como de costumbre, anuncian a bombo y platillo muertes, sorpresas, giros, risas y llantos. Pero si nos paramos a pensar, los posibles muertos no son tantos si recordamos los archivos secretos; las sorpresas y los giros nos dejan últimamente más fríos que calientes, y andamos ya tan curtidos en el tema, que ni a la risa y el llanto llegamos.

Valga como consuelo que los anuncios promocionales son, quizá, los mejores de lo que llevamos de temporada, prometiendo tramas fuertes para todos los personajes: Héctor, Fermín, Julia, Iván, Amelia y Saúl.

Esperemos que esta temporada, que ha sido para muchos la más mediocre, tenga un final que nos deje buen sabor de boca. Y a ser posible, a ver si tenemos la primera finale en la que nuestro cocinero no queda aparentemente muerto, inconsciente o apaleado por un señor que le triplica la edad. Eso sí que sería un cliffhanger. :P



"Ser actor es un compromiso más complejo que el hecho de ser famoso y salir en la televisión"

Todas nosotras ya sabemos lo difícil que es buscar información de Raúl, que si te encuentras con un Raúl Fernández experto en trial, o con otro actor venezolano llamado también Raúl Fernández; en fin que a veces es hacer encaje de bolillos para encontrar una entrevista nueva que no haya salido antes en otros foros.

Hoy rebuscando me he llevado una alegría, entrevista inédita y nueva de este gran actor; os la dejo para que la disfrutéis, los comentarios sobre ella os los dejo a vosotras; sobra decir que este chico admira y ama su profesión.

Disfrutarla.


Fuente

Día 8: Fermaría Luna


Hoy será Luna, comentarista habitual del blog, la encargada de analizar el penúltimo capítulo de esta temporada, "Paula en el País de las Maravillas" para el 9 días, 9 fermarías. Cabe mencionar al respecto de la captura de rigor, que esta semana, escoger ha sido más difícil que nunca. :P



El capi de esta semana titulado “Paula en el país de las maravillas” me ha tocado a mí y la verdad me alegro porque como todos los capítulos tiene cosas negativas pero al menos no se puede negar que ha tenido ritmo, cosa de la que a mi parecer carecían los demás capítulos de esta temporada que a veces llegaban al sopor más absoluto.

Al comienzo del capítulo lo primero que descubrimos es algo, que ya sabíamos, predecible sí, pero por eso se caracteriza esta temporada, ¿no? Pues eso, descubrimos que el giramochos (que me gustó ese mote, de la autoría del mismo no me acuerdo quien fue, gracias de todas formas jeje) está con los malos, pero no así como así, él es “El elegido” por un momento me vino Keanu Reeves a la mente. El caso es que si ese niñato que lo único que había hecho en toda la temporada era cabrearnos hasta el extremo, hoy se confirmaba más el odio, aunque no por las mismas razones. Recordando esos comentarios en este blog de una muerte lenta y dolorosa para este ser, no os dieron ganas de llevarla a cabo cuando mandó a María al psiquiátrico???

“Me gusta tu estilo” le dijo Noiret, que por primera vez le hemos visto, cagado literalmente. Pensábamos que no podría haber nadie más perverso y malvado que Noiret, pues parece ser que sí y es justamente el personaje que llevamos odiando toda la temporada y justo al que le teme Noiret. Por qué será? Pues uno de los flashbacks nos lo aclara, el chandalero es una máquina de matar sin sentimientos, mucho cuidado con él que nos puede dar más de un disgusto en el próximo capítulo.

Cambiando de tema, Héctor, ¡que me gusta que investigue! Por fin tiene más vida el personaje, tiene narices que es cuando menos tiempo de vida le queda, se supone claro porque ya sabemos el final ¬¬ Me revienta que me destripen los finales. La foto que encontró en casa de Elsa, ¡sorpresa! Libro dedicado del amigo Adolf, la Espí con… ¿¿Hitler?? Qué mal rollo, me encanta la cara que puso cuando miraba la foto y a Paula. Que inocente es Héctor, “tengo que sacar esto a la luz, tengo que avisar a la policía”, sí claro, el pobre ha estado 4 temporadas sin saber nada y ahora cree que puede salvar la cosa en dos minutos, no es culpa suya no sabe con quién se está metiendo. Lo que me reventó de verdad es que ahora quiere hablar con Marcos, no sabe que el niño ya lleva mucho bagaje en el tema. Así que corre a buscarlo, pero claro no puede encontrarlo y hablar con él así como así, los guionistas nos quieren matar de la angustia y hacen que Marcos le pegue un soberano cachiporrazo en la cabeza y lo deje inconsciente, y en el próximo capítulo…

La “mini pandi”, no sé por donde empezar, si por la gilipollez de Marcos de decirle a Amelia que sabe quién es o de los dos sopapos que le daba a Iván por delatar a María (aunque eso sea de otra trama) Quién es el traidor? Se hacen apuestas, dicen que Roque o Carol, yo voto a favor y en contra de mi tocaya porque no lo tengo muy claro, por una parte pienso que sí pero lo hace obligada como aquella vez que la amenazaron con matar a su madre y pienso que no porque ya estoy acostumbrada a que los protas sean buenos (excusa absurda pero es que no sé cómo explicar el porqué creo que no) La cazafantasmas, para eso ha quedado, para ver fantasmas y poner cara de asustada, no ha hecho otra cosa en todo el capítulo, bueno sí, creerse a las niñas y enfadarse con Iván, ¿pero no sabes ya lo borde que puede llegar a ser? Aún recuerdo cuando el personaje de Julia también lo era, qué desperdicio, la pobre. En los pasadizos, más de lo mismo solo que “¡¡ohhh Nacho no está!! ¿Y ahora qué hacemos? Pues nos llevamos los frascos con fetos de recuerdo” Por cierto ¡ya era hora de que descubrieran a Camilo! ¡Y otra vez por culpa de las niñas Marcos cree que Héctor es de ottox, qué angustia siempre igual!




María (sin Fermín) no es por nada pero ayer empecé a pensar que de verdad está loca porque menuda cara, lo hace muy bien si no lo está. Después pensé lo más lógico, que la desesperación es mu mala y te lleva hacer locuras, ¿¿acaso pensaba que apuntando a su hijo con una pistola se iba a ir con ella?? Eso es desesperación pura y dura. Me hizo mucha gracia eso que le dijo al chandalero cuando él descubre que ella había leído los documentos, “todavía queda gente buena en el mundo” refiriéndose a él ¬¬

María (con Fermín) vaya escena, ella dirá que es el hombre al que más ha querido en su vida, sí, sí, pero fue a su habitación para robarle la pistola no para hablarle de sus sentimientos precisamente, lo que pasa es que él la pilló y claro tenía que salir del paso. Ojo que no digo que María no quiera a Fermín pero en ese momento estaba ocupada pensando en su hijo y en que Noiret la quiere matar. Pero lo que no entiendo y esto es culpa toda de los guionistas es que cuando Fermín le dijo en la cocina “cuéntamelo todo, ahora, dime qué te pasa” (aún recuerdo el primer capítulo en el que también le decía eso y ella se lo contaba todo, qué tiempos) dos cosas: María no sé por qué no le cuenta nada si tanto le quiere, aunque ahora está de lo más confundida y segundo Jacinta saca a las niñas de la cocina por favor!! Siempre en medio ¬¬

De las niñas no comento mucho porque como siempre me sobraron, sobretodo con Julia. De lo que me alegro es que en este capítulo el niño meón, no se meara, en serio es un logro. También me gustó que los tuvieran entretenidos con la obra de teatro (si me permitís decirlo “Alicia en el país de las maravillas” es una de mis pelis Disney favoritas, tengo unas ganas de que salga la versión de Tim Burton jeje)

Llegamos al momento que todas esperamos, siguiendo un poco la línea lo dejo para el final, nuestro adorado Fermín. Escena con María, qué dos sopapos le daba! Como se puede quedar ahí quieto como un pasmarote! Di algo!, detenla! Manda todo a la mierda como ya hiciste! Ah no, claro, que ahora no puede, los nazis son algo personal ¬¬ Que por cierto, donde estaba Fermín cuando se llevaron a María?? Todos lo sabemos en el parque jugando a disparar a los malos, digo jugando porque como siempre y era de esperar cuando tenía que disparar a Wulf, no le disparó, qué sorpresa! A ver Fermín nunca has sido capaz de disparar a nadie, que te hace pensar a ti y al viejo que te conoce bien que ahora vas a ser capaz?? disparar al coche no cuenta. Igualito que tu padre.

Siguiendo con la escena del parque, a mi me pareció que se podría haber hecho mejor, sí en el aspecto físico estaba muy bien montado todo y Fermín estaba muy sexy vestido de negro y con esa pedazo de arma (no soy experta en armas no sé de qué tipo es) Wulf sospechaba, esto…¿por qué? Ahora ando despistada y no sé por qué lo pudo saber, el caso es que no me sorprendió, ¿alguien se creyó de verdad que iban a terminar con Wulf así de fácil? Creo que no. Por cierto ya conocemos otra de las habilidades de nuestro chico, desactiva bombas (creo que nunca lo habíamos visto desactivando una bomba ¿no? Mi mente me juega malas pasadas) además con cachondeito y todo “cuál es tu color favorito?” desactivada a 2 segundos, como en las pelis de acción.
Que buen trabajo en equipo Fermín y Rebeca, nótese el sarcasmo, Rebeca no ha pintado nada en este capi. Por fin encuentran el ajedrez y de quién es esa sangre?? Al CSI para que la analicen! es lo que falta

La escena del principio la dejo para el final, como dirían por ahí ¡ay omá que rico! Tantas escenas en la duchas de la mini pandi y hemos tenido que esperar a la quinta temporada para una de nuestro chico, sin camiseta ya lo habíamos visto pero en la ducha…. Puff que caló! Buena escena para empezar el capi, aunque después salga y pase lo que pasó pero bueno solo la escena de la ducha no tiene precio.

Creo que no me queda nada más relevante que comentar, siento que haya sido tan largo y rollazo, pero acabo de terminar un mes lleno de exámenes y mi mente está rendida. ¡Gracias por pasar!

Y para terminar, como siempre, y por cortesía de Vampi,el vídeo con las escenas de Fermín en el capi de ayer. Que las disfrutéis. :)