Molly Sweeney: en primera persona (III)


No hay dos sin tres. Y la tercera fue Beatriz (Aurora), que el día 24 de enero tuvo la oportunidad de ver a Raúl en Molly Sweeney. Ella ha querido compartir su impresión con todos nosotros, y las administradoras del blog agradecemos muchísimo su elaborada crónica. No os la perdáis:

Al llegar a la calle Martínez Izquierdo habiendo torcido curiosamente a la derecha, uno se encuentra con La Guindalera y cree confundirla con un portal de una casa particular. De hecho enfrente, entre construcciones más modernas hay una, eso sí, abandonada y que parece resistirse al paso del tiempo, que daría lugar a miles de historias de cuento al igual que la obra que iba a ver representada. Allí entre símbolos de la comunidad, uno se encuentra con ese recoveco que cualquiera confundiría con una vecindad tragada por los muros que la hubiesen hecho suyos, con su pasillo lleno de artículos que más bien podrían llamarse recuerdos empapelados, hasta llegar a la puerta interior. Y cuando lo cruzas parece que te metes en otro mundo y has abandonado por un momento el Madrid fantasmagóricamente extraño, por solitario, de esa tarde de sábado en la que un taxi te traslada a velocidad de vértigo.

Reconozco que en mi primera entrada no me fijé detenidamente en el lugar, quizás porque me encontraba sin creerme que ese allí se hiciera realidad frente a mí, y como suele ser normal no tuviese nada que ver con lo que uno se imagina, y por el frío que arropaba involuntariamente mis huesos; y así preguntamos por nuestra reserva y la hora a la que se podía ir antes de que abrieran la sala, reconociendo la voz del muchacho que elegantemente me había atendido por teléfono.

Hablando de teatro yo no soy una gran entendida, pero debe ser como los sueños, lo es, como las caretas que perennes observan triste y alegre juntas de la mano, como estas dos emociones durante toda la vida, en este caso encima de una puerta, invitándote a observar su combinación una vez traspasas la sala y averiguar si esto te puede producir algo dentro de ti.

Al entrar lo primero que te pasa por la cabeza es la palabra chocante, cinco filas (quien dice cinco dice cuatro, seis...) eso sí, anchas pero en las que casi te das codo con codo con tu acompañante y observas con curiosidad como, con un detalle que dice mucho, esperan hasta que acoplan a una pareja en un lateral aunque la obra tenga que esperar. Y de pronto la negrura te envuelve, y ves a tres figuras desdibujadas colocarse cada una en una silla hasta que empieza el monólogo de una mujer. Y luego descubres a los otros actores acompañándola en su bestial interpretación y a Raúl lo miras como si no estuviese pasando, moviendo sus piernas nerviosamente y mascando ostentosamente con su mandíbula en su silla, hablando a toda pastilla y con su gran coletilla, traspasando con la mirada el silencio, y es que los sentimientos buscan un reposo en los ojos, y ellos lo saben y por eso aunque sea en pocas ocasiones se acercan a que seas partícipe de lo que sienten, como una vez en que se colocó delante de mí y durante varias frases no dejó de observarme, a escasos palmos, entre todos los demás, y comprendes que nunca vas a vivir algo así de nuevo. O como cuando bailas a través de sus pies, o agarras a Molly, o en su esfuerzo por hacerle ver una manzana, o cuando le lleva unas flores, o como cuando dicen que ella camina erguida y él derrotado simplemente de un modo precioso.

Y después les aplaudes a rabiar y él realiza un gesto con la mano señalando a la izquierda, probablemente agradeciendo el trabajo de alguien más. Al salir lo observas y le abordas y le cuentas de donde has venido, y te da las gracias por el detalle de la carta, y te explica cosas de Brian Friel y de como de difícil es para Molly su situación, y dice un “sí hombre” cuando le preguntas por una foto y te invita a un trago. Y mientras eres partícipe de su atención y de unos de los ojos otra vez más expresivos que la menda ha visto en su vida. Te despides de él y te marchas calle abajo, y te das cuenta de algo que hace que los sueños también son grises, como la vida, y no en color. Fue como un arranque de golpe, de todas aquellas horas de espera preparando un momento que la memoria olvidará, la voz, las imágenes, pero no los sentidos.

La próxima vez que vea a Carlos Almansa en la televisión será un actor y su esfuerzo para creérmelo, y para mí siempre será aquellos segundos. Y eso es con lo que uno se queda, con lo que permanezca en su interior, aunque sean pequeños granos de arena que después se desperdigan sin que tú lo quieras. Es la magia de la actuación y la de saber que durante unos mínimos minutos esa persona te dedicó una agradable conversación.

Gracias Raúl

11 comentarios:

Nicole dijo...

Que bonito, Aurora! Me ha encantado tu relato. Chica, que bien escribes. Me has transportado a esa sala de La Guindalera.

Raul parece majisimo. Es un encanto el hombre. Que pena que en la foto haya salido con los ojos cerrados, aunque salis muy bien los dos. :-)

Anónimo dijo...

Chica, nunca hemos hablado, no te conozco pero que sepas, que yo a ti te mato, me has hecho llorar!!!!!! Que pedazo de artículo, como escribes, me has emocionado tanto con esa descripción tan detallada de lo que sentias, que me has vuelto a transportar a la Guindalera y a esos pocos minutos que compartí con él.

Mi enhorabuena guapa!! estas tres locas del blog te tendrian que contratar como columnista ocasional o mejor asidua, que tia!


Luna

Anónimo dijo...

enhorabuena aurora por una entrada maravillosa,al leerte me han entrado aun más ganas de ir a ver la obra ,aunque ya es materialmente imposible :(
lo describes todo a la perfección, me ha gustado sobre todo el momento en el que lo tienes delante actuando (hasta yo estaba nerviosa al leerlo!)
pues eso lo dicho, que espero más articulos asi, y si vienen acompañadas de material fotográfico exclusivo mejr que mejor ( por cierto lo de este muchacho tiene mérito: aun saliendo con los ojos cerrados tiene morbo!!!)
"la extemeña!

parchis dijo...

Con los ojos cerrados, y poniéndose al teatro por peineta xd.

Muchísimas gracias Aurora, ya ves que tu crónica ha triunfado, nena.

Desde luego después de leerla, entran todavía más ganas de ver a Raúl actúar en La Guindalera, por esa intimidad que tiene el teatro, y de conocerlo en persona, por esa cercanía que describes.

chiqui dijo...

Aurora, la crónica es muuuy bonita, en serio. Porque más que contarnos lo que se ve sobre el escenario, que también, nos hablas más de tus sentimientos, que podrían ser los de cualquier de nosotras en esa situación.
Y consigues que lo vivamos como si fuese cosa nuestra. Muchas gracias. :)

La foto... cualquiera puede tener un mal día. :P
Yo le veo monísimo de todas formas.

Triza dijo...

¡Me encantan este tipo de crónicas! En primera persona se refiere al que lo escribe y, en mi caso, también al que lee porque yo lo vivo.
Muchas gracias Aurora. Me identifico hasta con el no darse cuenta de los ojos cerrados. A mí me hubiese pasado lo mismo y es que entre el aletargamiento ante tal situación y el exceso de babas que requiere el momento hubiesen dificultado el visionado de la foto XD En serio, con el despiste que llevo encima seguro que la cámara se habría quedado en casa (¡benditos los móviles con cutre-cámaras que te facilitan las cosas en momentos de máximo estrés!).

¡Mil gracias!

Escarlata dijo...

Ole Aurora nena, que callado te lo tenias xd vaya articulo.
Me encanta como nos trasmites tus emociones desde que llegas con tu nerviosimos hasta el visionado de la obra.
A mi me mira el Raul en el teatro y ya pueder ir al cielo tranquila.

Ana Maria dijo...

Felicidades Aurora, o merjor hermanita.
Que te voy a decir sobre lo que has escrito, pues que describes las cosas de una forma muy especial y que gracias a tus palabras todos nos hacemos una idea fantástica de como vives algunos momentos de tú vida.
Yo que he tenido el privilegio de poder leer muchos relatos tuyos te felicito de nuevo y deseo que pronto tengas algún acontecimiento importante para que lo compartas con todos nosotros. Besos.
La foto está muy bien estais muy guapos.

fan_maxence dijo...

Holaa
Bueno me vuelvo a pasar por aquí.
El articulo especialmente bueno auque todos son excelentes.
Joo que suerte tiene la chica de la foto de posar con Raúl, aun que tenga los ojos cerrados esta igualmente guapo jejeje

Un besazo

Att: fan de maxence

Lau dijo...

Aurora, hija, que envidiaaaaaaaaaaa xd.

Me ha encantado tu cronica, sobretodo como describes lo que sentistes cuando vistes el teatro, y bueno que decir de Raul si ya lo hemos dicho todo.

Anónimo dijo...

Yo también vi la obra de Molly Sweeney el día 24 de Enero. Estuve muy cerca de Aurora y fui testigo de todo cuanto aconteció esa tarde-noche.
Hoy sólo quiero expresar una cosa:Para describir, de la forma que lo haces, el acontecer de aquellas horas, se necesita una sensibilidad muy especial y una categoría humana muy grande.
Los que no te conocen o no están cerca de tí, no saben lo que se pierden.
Muchas gracias, Cuquita.
Una amiga.