Molly Sweeney encandila a la crítica

El mes de diciembre se fue rebosando buenas críticas para Molly Sweeney, la obra teatral en la que Raúl Fernández se encuentra inmerso actualmente. Y es que no sólo la crónica de Ana y la crónica de Carol, habituales del blog que tuvieron la oportunidad de asistir a una de sus representaciones, estuvieron plagadas de elogios para el montaje teatral, sino que los profesionales se deshacen en halagos para la obra, para la dirección y para sus protagonistas.

Un ejemplo de ello es la interesante crítica que Gordon Craig publicaba el 16 de diciembre en el medio digital Soitu.es que os dejamos a continuación:

TEATRO. Molly Sweeney. "La identidad fracturada".


Cuán lejos está Molly del protagonista de En la ardiente oscuridad de Buero Vallejo. Y es que a diferencia de Ignacio, que no se resigna a aceptar su ceguera porque la considera una tara física, Molly Sweeney, invidente como él, parece haber asumido sin reservas esa condición y se ha construido un universo pleno, una identidad diferenciada, autónoma, que la permite ser perfectamente feliz. Así se nos muestra desde la obertura de la pieza, jubilosa, segura de sí misma y llena de entusiasmo y energía en la rememoración de su infancia y aprendizaje al lado de su padre en un impresionante monólogo que constituye toda una celebración de la vida y de la naturaleza.

El conflicto, empero, surge cuando irrumpen en su vida Frank, con el que se casará de inmediato, y el doctor Rice, otrora famoso cirujano que ha venido a establecer su consulta en el perdido pueblecito que ha visto crecer a la dulce Molly, y que se empeña, para satisfacer su -como él dice- “insana fantasía de médico”, en operar a la joven. Porque ¿por qué tendría ella que operarse? ¿No había interiorizado plenamente la realidad a través de sus otros sentidos y se había fabricado un mundo a su medida en el que cada cosa estaba en su lugar? ¿Es sólo condescendencia con los deseos de su marido, o acaso sueña, como Ignacio, con el hermoso espectáculo de la luz de un cielo estrellado, con abrir una nueva puerta al misterio de la naturaleza?

La obra no proporciona respuestas a todas estas preguntas aunque nos permite acceder al complicado proceso de toma de decisión de Molly y conjeturar la titánica lucha interior de la protagonista antes de ceder a las sugerencias de Frank y del doctor Rice para que se someta a la operación. ¡Qué espléndida manifestación de su rebeldía la virulencia y el frenesí con los que se entrega a la danza tradicional irlandesa en la fiesta que se organiza en su honor la noche antes de ser internada en la clínica! Y nos permite, también, vislumbrar la alegría momentánea, efímera, de su ingreso en el mundo de la luz y de las formas, y las primeras dificultades para atribuir un sentido a las imágenes que la inundan, que la aturden; y la frustración, después; y el pavor del exilio de su universo anterior y la desolación por la nostalgia, ... y la locura de una identidad fracturada.

Para relatar esta historia Brian Friel se sirve de una hábil traslación al teatro del estilo indirecto narrativo y lleva hasta sus últimas consecuencias la técnica perspectivista. Consigue así, desde esa multiplicidad de puntos de vista, enriquecer la percepción que los espectadores tenemos de los personajes y del conflicto, a la vez que provoca un raro efecto de extrañamiento que convierte la recepción en una suerte de proceso analítico sumamente estimulante. Se trata de un juego muy sutil al que el director los actores han sabido sacar todo su partido, o sea, todo su potencial dramático. El director, porque sin su talento para descubrir las líneas de fuerza de este texto complejo y deslumbrante y su rara morfología el montaje no habría sido viable. Los actores por su sensibilidad para captar y transmitir su atmósfera íntima y familiar, sus pizcas de humor, su fina ironía y su elevado vuelo poético, además de encarnar, naturalmente, cada uno de ellos a caracteres funcional y temperamentalmente muy diferentes.


Y no hay reservas en la valoración de estos tres consumados intérpretes, sólo admiración y gratitud porque su trabajo es espléndido, sobre todo el de la protagonista, María Pastor, en un papel que parece hecho a su medida. Ya hemos dado cuenta en párrafos precedentes de algunos momentos particularmente brillantes de su actuación, pero su trabajo no se agota en ellos sino que ilumina, en cada escena, con la modulación de su voz, con sus manos prodigiosas, con los imperceptibles cambios de su respiración anhelante o sosegada, cada uno de los rincones de la mente lúcida y perspicaz y del corazón noble y generoso de Molly Sweeney. Raúl Fernández compone a un pintoresco, vital y entrañable Frank, aturullado, vehemente, parece tener averiado el mecanismo de orientación de su sentido práctico, porque se embarca en inverosímiles aventuras destinadas al fracaso, entre ellas, su bienintencionado empeño en que Molly recobre la visión. José Maya encarna a las mil maravillas al doctor Rice, una vieja gloria de la medicina ahora venido a menos; es un tipo correcto y atildado que vive vuelto al pasado, aferrado a la nostalgia y aceptando a duras penas su derrota; le obsesiona la idea de redimirse de su fracaso, para lo que no dudará en utilizar a Molly.

Fuente


Y pongo otro ejemplo. Aún a riesgo de hacer esta entrada prácticamente interminable (creo que con ésta bato record), no me resisto a dejar un pequeño extracto de la crítica que Rafael González Tejel realizaba en la guía de ocio lacallemayor.net el día 26 de diciembre, en el que habla de las interpretaciones de los tres actores.


Cuando se descubren las consecuencias que la operación ha dejado en Molly la obra no desfallece. Ya está completamente solidificada, lista para exprimir todo su significado, para dejar volar el lirismo que impregna cada uno de los monólogos, tajadas de textos que se dicen y se sienten por actores, los tres, de oficio. Esa es la palabra. Cada uno se aventura por los derroteros técnicos que exige la compleja personalidad de su personaje. María Pastor se lleva la mejor parte con una interpretación magnética. Es una Molly que exterioriza todo lo que le pasa por dentro. Necesita hacerlo ante la convulsión provocada por un amor fulminante, el proceso preoperatorio y su desenlace. Raúl Fernández
lleva a Frank al otro lado del escenario, joven atolondrado que no ha hallado el sitio que le corresponde, lleno de tantas buenas intenciones como temeroso de asumir responsabilidades. La seriedad la pone el doctor Rice, otro rol afilado el construido por Fiel y trabajado con solvencia por José Maya. Una terna que ilumina al arrebatador personaje central y que constata que el éxito, como concluye el actor José Sancho en las memorias que acaba de publicar, ‘Bambalinas de cartón’, se mide por lo a gusto que uno está con su vida y no por lo lejos que haya llegado.

Fuente

Crítica y público coinciden, Molly Sweeney engrandece el género teatral. Y lo mejor es que aún se puede disfrutar de ella durante unos pocos días más; hasta el 6 de enero está en cartel en la sala de teatro de La Guindalera.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Tranquila parchis, no importa que quede largo si lo que hay que leer son estas magnificas críticas. Si los críticos y el público son unánimes en su decisión, no pueden estar equivocados, la obra es magnifica en todos los aspectos y las interpretaciones, que más decir que no se haya dicho ya. Es curioso esta unanimidad no suele pasar en el cine.
Después de lo que La Guindalera nos ha ofrecido con ésta obra, estoy deseando saber cuál será la próxima y sobretodo si Raúl saldrá en ella :)

Luna

chiqui dijo...

Reconozco que es un post sólo apto para Raulistas, pero hija, yo disfruto como una enana leyendo ésas críticas.

Y espera que esto va a peor. Antes la idea central era ir a ver a Raúl en el teatro. Pero es que ahora me mata la curiosidad por ver también a María Pastor, porque la tía se ve que tiene una fuerza y un ángel que no veas.

Como dice luna, a ver si para este año... :P

parchis dijo...

Lo sé, lo sé, chicas, cuesta leerlo si no tienes demasiado interés en el tema, pero es interesante recoger lo que la crítica dice de la obra, para que se note que no somos cuatro locas las que la alabamos porque sale un actor que nos gusta. (Yo ya sé que tú lo sabes chiqui, que te curras un montón lo de buscar críticas XD)

A mí me pasa lo mismo con María Pastor. Confío en que Raúl lo hace genial, porque lo veo en El internado y sé que es un gran actor. Pero es que leo lo que la crítica dice de María Pastor, no sólo en Molly Sweeney, en cualquiera de las anteriores obras, y me muero de ganas por ver a esa mujer en acción.

Chrono dijo...

Hola!
he visto este blogg, en alguna parte, ahora mismo no me acuerdo, creo que lo vi en un fotolog...
y me gusta muchissimo! Raul es uno de los actores que mas me gustan, y me hice un fotolog de el =P

me gusta mucho tu blog esta muy bien hecho y currado^^
la información es muy buena
weno me pasaba
cuidate!


por cierto me llamo sandra

Marta Torné Blog no oficial. dijo...

Forna os ha afiliado a la webforo ;)

chiqui dijo...

Pero si te lo dije hace días Jess. XDDD
¡Estás en las nubes!

Chrono, bienvenida. Siempre es una alegría leer un comentario, pero si es de alguien que ha llegado hasta aquí sin conocernos de nada, pues aún más, porque normalmente siempre nos vemos las mismas. :P

Así que nada, esperamos verte mucho por aquí.

Carmen dijo...

Parchis... no cuesta leer nada siempre y cuando sea interesante... y que mas interesante que esto? :)

parchis dijo...

Chrono, bienvenida. Es estupendo que la gente que nos lee, o que llega hasta aquí, se tome la molestia de hacernos una comentario, y más si es tan positivo. Muchas gracias.

Carmen, nena, que ya sé que a tí esto no te cuesta leerlo nada de nada. Faltaría más. :P

mariloli dijo...

Raúl está fantástico en esta obra... molly sweeney, os recomiendo a todos que vayais, y lo mejor, lo mejor es que después de la obra se puede hablar con los actores, y sí... hablar con fermín... qué emocionante fue... nos hicimos una foto con él...

eso sí, en persona es mucho mas guapo que en la serie

el teatro se llama guindalera os recomiendo que vayáis, (y que os pongáis en el lado derecho de las butacas, para estar más cerca de él...)